DOMINGO 4º DE PASCUA. Ciclo "A"

«Si uno entra por mí, estará a salvo: entrará y saldrá y encontrará pasto (Jn 10,9). Entrará, en efecto, abriéndose a la fe, y saldrá al pasar de la fe a la visión, de la creencia a la contemplación, y encontrará pasto en el festín eterno. Las ovejas encontrarán su pasto, porque cualquiera que le siga con un corazón sencillo es alimentado con pastos siempre verdes. Y ¿cuál es el pasto de estas ovejas, sino los gozos íntimos de un paraíso siempre verde? Sí, el pasto de los elegidos es el rostro de Dios siempre presente. Contemplándole sin fin, el espíritu se sacia sin fin del alimento de vida...

Busquemos, hermanos queridos, este pasto para gozarnos en él con los ciudadanos del cielo. La alegría de los que se gozan en él nos invita... Arriba los corazones, hermanos, que nuestra fe se reanime en lo que ha creído, y que de lo alto se inflamen sus deseos. Amar así es ya ponerse en camino. Que ninguna adversidad nos desvíe del gozo de esta fiesta interior, porque, si alguno desea verdaderamente llegar al término que se propone, las asperezas del camino no detendrán su fervor. Que ninguna prosperidad lisonjera nos seduzca. Sería estúpido el viajero que durante el camino se detuviese en contemplar magníficos paisajes y se olvidara del término de su viaje»[1].

 


[1] San Gregorio Magno, Homilías sobre los evangelios, I,14,5. 6; PL 76,1129-1130; trad. en Lecturas cristianas para nuestro tiempo, Madrid, Ed. Apostolado de la Prensa, 1973, P 1. Nació Gregorio hacia 540, en el seno de una familia romana de posición acomodada. Hacia el 572, fue nombrado prefecto de la ciudad de Roma. Pero poco tiempo después, entre 574-575, se convirtió a la vida monástica. Cuatro años más tarde, en 579, el papa Pelagio II le confirió el diaconado y le solicitó estar disponible para el servicio de la Iglesia. Entonces fue enviado como legado papal a Constantinopla, donde residió hasta 585. Al regresar a Roma se desempeñó como secretario y consejero de Pelagio, y a la muerte de éste lo sucedió en la sede romana (año 590). A pesar de no tener buena salud gobernó a la Iglesia, en un momento muy difícil de la historia, hasta su muerte, acaecida el 12 de marzo de 604. Con sus obras marcó el rumbo de la espiritualidad medieval.