LA BELLEZA EN LOS ESCRITOS DE SANTA GERTRUDIS (III)

Gertrudis aconsejando al prójimo[1], grabado publicado en el libro “Vida de Santa Gertrudis Virgen”, autor anónimo, Apostolado de la Prensa, Madrid, 1913.

 

Bernard Sawicki, OSB[2]

Las plantas invitan al cuidado[3], son el espacio natural de interacción. Así, implican, piden una presencia activa y transformativa. De este modo la relación con la realidad simbólica puede recibir nuevas dimensiones. Los varios significados, sus relaciones recíprocas se transforman en un ambiente de implicación. Aquí estamos dentro del “entre”. Los misterios de la vida espiritual se vuelven más cercanos y tangibles, alimentando la imaginación para una implicación aún mayor:

Gertrudis vio un hermoso árbol que estaba ante el trono de la gloria de la Majestad divina. Su tronco y sus ramas eran robustos y sus hojas brillaban como el oro. La persona por la que ella rogaba subía a dicho árbol y con una herramienta cortaba las ramas que comenzaban a secarse. A medida que las podaba, aparecían nuevas ramas verdes que debían tomar el lugar de las cortadas. Apenas injertada una nueva rama, se hacía robusta y parecía producir un fruto rojo, que esta persona tomaba para ofrecérselo al Señor, y con ello experimentaba un maravilloso deleite.

El árbol significaba la vida religiosa que esta persona había abrazado para servir a Dios: las hojas de oro significaban las buenas obras que realizaba en la vida religiosa. Por el mérito de sus padres, que la habían llevado al monasterio y encomendado a Dios, sus obras tenían mayor valor que las de las demás, como el oro supera a los demás metales. El instrumento con la que podaba las ramas que comenzaban a secarse significaba la consideración atenta de sus propios defectos, que, una vez reconocidos, extirpaba con digna penitencia. El nuevo follaje que debía sustituir las ramas podadas, significaba la perfección de la vida santísima de nuestro Señor Jesucristo, que, por los méritos de sus padres, era siempre ofrecida para reparar sus faltas. Finalmente, el fruto que tomaba para ofrecérselo al Señor significaba la buena voluntad que esta persona siempre ponía para corregir sus defectos, en la que el Señor se complacía en gran manera, pues era sincera. En efecto, el Señor acepta mejor la buena voluntad de un corazón sincero que grandes obras realizadas sin recta intención[4].

La multitud de flores significaa las imágenes; y los símbolos acumulados e intensificados indican la realidad más bella y más rica de su significado. En cierto modo la naturaleza misma viene superada, llegando a ser una metáfora continua y conmovedora:

Contempló en espíritu al santo fundador que estaba de pie, lleno de majestad, en presencia de la radiante y siempre serena Trinidad. A cada movimiento de sus miembros se veía germinar, como por encanto, hermosísimas rosas de deliciosa fragancia. Se pude decir que cada uno de sus miembros producía como un frondoso rosal, ya que del centro de cada rosa brotaba otra, y de ésta, otra más. Así de una misma rosa brotaban muchas otras, y cada una superaba a al anterior en hermosura, frescura, vigor y por la suavidad de su perfume. Así florido y lleno de gracia el santísimo Padre, verdaderamente bendito por la virtud de su nombre, brindaba delicias incomparables a la santísima Trinidad y a todo el ejército celestial, que lo felicitaba por la inmensa gloria de que gozaba[5].

En los escritos de santa Gertrudis las plantas se vuelven el modo más delicado y gracioso para llenar y animar el espacio “entre” la santa y su Esposo. Estas garantizan la conexión sutil y eficaz que penetra todo el espacio, pero garantizan también el respeto por la distancia. Aquí intimidad y encanto se entrecruzan y colaboran, aportando a la relación mística amorosa una dimensión de claridad que no le quita nada al misterio:

Cuando finalmente Gertrudis se recogió para descansar en el lecho, el Señor le dice con amable bondad: “Quien se ha fatigado practicando las obras de caridad, tiene derecho a reposar en el lecho del amor”. Dicho esto, la abrazó, haciéndola reposar sobre su Corazón, como en un delicioso lecho nupcial de la caridad. Entonces Gertrudis vio salir de las más hondas profundidades del corazón divino, el árbol de brillantes como el oro. Este árbol, extendiendo sus ramas, cubría el lecho donde la santa reposaba, con el perfume de sus flores y el sabor exquisito de sus deliciosos frutos. De sus raíces brotaba una fuente purísima que procuraba a Gertrudis un refrigerio celestial. Gertrudis comprendió que aquel manantial simbolizaba la dulzura de la suprema Divinidad, cuya plenitud reside corporalmente en la santa humanidad de Jesucristo (Col 2,9) y cuya incomprensible dulzura alegra a los elegidos[6].

