GERTRUDIS DE HELFTA: DE GRAMÁTICA A TEÓLOGA (I)

Herida del corazón, pintura de hornacina del retablo de Santa Gertrudis de la iglesia del Real Monasterio de San Clemente de Sevilla,

atribuida al pintor Valdés Leal[1].

 

Claudio Ubaldo Cortoni, OSBCam[2]

Resumen[3]: Gertrudis de Helfta pertenece al grupo de monjas formado por la beguina Mechtilde de Magdeburgo y por la maestra Mechtilde de Hackeborn, que, dentro de los muros de la clausura de Heflta, dieron vida a uno de los círculos místicos más importantes de la segunda mitad del siglo XIII. Llamadas por la tradición Mulieres sanctae, las santas mujeres de Helfta, es posible hablar de un estilo de Helfta, gracias también al hecho de que, fue la joven Gertrudis quien transcribió y editó las visiones de las dos Mechtilde. El proceso espiritual de Gertrudis puede resumirse en el tránsito de gramática -es decir estudiosa de las artes liberales- a teóloga, en su caso, enamorada de Cristo, desde su primera visión en 1281. Junto con su casi contemporánea Angela de Foligno, es una de las pocas mujeres que hubo recibido el título de Teóloga en el Medioevo, y que hubo sometido el contenido de su obra a una comisión teológica de la cual formaba parte el dominico Enrique de Halle, ya padre espiritual de la anciana beghina Mechtilde de Magdeburgo. Las fuentes teológicas de Gertrudis pertenecen a la Primera Escolástica y en particular a la Escuela de los Victorinos. Las obras de las tres Mulieres sanctae de Helfta llegan a ser fuente de inspiración para los participantes del círculo de “los amigos de Dios” de Basilea (por ejemplo: Juan Taulero), para Juan Boccaccio, para todos los monasterios femeninos identificables inicialmente como beguinatos, que más tarde fueron puestos bajo la obediencia ya de los franciscanos o de los dominicos. Posteriormente, el redescubrimiento de la obra de Helfta se debe al trabajo editorial del cartujo Juan Lanspergio, quien había sido precedido en el redescubrimiento de las místicas de Helfta, por su cofrade Dionisio el Cartujano. La falta de información sobre la vida de Gertrudis antes de su entrada en el monasterio está seguramente compensada por la historia de la recepción de la obra de las Mulieres sanctae entre los círculos espirituales de fines del siglo XIII hasta el advenimiento de la Reforma en el siglo XVI.

 

¿Quién es Gertrudis de Helfta? Una pregunta especial para una monja también especial como Gertrudis, de la cual sigue siendo desconocido todo dato biográfico antes de su ingreso en el Monasterio de Heflta, acontecido en el 1261 c.a., a la edad de cinco años, y del cual solo se comienza a conocer su obra después de la crisis de 1281, cuando recibe la primera visión de Cristo, que lleva a la santa a devenir “de gramática, teóloga”[4]; una conversión que hizo de sus escritos objeto de examen por parte de teólogos de las Órdenes de los Mendicantes y los Predicadores, entre 1300 y 1301, poco antes de su muerte.

La primera particularidad consiste en el hecho de que, aun siendo una autora mística conocida y leída en el Medioevo, resulta casi imposible reconstruir los datos biográficos y la transmisión manuscrita de sus obras, por la imposibilidad de encontrar el archivo y la biblioteca del Monasterio de Helfta. Esto porque el monasterio, en 1346, en la época de la contienda episcopal de Halberstadt fue destruido y sucesivamente transferido a Neuhelfta (Nueva Helfta); y nuevamente incendiado en 1525, durante la revuelta de los campesinos, ya que en 1524 el mismo Lutero tuvo ocasión de polemizar con Caterina de Watzdorf, la entonces Abadesa de Nueva Helfta[5]. Suprimido definitivamente en 1545, lo que quedaba de la biblioteca de Nueva Helfta fue transferido a la Turmbibliothek de Lutherstadt[6].

