¿CUÁL ES LA MAYOR EXIGENCIA PARA QUIEN DESEA HACERSE MONJA O MONJE?

En una sociedad en la que la verdad a medias, muchas veces se confunde con la mentira a medias. En una cultura en la que la mujer y el hombre celosos de su intimidad y no sin desconfianza, se abren lentamente guardando en su interior siempre algo más, las monjas y los monjes asumiendo las reglas del juego, quieren ser humildes realizando la verdad en el amor.

Desde hace siglos recurren al remedio de la apertura de corazón. Buscan abrirse de corazón y desde la verdad, con personas maduradas en la sabiduría de Dios. Mujeres y hombres que con la mirada penetrante del espíritu, los ayuden a desentrañar, calando hondo, esa telaraña fruto del pecado, que les impide conocerse y conocer el amor que Dios les tiene.

Este trabajo espiritual arduo y prolongado, que exige deseo sincero y humilde en dejarse ayudar, posibilitará a las monjas y a los monjes, y no sólo a ellas y ellos, crecer en la confianza y liberarse para el amor.

¿Qué hacen las monjas y los monjes en el monasterio?

Las monjas y los monjes, bajo el alero de Dios, con mirada penetrante y elocuente, contemplan los horizontes de Dios y de los seres humanos, buscando interpretar proféticamente los signos de los tiempos.

Día tras día, con tranquilidad y sin apuros, van gustando la palabra de nuestro Dios. De esa infusión de vida, que como una hierba curativa, remedia la deshidratación ocasionada por el calor de las pasiones, les estimula a recorrer la vida escuchando la palabra, soñando siempre con la tierra prometida.

Las monjas y los monjes son personas de un solo libro: la Biblia. De ella extraen la sabiduría en el Espíritu, que brota y desborda de sus páginas. En ella encuentran una fecundidad que les otorga una misteriosa maternidad o paternidad espiritual. La Palabra les ha engendrado y reconocido, y ahora mediante la palabra de Dios, son capaces de engendrar y de dar vida en el Espíritu de Cristo.

¿Qué es lo específico de la vocación monástica?

Consagrarse prioritariamente al ministerio de la oración y de la contemplación.

Enraizados en la tierra de los seres humanos, que por María se ha transformado en tierra de Dios, buscan más allá del horizonte de la clausura un lote que no es de propiedad privada. El lote de la vida en Cristo y con Cristo en Dios, que es tierra de promesa para toda la humanidad.

Así, estimulados por la palabra de Dios y reanimados por ella como hierba espiritual, se integran en amistosa rueda, distantes pero cercanos con los todos los seres humanos, sus hermanas y hermanos, para poder con ellas y con ellos comulgar en Dios.