Algunas imágenes pueden parecer exageradas y fantásticas; parecen relacionar cosas imposibles de juntar. En estos casos la reacción del lector no siempre puede ser positiva, sino cuanto menos, de desconcierto. Pero estos son los pasajes más audaces para la síntesis, que recorren el espacio del “entre” con mucha insistencia en el modo de conectarse:

Mientras intentaba obtener del Señor por medio de oraciones especiales los siete dones del Espíritu Santo, y ante todo el santo temor, que aleja del mal, Jesús parecía plantar en su alma un árbol hermoso, cuyas ramas extendidas parecían cubrir toda la celdilla de su corazón. Este árbol tenía espinas curvas de las que brotaban hermosísimas flores erguidas hacia el cielo. Por el árbol entendió significarse el santo temor de Dios que, traspasa el alma como con punzantes aguijones para retraerla del mal. Las flores, en cambio, representaban la voluntad que hace desear al alma resistir cualquier influencia mala para no incurrir en pecado. El árbol del temor de Dios crece, en efecto, cuando el hombre huye del mal y busca hacer el bien[7].

Como vemos en estos ejemplos, el árbol es la planta más privilegiada y cargada de fuerza simbólica. En varias culturas, por su misma naturaleza, servía como figura de paso y de enlace. Lo aprovecha también abundantemente la santa, insertándolo en el amplio y bello contexto de los pasajes que unen armoniosamente el cielo y la tierra:

Cuando luego Gertrudis pidió devotamente al Señor los demás dones del Espíritu Santo, cada uno de ellos apareció en la forma de un bello árbol, recubierto de flores y produciendo sus frutos propios. Los árboles de la ciencia y de la piedad parecían destilar un rocío dulcísimo, porque los que se empeñan en practicar estas virtudes son refrescados con un rocío del cielo que los hace florecer y germinar. De los árboles del consejo y de la fortaleza parecían pender como unos lazos de oro, para mostrar que el alma es atraída a las cosas espirituales por el consejo y la fuerza del Espíritu Santo. Finalmente, de los árboles de la sabiduría y de la inteligencia manaban como unos riachuelos de néctar, para significar el alma recibe el sabor de las cosas divinas mediante el espíritu de sabiduría y entendimiento[8].

Entonces pareció que el Señor abría su divino Corazón con sus dos manos y lo aplicaba con amor inefable al corazón de Gertrudis, desplegado igualmente frente a Él. Entonces del ardentísimo horno del Corazón de Jesús, irrumpió una llama del amor divino, que abrasó totalmente el de la santa, que parecía derretirse por completo y escurrirse en el corazón divino. Entonces, de esos dos corazones tan felizmente unidos, floreció un árbol de maravillosa hermosura. De su tronco parecían brotar dos ramas, una de oro y la otra de plata, que se entrelazaban admirablemente como los sarmientos de la vid y se elevaban hacia lo alto. Sus hojas brillaban como iluminadas por los rayos del sol: su esplendor glorificaba a la radiante y siempre serena Trinidad, ofreciendo delicias inefables a toda la corte celestial.

Entonces el Señor dijo a Gertrudis: “Este árbol ha brotado de la unión de tu voluntad con mi divina voluntad”. La rama de oro significa la divinidad, la de plata al alma unida al Señor. Mientras ella oraba por las personas que se le habían encomendado, le pareció que el citado árbol producía frutos especiales, madurados por la llama del amor divino. Estos frutos se inclinaban espontáneamente hacia aquellos por los que Gertrudis rezaba, de modo que ellos podían tomarlos con devoción y extraer de ellos gran provecho para su salvación eterna[9].

Es muy significativo que las imágenes botánicas sean las más numerosas entre las usadas por santa Gertrudis. Probablemente en su vida, totalmente vivida en la clausura, este aspecto de la naturaleza era el más conocido y el más impresionante. Asombra la delicadeza y un cierto rasgo poético con el que Gertrudis ve y describe las plantas. Estas le parecen, ya por su aspecto natural, una epifanía de la belleza y de la gloria de su Creador.

Continuará

 


[1] El grabado ilustra los siguientes textos del Legatus Divinae Pietatis: “Brillaba en ella de modo especial la virtud de la discreción. Sobresalía en el conocimiento del sentido y las palabras de las Escrituras; muchos venían a buscar en ella consejo y ella respondía al instante a las más diversas cuestiones con tal prudencia que sus oyentes quedaban admirados” (L I, XI,13). “Esto queda bien confirmado por el testimonio de la Hna. Cantora M., de dulce memoria, a la que mientras oraba, se le mostró el corazón de ésta [Gertrudis], como un puente solidísimo, protegido en un extremo por la humanidad de Cristo y en el otro por su divinidad a manera de muros. Escuchó al Señor que le decía: ‘Los que se esfuerzan por venir a mí a través de este puente, no podrán nunca caer ni desviarse’; esto es: el que reciba las palabras de ésta y obedezca con humildad a sus consejos no se desviará jamás”. (L I 4,6)

[2] Bernard Sawicki, osb, es monje de la Abadía benedictina de Tyniec (Cracovia) en Polonia, se graduó en teoría de la música y piano. Es doctor en teología. Fue abad de Tyniec entre los años 2005 y 2013. Desde 2014 es Coordinador del Instituto Monástico de la Facultad de Teología del Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma.

[3] Continuamos con la publicación de la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[4] Legatus, LXXIII,11.

[5] Legatus, IV,11,1.

[6] Legatus, IV,35,4.

[7] Legatus, IV,38,4.

[8] Legatus, IV,38,4.

[9] Legatus, V,27,7-8.