DÉCIMA ASAMBLEA GENERAL DE LA CONFERENCIA DE COMUNIDADES MONÁSTICAS DEL CONO SUR

 En el marco simple, atrayente y cordialmente fraterno que nos ofreció el monasterio de Ntra. Sra. de la Esperanza, de monjas benedictinas, en Rafaela, provincia de Santa Fe, se desarrolló desde el 14 al 18 de abril de este año (1986), la Xº Asamblea General de la Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur, cuya sigla desde ahora es SURCO.

 
Cinco días muy plenos de confraternidad sincera, alegre, espontánea, entre los representantes de las 21 comunidades benedictinas y trapenses radicadas en los cuatro países del Cono Sur: Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Invitado especial a la reunión fue el P. André Louf, abad del monasterio trapense de Mont-des-Cats, al norte de Francia, muy respetado en el mundo monástico y vastamente conocido y apreciado por sus obras de espiritualidad. Me atrevo a decir que con su sabiduría monástica, honda vivencia y profunda calidez humana, su presencia fue decisiva en el desarrollo y en el fruto del encuentro. Nos dio tres conferencias, que se publican en este mismo número de CUADERNOS MONÁSTICOS, seguidas de debates en grupos y de plenarios que él mismo moderó. Leyó las conferencias en un castellano correctísimo, con fluidez y comunicativa expresión, pero en los grupos y plenarios prefirió conversar en francés, con traducción simultánea.
 
La Asamblea comenzó el lunes 14 a las 10.30 con una concelebración eucarística presidida por el presidente de la Conferencia, P. Abad Martín de Elizalde y de la que participaron todos los presentes. Después del canto de la hora de Sexta, nos reunimos en el almuerzo. La alegría de encontrarnos era grande así como la expectativa por el denso programa que nos esperaba. Por la tarde, después del canto de Nona tuvimos la sesión de apertura en la que el Presidente leyó un breve informe de lo realizado en el periodo que expiraba y anticipó los temas a tratar por la Asamblea, cuya tarea principal sería intentar un balance de estos veinte años de la Conferencia, creada en 1966, y coincidentes por lo tanto con los veinte años transcurridos desde el Concilio.
 
 
Para esta mirada retrospectiva contamos con la colaboración y guía del P. Mauro Matthei, de San Benito de Llíu-Lliu y del Hno. Marcelo Rojas, de la Abadía de San Benito de Luján. 
 
El primero, asiduo colaborador de esta revista, presentó un esbozo de la historia de la Conferencia de Comunidades Monásticas del Cono Sur, que había elaborado para esta Asamblea, por encargo de la Comisión Directiva. Un primer capítulo titulado “Preliminares”, recordó los acercamientos que hubo entre algunos monasterios, ya antes del Vaticano II. En el segundo y más largo capítulo “El Concilio Vaticano II y las Reuniones Monásticas del Cono Sur” analizó las nueve reuniones o asambleas de la Conferencia a partir de la primera en 1966. En un tercer capítulo se refirió a la revista CUADERNOS MONÁSTICOS como fruto más reconocido de la Conferencia. Seguían después algunas consideraciones acerca de los cursillos de formación para novicios y novicias, acerca de los invitados especiales de la Conferencia en estos años, acerca de la recientemente formada “región andina” como parte integrante de la Conferencia, y finalmente se refirió a la publicación de la serie “Padres cistercienses”.
 
El Hno. Marcelo Rojas, presentó un detallado estudio sobre la evolución doctrinal en las Asambleas de la Conferencia desde la primera en el monasterio de Los Toldos, en 1966, hasta la novena realizada en 1983 en el monasterio de Santa Escolástica en Victoria (B). El tema, muy bien estudiado, a partir de las respectivas actas y crónicas, interesó vivamente, tanto a los protagonistas, que estaban muchos de ellos presentes también en esta Asamblea, como a los más recientes participantes, provenientes de las fundaciones nuevas, que se han ido agregando a la Conferencia. En este mismo número se presenta un resumen de este interesante trabajo, y cuidadosamente hecho.
 