La segunda particularidad es el título de Theologa con el cual Gertrudis fue llamada por sus hagiógrafos, un hecho que ha suscitado el interés de Jean Leclercq, el cual lo relaciona con el corpus doctrinal dejado por la santa, que fue objeto de investigación histórica y teológica desde sus primeros lectores[7].

 

1. ¿Qué podemos suponer sobre la historia del archivo de Helfta, la circulación y la tradición manuscrita de las obras de Gertrudis?

Tres aspectos emergen de una atenta lectura de las fuentes que están hoy en manos de los estudiosos: que cuando, en 1451 la abadesa de Helfta Sofía de Stolberg, establece la crónica del Monasterio desde la fundación hasta la reconstrucción en 1346, lo hace con sciencia (ciencia), recogiendo diligentemente el material documental histórico; la carta de 1301 que declara la ortodoxia de Gertrudis, la cual testimonia la circulación del Legatus, cuyo proyecto comenzó en 1289, fuera del monasterio; el éxito de sus escritos se debe a la estrecha relación entre las tres mulieres sanctae de Heflta.

 

1.1. La crónica del Monasterio de Heflta en la Narratio de 1451

En la Narratio Abbatissae Sophiae de Stolberg, conscripta anno 1451 de fundatione monasterii Novae Helftae incepti anno 1229 (Narración de la Abadesa Sofía de Stolberg escrita en el año 1451 acerca de la fundación del Monasterio de Nueva Helfta, comenzada en el año 1229), que, como recita el mismo título se remonta a setenta años antes de la destrucción e incendio del monasterio que tuvo lugar en 1525. Redactada en la forma de una narración breve en la cual se recorre la historia del Monasterio de Helfta desde el 1229 hasta su reconstrucción en 1346, Sofía de Stolberg afirma que “ex nostra cronica et ex nostra sciencia” (en base a nuestra crónica y nuestro conocimiento), quería dictar la crónica del monasterio a las futuras monjas[8]. Esto permite sostener la hipótesis de que, al tiempo de Sofía de Stolberg, existía ya una crónica del monasterio, si no era propiamente el archivo, al menos estaba en posesión de los instrumenta archivii, transcripciones o registraciones de los documentos originariamente conservados en el archivo de Helfta, en un tiempo comprendido entre post-1346 (devastación y transferencia del monasterio) y ante-1525 (incendio del monasterio), que le hubieran servido para la redacción de la Narratio.

 

1.2. La ortodoxia del pensamiento de Gertrudis (1301)

Un testimonio particular de la circulación de las obras de la santa durante su vida sigue siendo la carta que precede, en algunos manuscritos[9], al prólogo del Legatus divinae pietatis, dando noticia de la verificación a la cual dicha obra fue sometida en 1301, con resultado positivo, de parte de un colegio de teólogos dominicos y franciscanos[10], cosa que sucede también para otra mística, contemporánea a ella, Ángela de Foligno (1248-1309), la cual a su muerte, ocurrida presumiblemente en torno a 1309, era venerada con el título de Beata y Magistra Theologorum, o sea Maestra de los teólogos, porque durante su vida se había reunido en torno a ella un cenáculo de hijos espirituales, entre los cuales también Umbertino de Casale y la corriente de los Franciscanos Espirituales, ya que ella misma pertenecía a la Tercera Orden afiliada en aquellos años a varias Ordenes mendicantes[11].

Ángela redactó un Memoriale que la ocupó cuatro años, del 1292 al 1296, el cual resultó aprobado por el cardenal Giacomo Conna y por parte de una comisión de ocho teólogos franciscanos. El Memoriale está redactado en forma de autobiografía espiritual, en la cual  se exponen los trenta passi (treinta pasos) que el alma cumple para alcanzar la íntima comunión con Dios, a través de la meditación de los misterios de Cristo, la Eucaristía, tentaciones y penitencias[12].

