DOMINGO 30º. Ciclo "A"

Moisés expone la Ley. Hacia 1130.

«El que tenga amor en Cristo, cumpla los mandamientos de Cristo. ¿Quién puede explicar el vínculo del amor de Dios? ¿Quién puede dar a conocer suficientemente lo magnífico de su hermosura? La altura, a la que nos conduce el amor, es indescriptible. El amor nos une a Dios; el amor cubre la muchedumbre de los pecados (1 P 4,8); el amor todo lo soporta; tiene paciencia con todo. En el amor nada es vulgar, nada soberbio. El amor no ocasiona cisma, el amor no se subleva, el amor todo lo hace en armonía. En el amor alcanzaron la perfección todos los elegidos de Dios; sin amor nada es agradable a Dios. En el amor nos acogió el Señor. Por el amor que nos tuvo, nuestro Señor Jesucristo dio su sangre en favor nuestro por voluntad de Dios, y su carne en favor de nuestra carne, y su alma en favor de nuestras almas.

Amados, vean qué grande y admirable es el amor, y no hay explicación de su perfección. ¿Quién es capaz de ser encontrado en él, sino aquellos a los que Dios juzgue dignos? Por tanto, supliquemos e imploremos de su misericordia para que seamos encontrados inmaculados en el amor sin parcialidad humana. Todas las generaciones desde Adán hasta el día de hoy pasaron, pero los que fueron perfectos en el amor poseen, por la gracia de Dios, el lugar de los piadosos, los cuales se manifestarán en la visita del Reino de Cristo. (...) Amados, somos bienaventurados si obramos los mandatos del Señor en la concordia del amor para que, por el amor, nos sean perdonados los pecados»[1].

 


[1] San Clemente de Roma, Carta primera a los Corintios, 49-50. “Después de haber fundado y edificado la Iglesia (de Roma), los bienaventurados apóstoles (Pedro y Pablo), transmitieron a Lino la carga del episcopado... Le sucedió Anacleto. Y después de él, en tercer lugar a partir de los apóstoles, el episcopado le correspondió a Clemente; quien había visto a esos mismos apóstoles y había estado en contacto con ellos: su predicación aún resonaba en sus oídos y su Tradición todavía estaba ante sus ojos... Bajo este Clemente se produjo una grave disensión entre los hermanos de Corinto. Entonces la Iglesia de Roma le envió a los corintios una importantísima carta para reconciliarlos en la paz, restablecer su fe y anunciarles la Tradición que recientemente habían recibido de los apóstoles...” (Ireneo de Lyón, Adversus Haereses, III,3,3). El episcopado de Clemente suele colocarse entre los años 92 y 101 (?). Mientras que la carta a los Corintios es de fines del siglo I (entre el 96 y el 98).