Un tercer instrumento que se nos ofreció para esta evaluación fue una encuesta elaborada por la hermana Elena María Sarsotti, del monasterio Gaudium Mariae, a pedido de la Comisión Directiva, sobre la aplicación del Concilio en las comunidades del Cono Sur. Las conclusiones así como el resumen del panel que se tuvo a continuación se publican en este mismo número.
 
Paralelamente a toda esta actividad, llamémosla de estudio y reflexión, se trataron muchos asuntos de orden institucional. Se eligió nueva Comisión Directiva, siendo reelegido para Presidente, el P. Abad Martín de Elizalde, y elegida para Vice-presidenta la M. María Isabel Arias, Priora del Monasterio de la Asunción, en Rengo, Chile, una fundación de monjas, de la Abadía de San Pelayo, de Oviedo, España, que hace ya tres años florece con buenas vocaciones chilenas. Fue nombrado Secretario general el P. Benito Veronesi, del Monasterio del Siambón.
 
A propósito de los monasterios chilenos, que son cinco, tres benedictinos y dos trapenses, es interesante mencionar la creación dentro de la Conferencia, de un área llamada Región andina, cuya finalidad es obviar la real dificultad que representa la Cordillera para las comunicaciones y facilitar así los encuentros intermonasteriales en los años que median entre una y otra Asamblea General. El ensayo hecho ha dado muy buenos frutos hasta el presente.
 
Se trató otro tema que pensamos interesa particularmente a nuestros lectores: los CUADERNOS MONÁSTICOS. Se constató con real satisfacción que la revista es uno de los frutos logrados por la Conferencia, y que como ésta lleva ya veinte años de vida. Se hizo una evaluación, se recogieron sugerencias para mejorar su contenido, su presentación y también para estabilizar su economía y agilizar el cobro de las suscripciones, que como ustedes comprenden es fundamental para el equilibro del presupuesto, y, como pueden imaginarse, causa bastantes zozobras a los responsables que han de ejercitar continuamente su confianza en la Providencia. La M. Cándida María Cymbalista cesó en el cargo de Directora, que por dieciséis años venía desempeñando con tanta eficiencia y dedicación, y en su lugar fue nombrado por tres años –hasta la próxima Asamblea– el P. Eduardo Gowland, del monasterio trapense de Nuestra Señora de los Ángeles, en Azul. También fue renovado el Consejo de Redacción, tal como figura en la contratapa actual. En la Secretaría y Administración no hubo cambios.
 
De los demás temas tratados, me parece interesante mencionar los cursos intermonasteriales de formación para los novicios y las novicias, que ya se han venido realizando con éxito en estos últimos años y con los que es deseo unánime continuar, y la organización de encuentros o cursillos u otras formas de contribución a la formación permanente de monjes y monjas.
 
Al finalizar la Asamblea se hizo una evaluación de la misma que puso de manifiesto la satisfacción general por la forma cómo se había desarrollado, por el programa cumplido, y los resultados ya obtenidos y los que se preveían claramente para el futuro.
 
Agradecimos cordialmente al P. Abad André Louf su presencia, su palabra, sabia y fraterna en las conferencias, en los encuentros, en los plenarios. La comunidad que nos hospedaba mereció todo nuestro elogio y gratitud por su incansable disponibilidad, su generosa hospitalidad, y su presencia infaltable en todos los actos litúrgicos, en las reuniones y en los momentos de esparcimiento.
 
Nos despedimos el viernes 18 por la tarde, con el deseo de que, alentados por los resultados positivos obtenidos en estos veinte años transcurridos, en los que, por cierto, no fueron pocos los obstáculos que hubo que sortear, la Conferencia siga dando los frutos de paz y de unión de corazones que deben caracterizar a los hijos y discípulos de san Benito.
 
Paula Debussy, osb
 
Crónica publicada en Cuadernos Monásticos n. 77 (1986), pp. 157-162