GERTRUDIS DE HELFTA Y BERNARDO DE CLARAVAL: UNA REAPRECIACIÓN (X)

Escenas de la vida de santa Gertrudis, vitral del coro bajo, Parroquia de Santa Gertrudis, Oshawa, Ontario, Canadá.

 

P. Michael Casey, ocso[1]

VI. La originalidad de Gertrudis (continuación)

Gertrudis exhibe frecuentemente considerable inventiva en la manera de tratar con los textos de la Escritura y las piezas litúrgicas. Parece sentirse como en su casa con ellos, libre de elegir alusiones y asonancias para usar en sus propios contextos. Así, ella se dirige a Jesús como Rabbí (si bien hay un precedente de esto en el De contemplando Deo de Guillermo de Saint Thierry)[2]. Construye una oración sobre el incidente de la parálisis del muslo de Jacob en Gn 32,25: “Oh amor, por tu actividad (en la pasión de Cristo) tú has tocado tan poderosamente el nervio del corazón de mi Jesús, que por el amor, todo lo que era corruptible se secó”[3]. Glosa sobre el salmo 17 (18),30: “En ti, oh Dios, mi amante, saltando por encima del muro de mi cuerpo”[4]. Invierte el sentido de 1 P 5,7: “Arroja en Él todo el amor de tu corazón y Él te sustentará con la bendición de su dulzura”[5].

¿Qué se puede decir sobre las imágenes de Gertrudis? Generalmente estas son restringidas, debido quizás a su propio limitado contacto con la variedad del mundo. La imaginería esponsal que predomina, junto con su extenso vocabulario, están probablemente tomadas de la tradición. Hay bastante de referencia musical en su obra. Quizás siguiendo a Ricardo de San Víctor, parece encantarle el simbolismo de las flores[6]. Una vez habla de sí misma como un grano de incienso en el turíbulo dorado del divino corazón[7]. Se refiere a la venula (venita) -que es, probablemente, lo mismo que la fistula (cánula) en Ambrosio y Bernardo- por la cual ella recibe refrigerio de la amistad divina[8]. Reza así: “Envuélveme en la sábana mortuoria (in syndone) de tu querida redención”[9]. Hay muchas imágenes que, o bien no son convencionales, o al menos están expresadas de un modo singular. Uno puede concluir que Gertrudis es más que una copista del pasado; ella está escribiendo creativamente. Ocasionalmente aparecen frases que son especialmente aptas: “Nadie pase de ti sin un saludo”[10]. “La dignidad apostólica de tus hermanos más cercanos es fuente de alegría para ti (oh Cristo)[11].

¿Podemos conocer mucho de la psicología de Gertrudis? Esto podría parecer un tanto seductor. Al menos llegar tan lejos como la investigación moderna ha progresado. Hay un tema recurrente que puede, sin embargo, ser digno de seguirse, y que es su pre-ocupación por la apariencia juvenil de Cristo: el adjetivo “joven” es bastante común: “Oh Jesús, amable juventud, amistosa y deseable, cuya compañía es tan noble y apetecible”[12]. “Vi un joven amable y apuesto de unos dieciséis años, con una apariencia tal, que hubiera querido que en mi propia juventud agradara a mis ojos exteriores”[13]. Y esto, no obstante el hecho de que su biógrafa afirma que ella misma sostenía no haber jamás mirado en toda su vida al rostro de un hombre, de modo tal que pudiera haber reparado en su apariencia física[14]. ¿Qué está pasando exactamente en sus visiones de Cristo? Esta es una pregunta sobre la cual podría ser interesante oír la opinión de un experto ¿Cuán real es su imaginería esponsal? ¿Vio las realidades físicas implicadas en ellas, o todas habrían sido espiritualizadas? ¿Por qué ella se ruboriza tan fácilmente en materias que se refieren a la castidad? ¿O esta es solamente una ficción piadosa[15]? ¿Cómo, una persona que entró a la comunidad a la edad de cinco años, lidia con los diferentes aspectos de su desarrollo hacia la madurez? Son estas cuestiones fascinantes, pero van mucho más allá del alcance de este artículo o de la competencia de su autor.

Mi conclusión, después de haber reflexionado sobre los escritos de Gertrudis, es que ella es una autora espiritual sustancial, cuyas escritos compensan el esfuerzo de tratar de penetrar bajo los artificios del género buscando hacer contacto con el sólido núcleo que está debajo. Su logro es considerable. Ha producido un corpus de escritos que es internamente consistente, profundo y no sin calidad literaria. Haber hecho esto indica una persona de estatura espiritual y de amplia dotación intelectual, con familiaridad con la tradición, con una amplitud de lecturas, teológicamente consciente y con bastante confianza en su propia comprensión de las cosas como para ser creativa.

Siendo esto así, la comparación con Bernardo de Carnaval solo puede ser injusta. A falta de ulterior evidencia o mejor juicio, estoy inclinado a creer que la influencia literaria de Bernardo no estuvo ni significativamente presente, ni significativamente ausente. Está allí, aproximadamente en la proporción que anticipamos (en este estudio). Si se necesita una fuente especial, yo sospecharía que Guillermo de Saint Thierry podría ser un mejor candidato, aún si Gertrudis pudiera haber pensado que aquel al que estaba leyendo era Bernardo.

 


[1] El autor es monje trapense de la Abadía de Tarrawarra, Australia, muy conocido por sus publicaciones y disertaciones sobre la espiritualidad monástica traducida para el mundo de hoy, tanto para el público monástico de regla benedictina, como también para un público más amplio que busca nutrirse de las fuentes tradicionales y encarnarlas en la espiritualidad cristiana contemporánea. Este artículo fue publicado en Tjurunga 35 (1988): 3-23. Traducido con permiso del autor por la hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[2] X 5, 299 p. 180. Cf. Guillermo de Saint-Thierry, De contemplando Deo 2,2 p.60 (Rabboni).

[3] X 7,324-6 p. 280.

[4] X 5, 283-4 p. 178.

[5] X 6, 492-3 p. 236. Ver también su uso de Jn 13,17 en X 6, 52-53 p. 204: Eia, o amor, nunc quod facis fac citius! (¡Ay, oh amor, lo que haces ahora, hazlo pronto!).

[6] Cf. X 6, 691 p. 250. O vernans flos divinitatis, resperge me rore tuae floridissimae humanitatis (¡Oh flor primaveral de la divinidad, riégame con el rocío de tu floridísima humanidad!) Ver también H 4, 35.10 p. 300: Ave Jesu, sponse floride (Salve Jesús, esposo florido).

[7] X 6, 372-4 p. 228.

[8] X 3, 388-9 p. 122.

[9] X 5, 361 p. 180.

[10] X 7, 155-6 p. 270.

[11] X 6, 465-6 p. 234.

[12] X 7, 649-50 p. 304. Cf. 6, 797 p. 256.

[13] H 2, 1, 2 p. 230.

[14] H 1, 9, 1 p. 160.

[15] H 1, 9, 1 p. 162.