LA ESCRITURA COMO NACIMIENTO: LA COMPOSICIÓN DEL “HERALDO DEL AMOR DIVINO” (4)

Grabado de la portada del Libro: Embajador de la Divina Piedad. Revelaciones de Santa Gertrudis la Magna, Virgen de la Orden de San Benito, Editorial Benedictina, Buenos Aires, 1932.

 

Laura Grimes Ph. D[1]

El Heraldo: un memorial de la abundancia de la divina dulzura (cont.)

La introducción de Doyère también pone un fuerte énfasis en la superioridad del Libro II con respecto al resto del Heraldo. Señala que los libros compilados están muy lejos del Libro II, aun cuando opina que ellos son “reproducción fiel” de las palabras de Gertrudis (SCh 139:23).

Esta opinión lleva a una malinterpretación no solo del primer Libro sino del Heraldo en su conjunto. Parece claro, por las diferencias estilísticas entre el Libro II y los demás, y por la fecha de su composición, tanto según el Prólogo del Libro II como del Prólogo General de la obra compuesta, que este constituye el primer libro progenitor: El Memorial de la abundancia de la Divina Dulzura. Esto haría que los Libros 1, 3, 4 y 5 formen el segundo libro progenitor, escrito por la hermana de Gertrudis. Ellos se unen muy bien entre sí, como ejemplo del subgénero “vida y revelaciones” de la alta Edad Media.

El Libro I introduce a Gertrudis describiendo su infancia, conversión, rasgos positivos y negativos de carácter y sabiduría espiritual. Enfatiza el rol de la comunidad en la formación de la espiritualidad de Gertrudis, tanto antes como después de su conversión. Los Libros III y IV dan numerosos ejemplos de sus visiones y enseñanzas para entrenar al lector a que alcance una sabiduría y santidad semejantes.

El Libro V se mueve dentro del tema hagiográfico crucial de la santa muerte, relatando las visiones de Gertrudis sobre las difuntas de la comunidad y su visión premonitoria de su propia muerte; y presenta la autorización divina del libro -más bien que sus huesos o sus ropas-, como la milagrosa reliquia de la santa. Tanto Gertrudis como su otra hermana se muestran ofreciendo el libro a Dios, compartiendo plenamente la dignidad de la autoría y la capacidad de recibir revelaciones que confirman la inspiración del libro.

La inserción del Libro II en medio de este libro amplifica su relato, ofreciendo las experiencias espirituales y enseñanza de Gertrudis con sus propias palabras pero no de un modo individualista. Ella ubica consistentemente su propia historia en el contexto de la alabanza comunitaria, el diálogo espiritual y la enseñanza, como la fuente de mediación crucial de la misericordia de Dios.

La interpretación de Doyère descuida el Libro I, con su uso innovador pero fiel de las convenciones de la Vita, evitando el reconocimiento de la creativa adaptación, por parte de las monjas de Helfta del género Vita, con un fuerte énfasis en la naturaleza comunitaria de la santidad, en el texto híbrido final.

Estudiosos posteriores que adoptan su versión de la historia de la composición, tienden a devaluar del mismo modo del valor de los libros compilados. La obra raramente es analizada den su orden original y su contexto. En cambio, los estudios sistemáticos tienden a discutir sus secciones en el orden de importancia que le atribuyen y según su fecha de composición: primero el Libro II, luego los Libros III-V y finalmente el Libro I[2]. Este descuido de la estructura elegida por Gertrudis y sus colaboradoras impide el reconocimiento  de la importancia de todas las partes de la obra. También pasa por alto la correspondencia de su forma con el tema primordial del inter-juego entre el individuo y la comunidad y la fecundidad del diálogo y del compartir espiritual.

La Figura 1 es una interpretación del relato de Doyère sobre la historia de la composición del Heraldo, en el cual la influencia va en una sola dirección: de Gertrudis a la otra hermana o hermanas y así es rotulada: “Dictado”. El Libro I es el menos importante y no forma parte del Legatus divinae pietatis, libro más tempranamente combinado con el Memorial de Gertrudis para hacer el híbrido compuesto Heraldo. El Libro II está representado en gran tamaño fuera de su actual proporción en el texto compuesto, porque en la visión de Doyère es mucho más importante que el resto de la obra. Además de minusvalorar el talento y las intuiciones de sus hermanas, este acercamiento no hace justicia al logro de la misma Gertrudis al autorizar y coordinar el rico proyecto teológico de la comunidad. Este enfoque puede verse en acto, en la discusión de Doyère sobre la composición del Libro III:

“El Libro III está lleno de confidencias dispares, la mayor parte sin duda bastante fielmente reproducidas, quizás dictadas por la santa misma. Sin embargo Gertrudis estuvo frecuentemente en sus últimos años, lo bastante enferma como para que uno pueda presumir que la confidente, animada por las superioras, tomara una mayor parte de la redacción por sí misma” (SCh 139:22).

Doyère ve la escritura e los libros compilados como un proceso de dictado que continúa la historia de Gertrudis que había sido comenzada en el Libro II, si bien de modo inferior. Considera que el rol autoral de la otra hermana o hermanas solo crece cuando Gertrudis misma ya no está capacitada para escribir y juzga que dicha contribución como “fiel reproducción” del punto de vista de Gertrudis. El modelo de dictado está tal vez influenciado por la explícita o implícita comparación con algunas otras místicas sin el alto nivel de capacitación literaria en latín de que gozaba la comunidad de Helfta. Por lo tanto si Gertrudis habría dictado, esto habría sido por conveniencia, como los escritores varones contemporáneos a ella. En este caso ella habría mantenido la voz autoral en primera persona, más bien que haber cedido dicha voz a otra hermana. Los otros libros son mejor vistos como una opción consciente de teología dialogal y verdadera autoría de las otras hermanas.

Continuará

 


[1] La Rev. Dr. Laura M. Grimes es una investigadora independiente especializada en la teología y la espiritualidad femenina medievales. Se graduó como Doctora en la Historia de la Cristiandad por la Universidad de Notre Dame en 2004 con una tesis titulada: Theology as Conversation: Gertrud of Helfta and Her Sisters as a Readers of Agustine (La teología como diálogo: Gertrudis de Helfta y sus hermanas como lectoras de San Agustín). Ha presentado y publicado en varios contextos sus estudios sobre El Heraldo del Amor divino y los Ejercicios Espirituales de santa Gertrudis, incluyendo el refundado monasterio de Helfta en Eisleben, Alemania. Este artículo fue publicado en Cistercian Studies Quarterly 42.3 (2007) 329-345. Traducido con los debidos permisos por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[2] Por ejemplo Michael Bangert divide su excelente tratamiento de la humildad según su presentación en la obra “auténtica” de Gertrudis, el Libro II y los Exercitia Spiritualia,  luego en la obra “editada”: Libros 3, 4 y 5, y finalmente en el Libro I (Demut in Freiheit: Studien sur Geistlichen Lehre im Werk Gertruds von Helfta, “Sudien zur systematischen und spirituellen Theologie” 21, Würzburg: Etcher 1997). Johanna Lanczkowski va más lejos al comenzar su traducción al alemán del Heraldo, con el Libro II, desplazando el Libro I al final del texto, después de libro V (Gertrud die Grosse, Gesandter der gôttlichen Liebe, Ungerkrûrtzte Übersetzung von Johanna Lanczkowski, Heidelberg, Schneider, 1989).