Lo que sorprende y lanza una nueva luz sobre Gertrudis es el hecho de que, del mismo modo que a Ángela de Foligno, se le solicitó una verificación de su pensamiento, ella que era llamada Teóloga, del mismo modo que Ángela de Foligno era venerada como Magistra Theologorum. Junto a lo cual, viene también reconsiderada la herencia mística de dos grandes maestros de la espiritualidad medieval: Bernardo de Claraval y Francisco de Asís, quien a su vez recoge y desarrolla las indicaciones del maestro cisterciense, rastreables respectivamente en las hagiografías de Gertrudis de Helfta y Ángela de Foligno, por las cuales, el desarrollo de un lenguaje afectivo-erótico hacia Cristo llegaba a ser confesión de la presencia de Dios en el mundo[13].

A esta simetría hagiográfica entre Gertrudis y Ángela de Foligno se agrega además que, entre los examinadores del Legatus aparece, en la carta de aprobación, el nombre del dominico Enrique de Halle, quien, en el rol de padre espiritual de la beguina Mechtilde de Magdeburgo, condiscípula de Gertrudis, invitó a aquella a poner por escrito sus visiones, que el mismo dominico, en el decenio del 1240 al 1260, recogió en seis libros, el último de los cuales fue dictado por Mechtilde, ya ciega y próxima a su fin, a la joven Gertrudis y a su maestra Mechtilde de Hackeborn.

 

1.3. La tradición manuscrita de Gertrudis de Helfta

¿Qué decir en cambio de la tradición manuscrita de Gertrudis la Grande? Los escritos de Gertrudis aparecen en manuscritos diversos en lengua alemana, ejemplares de copistas de monasterios femeninos cuya fundación es frecuentemente reconducible a beguinatos  preexistentes, reorganizados según una observancia regular benedictina, franciscana o dominica. Luego, en algunos casos, las obras de Gertrudis se encuentran como apéndice a los escritos de la beguina Matilde de Magdeburgo y de la condiscípula y maestra Mechtilde de Hackeborn,

Este dato, que será profundizado más adelante, parece dar razón al hecho de que el éxito de la obra de Gertrudis esté ligado a los lectores y las lectoras de las tres Mulieres sanctae de Helfta, casi todas reconducibles a la tradición mística renana, como lo eran el monasterio femenino dominico de Santa Catalina en Suiza, las hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Wonnestein junto a Teufen y el círculo de los Amigos de Dios de Basilea, a lo largo de una arco temporal que va de la mitad del siglo XIV hasta principios del siglo XV.

Continuará

 


[1] El retablo de Santa Gertrudis de la Iglesia del Real monasterio de San Clemente de Sevilla constituye un conjunto pictórico grandioso, de estilo barroco, fechable en los últimos años del siglo XVII. En el centro se encuentra el gran lienzo de Lucas Valdés, Santa Gertrudis en inspiración, de 1680. Rodeando el cuadro aparecen diversas escenas de la vida y visiones de Gertrudis.  En este cuadro se representa a Cristo hiriendo el corazón de Gertrudis con un dardo de oro. El motivo corresponde a las varias referencias de la santa a la gracia de la transverberación. Transcribimos aquí uno de dichos textos: «Un día predicaba un hermano en la capilla y dijo entre otras cosas: “El amor es como dardo de oro que todo lo que el hombre traspasa con él lo reclama de alguna manera como propiedad suya; por eso es necio quien entrega su amor a cosas terrenas y descuida las celestiales”. Enardecida por estas palabras dijo ella al Señor: “Oh, ojalá tuviera yo este dardo, desearía atravesarte sin dilación con él, único amor de mi alma, para retenerte siempre conmigo”. Apenas dicho esto, vio al Señor frente a ella que tenía un dardo en la mano y le respondía: “Tú te propones herirme si tuvieras un  dardo de oro; pues yo que lo tengo, quiero traspasarte de tal manera que nunca jamás recuperes la salud anterior”. Este dardo parecía tener tres puntas encorvadas: delante, en medio y hacia el final, para significar la triple violencia del amor que se clava y hiere el alma. Cuando la primera punta traspasa el alma la hiere de tal manera que, como al que agoniza, todo lo transitorio le resulta casi por completo sin gusto alguno, hasta el punto que en adelante ya no puede deleitarse ni consolarse con ninguna de estas cosas. Al traspasar el alma la segunda punta la deja con tal ardor de fiebre, que por la acerbidad del dolor exigen con la máxima impaciencia la medicina conveniente. Así ésta se abrasa en un desmesurado deseo de unirse a Dios, porque le parece totalmente imposible poder respirar de alguna manera fuera de él. Cuando atraviesa el alma la tercera punta, la lleva a realidades tan inestimables, que la única comparación posible es la que parece arrancar al alma del cuerpo para beber a sorbos el gozoso néctar de los torrentes de la divinidad» (L V, 25).

