LA “DIVINA PIETAS” EN GERTRUDIS DE HELFTA. UN ESTUDIO SOBRE TEXTOS (II)

Conversión de santa Gertrudis[1]. Grabado publicado en el libro “Vida de Santa Gertrudis Virgen”, autor anónimo, Apostolado de la Prensa, Madrid, 1913.

 

Giuseppe Como[2]

2. Pietas como imagen materna

Uno de los pasajes más significativos para valorar la intercambiabilidad pero también la especificidad de las muchas formas bajo las cuales se manifiesta el rostro de Dios es el Ejercicio VII. En particular el pasaje de Excertitia VII,423-501 presenta un himno a la divina pietas: es la oración de las Vísperas, en la cual el alma creyente es invitada a encontrar amor et pietas con el fin de “aplacar a Dios”: “O dulcis Dei pietas, o chara Dei liberalitas…”  (431)[3]; “O pietas, o pietas…” (439); “O pietas, o pietas…” (461); “O pietas, o pietas…” (469); “O pietas, o bonitas, o dulcis Dei liberalitas…” (479)[4].

En el desarrollo del Ejercicio VII (de “reparación por los pecados y preparación la muerte”) en Maitines se aplaca al Padre con misericordia et amor; a la ora de Prima se mantiene un coloquio con amor et veritas; a la hora de Tercia se pone en la presencia de pax et amor; a la hora de Sexta se tendrá un coloquio con sapientia et amor; a la hora de Nona se entretendrá con amor et dilectio; finalmente en Completas se hará un coloquio con amor et perseverantia. Parece poder decirse que  todos estos son rostros del amor, declinaciones del único Amor divino, expresiones casi equivalentes, que juntas, a su modo, caracterizan de la multiforme manifestación del amor. En particular, la pietas subraya la protección materna del pecador -de lo contrario expuesto a toda intemperie espiritual-, la tierna seguridad del vientre que acoge y ofrece refugio a quien está atribulado, el seguro consejo que orienta a quien se ha perdido, el cuidado materno que educa (educante, 475) y que nutre (nutriente, idem) . Quizás la imagen más eficaz de la pietas divina es simplemente la de una madre que abraza a su bebé.

 

3. La Pietas como misericordia que perdona y cura

En las últimas líneas del Ejercicio VI y al inicio del Ejercicio VII, el término pietas aparece dos veces; en el primer caso, podría ser un breve listado de características divinas prácticamente equivalentes: cuando Gertrudis haya atravesado la brecha de la muerte, pide que el Señor se le aparezca “in tua charitate, pietate et misericordia” (en tu caridad, piedad y misericordia). En el segundo caso, sin embargo, el significado de pietas aparece más caracterizado: llegada, al término del viaje terreno, al corazón de la Trinidad, Gertrudis está segura de que allí todos sus pecados serán “in pietate remissa” (perdonados por la piedad) y todas sus culpas “charitate tua inestimablili coperta” (cubiertas por tu inestimable caridad)[5]; aquí pietas tiene un sentido muy próximo a misericordia, en referencia explícita a la remisión de los pecados. Este significado es retomado al inicio del Ejercicio VII: tu piedad, pide Gertrudis, “te mueva a vencer nuestros males con el perdón”[6]; y poco después: “o dulcis Dei misericordia, plena pietate et clementia (oh dulce misericordia de Dios, con toda piedad y clemencia), mira que yo, miserable, en el dolor y la angustia de mi corazón (…)”[7]; y todavía un poco más adelante: “pero según tu naturaleza, pie, pie me cura (oh dulce, dulce Jesús, cúrame)”[8].

La pietas conoce por lo tanto esta declinación que la asocia a la remisión de los pecados, al perdón, a la clemencia divina, al cuidado piadoso que cura y sana. En esta línea, Jesús aparece como “pius advocatus et responsalis” (dulce abogado y defensor)[9].

