DOMINGO 13º DURANTE EL AÑO. Ciclo "A"

«El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí. Dado que antes había dicho: No he venido a traer paz sino espada (Mt 10,34) y enfrentar al hombre contra su padre, su madre, su suegra, para que nadie anteponga la piedad familiar a la religión, agrega: El que ama a su padre o a su madre más que a mí; también leemos en el Cantar de los Cantares: Ordena en mí el amor (Ct 2,4). Este orden es necesario para todo afecto. Ama a tu padre, ama a tu madre, ama a tus hijos después de Dios. (...) Por tanto no prohibió amar al padre y a la madre sino que agregó expresamente: El que ama a su padre y a su madre más que a mí.

El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. En otro Evangelio está escrito: “El que no toma su cruz cada día” (cf. Lc 9,23). Para que no pensemos que el ardor de la fe puede bastar una sola vez se nos enseña que es necesario llevar la cruz siempre, para que siempre mostremos nuestro amor por Cristo.

(...) El Señor que escruta los corazones y los riñones, ve los pensamientos futuros de cada uno. Había dicho: Quien los recibe a ustedes, a mí me recibe (Mt 10,40). Pero los numerosos seudoprofetas y falsos predicadores podrían impedir el cumplimiento de este precepto. También puso remedio a este escándalo diciendo: Quien reciba a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo (Mt 10,41). Pero otro podría excusarse diciendo: “Mi pobreza me lo impide, la indigencia no me permite ofrecer hospitalidad”. Él deshace esta excusa por medio de un precepto muy leve: ofrecer de todo corazón un vaso de agua fresca. Dice de agua fresca, no caliente, a fin de que aun para el agua caliente no busque la excusa de la pobreza, de la falta de leña. Algo semejante, como ya dijimos, prescribe el Apóstol a los Gálatas: El que es instruido en la Palabra comparta todos sus bienes con el que lo instruye (Ga 6,6) y exhorta a los discípulos a asegurar el mantenimiento material de sus maestros. Porque cualquiera podría pretextar la pobreza y eludir el precepto, se anticipa a esta objeción y dice: No se engañen; de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembra, eso cosechará (Ga 6,7). El sentido es: en vano alegas tu indigencia contra el dictamen de tu conciencia; puedes engañarme a mí que te exhorto, pero has de saber que tan sólo cosecharás lo que has sembrado»[1].

 


[1] San Jerónimo, Comentario sobre san Mateo, I,10,37-38. 42. Jerónimo nació entre 340-350 en Estridón de Dalmacia. Luego de sus estudios “profanos” abrazó la vida monástica, y más tarde, en 379, aceptó la ordenación sacerdotal. A partir del año 382 comenzó la tarea de su vida: traducir al latín la Biblia. Desde 385 se radicó definitivamente en Belén, donde permaneció hasta el fin de sus días. Falleció el 30 de septiembre de 419 o 420. La Iglesia latina lo venera por su notable tarea de traductor del texto sagrado.