[2] Claudio Ubaldo Cortoni, monje camandulense, bibliotecario del Sacro Eremo de Camandoli, es docente del Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma en la especialización de Historia de la Teología y tiene a su cargo del curso de Teología de los Sacramentos en el Medioevo en la especialización Dogmático-Sacramentaria. Dicta también el curso sobre la Eucaristía en el Pontificio Instituto Litúrgico.

[3] Continuamos publicando la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. - Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[4] Cf. «De grammatica facta theologa»; Gertrude D’Helfta, Oeuvres Spirituelles, 2, Le Héraut, (SCh 139) ed. P. Doyère, Cerf, Paris 1968, 120.

[5] Cf. F. Schrader, «Helfta», in Marienlexikon, 3, Sankt Ottilien 1991, 136; S. B. Spitzlei, Erfahrungsraum Herz. Zur Mystik des Zisterzienserinnenklosters Helfta im 13. Jahrhundert, frommann-holzboog, Stuttgart-Bad Cannstatt 1991; M. J. Finnegan, The Women of Helfta: Scholars and Mystics, Atene, Georgia-Londra 1991.

[6] Para el fondo bibliotecario proveniente del ex Monasterio de Nueva Helfta, trasferido a la Turmbibliothek de St. Andreaskirche (la iglesia de San Andrés), datable en los siglos XV y XVI; cf.

http://fabian.sub.unigoettingen.de/fabian?Turmbibliothek_Der_St.Andreaskirche [acceso: 19-02-2017].

[7] Cf. J. Leclercq, La contemplazione di Cristo nel monachesimo medievale, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1994, 191-194 [tit. or. Regards monastiques sur le Christ au Moyen Âge, Desclée, Paris 1993].

[8] La «Narratio abbatissae Sophiae de Stolberg conscripta anno 1451 de fundatione monasterii novae-Helfae incepti anno 1229» ha sido transmitida en las Revelationes Gertrudianae ac Mechtildianae, de la cual Gertrudis es la transcriptora y en parte la autora; M. Hubrath, Schreiben und Erinnen. Zur «memoria» im Liber specialis gratiae Mechthildis von Hackeborn, Schöningh, Paderborn 1996.

[9] El hecho de que la carta no aparezca en todos los manuscritos del Legatus no supone ninguna dificultad en la aceptación de la autenticidad, puesto que era de uso frecuente transcribir incluso en un solo códice, considerado entre los más importantes de la biblioteca, un escrito, habitualmente una carta separada del archivo, que se deseaba conservar aunque no fuera coherente con el contenido de la obra, cosa en cambio que sucede con el Legatus. Cf. Gertrude D’Helfta, Oeuvres Spirituelles, 3, Le Héraut, (SCh 143) ed. P. Doyère, Cerf, Paris 1968, 349-350.

[10] Cf. Gertrude D’Helfta, Oeuvres Spirituelles, 2, Le Héraut, (SCh 139) ed. P. Doyère, Cerf, Paris 1968, 103-107.

[11] Cf. P. Dinzelbacher, «Visioni e profezie», en Lo Spazio Letterario del Medioevo, 2, eds. G. Cavallo, C. Leonardi, E. Menesto, Salerno Editrice, Roma 1994, 672.

[12] Cf. G. Petrocchi, «Angela da Foligno, beata», in Dizionario Biografico degli Italiani 3 (1961); www.treccani.it/enciclopedia/angela-da-foligno-beata_(Dizionario-Biografico [accesso: 19-02-2017].

[13] C. Leonardi, «Agiografia», en Lo Spazio Letterario del Medioevo, 1/2, eds. G. Cavallo, C. Leonardi, E. Menesto, Salerno Editrice, Roma 1993, 461.