El vínculo entre la pietas divina y la misericordia, en cuanto esta beneficia a creaturas indignas y pecadoras, vuelve también en el parágrafo 2 del capítulo 19 del Legatus, que constituye una pequeña perla de la espiritualidad gertrudiana: aquí aparece la intuición de que cada creyente debería acercarse al Santísimo Sacramento con un deseo tal de la comunión con el Señor, que llegar a desafiar el riesgo de comer la propia condena, preocupado solo de que la divina pietas aparezca tanto más radiante por el hecho de no haber rechazado donarse a una creatura tan indigna. A la objeción de Gertrudis según la cual hace bien que se abstiene de la eucaristía por temor de ser irreverente hacia este sacramento, Jesús responde que es imposible que quien comulga con esa intención sea considerado irreverente. Una afirmación de una actualidad sorprendente.

Continuará


[1] El grabado se refiere al siguiente texto del Legatus Divinae Pietatis: “Convertida de gramática en teóloga (Gertrudis), rumiaba infatigablemente todos los libros de las páginas sagradas que tenía o podía encontrar. Llenaba con gran ahínco y en cuanto le era posible hasta el máximo, el canastillo de su corazón, con las palabras más útiles y deleitables de la Sagrada Escritura, de manera que enseguida le venía oportuna la palabra divina, llena de edificación. A todos los que acudían a ella les  respondía de manera apropiada a sus necesidades, y dilucidaba cualquier error con argumentos del texto sagrado tan convincentes, que nadie era capaz de refutarlos. No se saciaba de buscar la admirable dulzura y tiernísimo deleite de la contemplación divina y el estudio de la Sagrada Escritura era para ella como panal de miel en los labios, melodía armoniosa en el oído y gozo espiritual en el corazón. Lo que espíritus menos dotados veían oscuro, ella se lo explicaba con toda claridad y lucidez. Como las palomas recogen los granos de trigo, recopiló y escribió muchos libros llenos de suavidad y sentencias de los santos para utilidad común de todos los que deseen leerlos. También compuso muchas oraciones más dulces que el panal de miel y otros muchos escritos edificantes sobre ejercicios espirituales, en estilo tan correcto, que a ningún literato se le ocurría censurarlos, antes bien, se deleitaba en ellos por su gran oportunidad. Intercalados todos con dulces palabras de la Sagrada Escritura, ni a teólogos ni a doctores les resultaban áridos. Debe observarse en todo esto, sin la menor duda, un don de gracia espiritual (L I, 1,2).

[2] Giuseppe Como es presbiterio de la diócesis de Milán desde 1990. Ha obtenido el doctorado en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, enseña Teología espiritual en el Seminario Arzobispal de Milán y en la Facultad Teológica de la Italia Septentrional. Es rector para la formación al Diaconado permanente de la diócesis de Milán.

Continuamos publicando la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[3] N. de T.: oh dulce piedad de Dios, oh cara liberalidad de Dios.

[4] Oh piedad, o bondad, o dulce liberalidad de Dios. Aquí la traducción francesa (Gertrude d’Helfta, OEuvres spirituelles, t. I : Les Exercices (= Sources Chrétiennes 127). Texte latin, introduction, traduction et notes par Jacques Hourlier et Albert Schmitt, Cerf, Paris 1967. Hourlier/Schmitt (de ahora en adelante citaremos el texto de los Exercitia spiritualia según esta edición, indentificándolo como: Exercitia seguido de la indicación del Ejercicio en número romano, y de la indicación de la/s línea/s) traduce siempre pietas como “tendresse” (ternura).

[5] Cf. Exercitia VI,792-793.

[6] Exercitia VII,14-15. Las traducciones italianas del texto de los Ejercicios están tomadas de: Gertrude di Helfta, Esercizi spirituali.

[7] Exercitia VII,20-21.

[8] Exercitia VII,32-33.

[9] Cf. Exercitia VII,71-72. También: «sub tuae pietatis tecta confugio» (bajo el techo de tu piedad me refugio) (Exercitia VII,296-297); y en Exercitia VII, 315-316: «a fin de que, en el comercio de tu benevolencia tú me pagues males por bienes».