GERTRUDIS DE HELFTA Y BERNARDO DE CLARAVAL: UNA REAPRECIACIÓN (VII)

Parroquia Santa Gertrudis, Oshawa, diócesis de Toronto, Ontario, Canadá.

 

P. Michael Casey, ocso[1]

Más bien teológica que experimental

Bernardo nunca alcanzó en sus escritos el mismo grado de explícito contenido teológico que logró su amigo Guillermo de Saint-Thierry. Los temas de la Trinidad y la Eucaristía que aparecen tan destacados en la visión de Gertrudis sobre la vida espiritual, fueron, sin duda, queridos a Bernardo, pero se mantiene el hecho de que él no escribió mucho sobre estos. Generalmente parece haber estado más interesado en la experiencia que en la teología; su doctrina no está presentada sistemáticamente sino encarnada en relación con temas prácticos. Escribió un tratado “Sobre la Gracia y el libre albedrío”, hubo también un breve folleto sobre el Bautismo, así como varias intervenciones suyas en el campo de las controversias teológicas. Todo ello contribuye a resaltar el hecho de que podría haber sido un competente teólogo sistemático, si así lo hubiera querido. El hecho de que la mayor parte de su obra literaria fuera expresada en un estilo diferente es consecuencia de su opción deliberada; no es que fuera teológicamente inepto. Fue así como quiso proceder.

Gertrudis escribe con una vena más explícitamente teológica. Sobre este asunto escribe Dom Vagaggini:

“Por el contrario, considerando el tema en su profundidad, notamos que lo que realmente domina la psicología de nuestra mística no es otra cosa, en su esencia, que la gran visión dogmática de la liturgia. La liturgia, entonces, no es solo el marco externo de la vida de Gertrudis, sino su forma interna, así como lo que determina su visión de los dogmas de la fe y la posición relativa que confiere a cada uno en el conjunto (del contenido de la fe)”[2].

La lista de capítulos del Libro IV del Heraldo revela cómo la experiencia de Gertrudis estaba estructurada en torno al año litúrgico y como esta fue capaz de integrar temas desde diferentes puntos de vista de acuerdo con la cualidad de la fiesta celebrada. Esto dio un verdadero carácter objetivo a su piedad. Ella parece darse enteramente a sí misma en cada celebración que acontece.

Bernardo es algo diferente, en el sentido de que parte de su genio radica en su capacidad de aportar algo inesperado a sus reflexiones propuestas para una festividad particular. Él relaciona cada fiesta desde un punto de vista muy personal, así que lo que dice en una ocasión es frecuentemente intercambiable con lo que podría decir en otro momento. Sus intuiciones teológicas son ricas pero son relativamente pocas; lo que las hace interesantes es la profundidad a la que llega su percepción y las consecuencias prácticas que extrae de ellas. Él está menos interesado en la cabalgata cambiante de las celebraciones exteriores. En la mayoría de sus escritos la teología está encerrada en el verdadero núcleo de su mensaje; no está dispersa, como fragmentos a ser reunidos desde la superficie de su enseñanza. La característica actitud teológica de Bernardo es más significativa que las posiciones que pudo haber sostenido en una variedad de temas teológicos.

La Retractatio (Retractación) al comienzo de su tratado “Sobre los grados de Humidad y de soberbia” muestra que estaba preocupado por la ortodoxia teológica de lo que escribía; pero la adición de detalles correctivos no modificó en ningún sentido su perspectiva total. La mayoría de los puntos específicos (de sus intervenciones) fueron negociables. Lo que estaba más allá de componendas o de discusión fue su actitud básica. Esta visión fundamental parece haber dado forma y determinación a todo lo que escribió y a mucho de lo que hizo.

Quizás hay menos prueba de que Gertrudis estuviera animada por una única visión teológica. Parece haber estado más inclinada a gozar con la variedad. Así, muchos de sus pasajes individuales parecen sostenerse independientemente. Si es Pentecostés, ella está totalmente poseída por los pensamientos sobre el envío del Espíritu. Si de Navidad se trata, entonces el nacimiento de Cristo la ocupa plenamente. Su oración y experiencia parecen haber sido modificadas desde afuera por el curso del año litúrgico. Bernardo, en cambio, siempre parece haber sido más alimentado desde dentro.

Dos personalidades diferentes están implicadas. Dos acercamientos diferentes a la reflexión sobre las cosas de Dios. Ciertamente estos no son incompatibles ni constituyen compartimentos estancos, pero dan un sabor diferente a los escritos que de ellos se derivaron. Por sí mismo, el hecho de que haya dos perspectivas distintas, no prueba ni refuta la tesis de la dependencia, pero quizás contribuye a la sospecha de que cualquiera que haya sido la influencia que Bernardo ejerció sobre Gertrudis, esta no fue una influencia global, por la cual ella no debiera ser considerada su discípula, sino que, más bien, es posible que ciertos pasajes particulares de Bernardo pudieran haberla impresionado positivamente y que entonces ella los adoptara.

Continuará

 


[1] El autor es monje trapense de la Abadía de Tarrawarra, Australia, muy conocido por sus publicaciones y disertaciones sobre la espiritualidad monástica traducida para el mundo de hoy, tanto para el público monástico de regla benedictina, como también para un público más amplio que busca nutrirse de las fuentes tradicionales y encarnarlas en la espiritualidad cristiana contemporánea. Este artículo fue publicado en Tjurunga 35 (1988): 3-23. Traducido con permiso del autor por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[2] Cipriano Vagaggini, Theological Dimensions of the Liturgy: A General Treatise on the Theology of the Liturgy, Liturgical Press, Collegeville, 1976, p. 761.