Inicio » Content » DOMINGO DE PENTECOSTÉS. Ciclo "B"
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Pentecostés

Siglo XII

Salterio

St. Albans Abbey, Inglaterra

 

«… Todo el actuar del Espíritu Santo se dirige al bien y a la salvación.

En primer lugar, su llegada es suave, se lo percibe como una fragancia y su yugo es muy liviano. Ante su llegada, brillan rayos de luz y de conocimiento. Poseedor de una misericordia capaz de ofrecer un socorro auténtico, viene para salvar, curar, enseñar, exhortar, fortalecer, consolar e iluminar la mente. Esto lo hace en el primero que lo recibe, pero después, a través de él, lo hace sobre todos los demás.

Así como cuando alguien que estaba en la oscuridad ve de pronto la luz del sol, ilumina los ojos del cuerpo y comienza a ver lo que hasta ese momento no veía, así también sucede con el que ha sido dignificado con el don del Espíritu Santo: ilumina el alma y comienza a ver aquellas cosas que están por encima del hombre y que antes no conocía. El cuerpo permanece sobre la tierra, pero el alma refleja como un espejo lo que está en el cielo... Un pequeño hombre alcanza a ver el principio y el fin del mundo, el centro del tiempo y la sucesión de los reyes. Todas estas cosas no las ha aprendido, pero se ha hecho presente el verdadero iluminador...»[1].

 


[1] San Cirilo de Jerusalén, Catequesis, XVI,16; (trad. en: San Cirilo de Jerusalén. Catequesis, Buenos Aires, Eds. Paulinas, 1985, pp. 236-237 [Col. Orígenes cristianos, 2]). Se ignora la fecha de su nacimiento, probablemente en los años 314 ó 315. Cirilo debe haber nacido en la misma ciudad de Jerusalén o en sus alrededores. Pertenecía al clero de la diócesis de Jerusalén. En el año 343 fue ordenado presbítero por Máximo, el obispo de Jerusalén que lo hizo su colaborador. Desempeñaba su ministerio sacerdotal en la Iglesia de Jerusalén cuando en el año 348 fue elegido obispo de esa misma Iglesia. Tres veces debió abandonar su sede episcopal para marchar al destierro. La primera vez fue en el año 357, cuando un concilio reunido en Jerusalén por el obispo Acacio y compuesto por arrianos lo privó de su sede y lo envió al destierro. Nuevamente fue desterrado en el año 360, pero también por poco tiempo. En el año 367 lo desterró el emperador Valente, y esta vez su alejamiento se prolongó por unos once años, regresando a Jerusalén recién en el año 378. Después del retorno de su último destierro participó en el Segundo Concilio Ecuménico, el II de Constantinopla. Murió en su sede en el año 386. Tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente celebran su fiesta el 18 de marzo, que es el día de su fallecimiento. Además de las Catequesis, su obra principal, se conservan una carta al emperador Constancio y una homilía sobre el paralítico de Juan 5 (Rivas, op. cit., pp. 5-6).