GERTRUDIS DE HELFTA: DE GRAMÁTICA A TEÓLOGA (II)

Impresión de las llagas, pintura de hornacina del retablo de santa Gertrudis de la iglesia del Real Monasterio de San Clemente de Sevilla, atribuida al pintor Valdés Leal[1].

 

Claudio Ubaldo Cortoni, OSBCam[2]

 

2. Gertrudis de Helfta: copista, transcriptora y coautora de las visiones de las Mulieres Sanctae de Helfta

Gertrudis fue ciertamente copista[3], transcriptora de las visiones de sus cohermanas de Helfta, aún antes de producir obras autónomas que se refirieran a su propia experiencia mística. Sería sin embargo un error no considerar en el siglo XIII a un copista o un transcriptor como co-autor. De hecho, más allá del objeto, en este caso las visiones de su cohermana y maestra Mechtilde de Hackeborn, el estilo y las imágenes literarias, como las fuentes usadas para apoyar teológicamente el contenido de las visiones, muestran la coherencia del estilo gertrudiano[4].

 

2.1. La conversión a la teología de la joven Gertrudis en la edición del cartujo Lanspergio

En la edición de las obras de Gertrudis por el cartujo Lanspergio en 1536, siguiendo la conversión de la monja, de amante de las letras a enamorada de su Señor, emerge también el estilo teológico de Gertrudis de Heflta[5].

Luego, cuando plugo a Aquel que desde el vientre de su madre se la había dedicado y, casi aún lactante, la había introducido en la casa de la vida monástica[6], llamarla de las cosas externas a las interiores, y de los ejercicios corporales a los espirituales, no le faltó nunca la atracción de su gracia, hasta que el don de las devotas revelaciones se hubiera cumplido en ella. Llegó la hora (mediante la claridad de la gracia divina), que mientras dicha virgen continuaba los estudios de las ciencias humanas, vino a tomar consciencia de que este estudio era una región demasiado lejana de la semejanza de Dios, dándose cuenta de que se había empeñado demasiado ávidamente en las ciencias humanas, por lo cual no había dispuesto hasta aquel momento la vista de su corazón a las iluminaciones divinas (…). Dejando entonces las cosas de la gramática (sobre la cual ya estaba plenamente instruida), se volvió a la teología: es decir al estudio de la Sagrada Escritura y no dejó pasar ninguno de los libros de los santos que pudiera tener, sin tratar de comprenderlos bien, usándolos con mucha diligencia; de modo que llegó a ser tan pronta y familiar a las mejores sentencias que había recogido de los libros de los doctores de las Sagradas Escrituras, que en todo momento que quisiera confortar o consolar a alguien, o hacer alguna reprensión, tenía tan pronto y a la mano la autoridad del uno y el testimonio de otro (…). Pero porque es propio de la caridad compartir de lo propio con los demás, deseando ella que no quedara nadie sin participar de esta gran riqueza suya, cuando encontraba pasajes difíciles en la Escritura, muy a gusto se esforzaba por hacerlos comprensibles a otros de menos ingenio y ardua inteligencia. Además de esto, recogió también, como la paloma, diversos granos de las sentencias de los Doctores, y de los mejores, con los cuales, escribiendo para la edificación de muchos, compuso después más libros, como también muchas dulcísimas oraciones, sin que ninguna de ellas, siendo de estilo femenino (es decir, por la belleza en el decir) mereciera desprecio, sino que todas parecían compuestas por hombres graves y dignos de gran alabanza; de lo cual se sigue que no fueron solamente escritas por el ingenio humano instruido, sino también adornadas de tal modo por la oración del Espíritu Santo, que ninguno de los más excelentes teólogos hubiera podido justamente desestimar.

El inicio de la vida de Gertrudis es reconducido a los topos bíblicos de la vocación del Profeta, para colmar la falta de noticias sobre la vida de la santa antes de su ingreso en el monasterio, y para introducir desde el principio el rol de la gracia en la vida de la docta monja de Helfta. La descripción de la conversión de Gertrudis, del amor por las letras al enamoramiento por su Señor, ocupa gran parte del capítulo primero de las Revelaciones de la divina piedad, proponiendo de nuevo el conflicto entre los studia humanitatis (estudios humanísticos) y la docta pietas (erudita piedad), cuya continuación natural sería la philosophia Christi (filosofía de Cristo). Este tema, heredado de san Agustín, está desarrollado a lo largo de todo el medioevo y reaparece nuevamente con los movimientos que preparan la Reforma. Según la línea preparada por la docta pietas, el estudio de las artes liberales prepara para la lectura de las Sagradas Escrituras y de los Padres, un tema querido también para la Reforma y el clima contra-reformista, lo cual explica el éxito que los escritos de Gertrudis conocieron también a lo largo de todo el Cinquecento (siglo XVI). El largo pasaje sobre el estilo literario de Gertrudis se justifica solo si se lo refiere a la aprobación que también el Legatus obtiene de los teólogos entre  1289 y el 1301, extensiva en este caso a toda la obra de la mística de Helfta.

En el ámbito cartujo, también antes de que Lanspergio publicara los escritos de Gertrudis[7], se debe prestar particular atención a Dionisio el Cartujano (1403-1471), el belga Dionisio de Rijkel[8], llamado Doctor exstaticus (doctor extático), al cual se debe el descubrimiento de algunas de las visiones de una beata Mechtilids, que difundió a través de una comedia titulada Matilda svelata (Matilde revelada), la cual más tarde fuera identificada con Mechtilde de Hackeborn. Es cierto que el descubrimiento de las Mulieres Sanctae de Helfta no coincide inmediatamente con la voluntad de oponer la devoción de Gertrudis al Sagrado Corazón, a la visión reformada de la pietas christiana (piedad cristiana) fundada en el amor a la Escritura.

 

2.2. Gertrudis y la mística de la Tranquila Trinitas

A los veinticinco años, en 1281, Gertrudis tiene la primera visión y solamente después de 1303, es decir después de su muerte, la obra que recoge sus visiones comenzó a circular, en una colección de sus escritos preparada por su cohermana y secretaria, que podría ser identificada con Matilde de Wirpa[9].

Si eso es históricamente correcto, significa que la formación y la obra de Gertrudis deberían reflejar un acercamiento a la teología conforme a aquello que muchos llaman la Escolástica tardía, es decir a un modelo que refleja el desarrollo lógico-temático de las sentencias de Pedro Lombardo, que se había impuesto sobre el método bíblico-histórico seguido por la escuela de los Victorinos y en parte por los primeros escritores cistercienses: el esquema de la Primera Escolástica[10]. Todavía Gertrudis, como Pedro Lombardo y Tomás de Aquino, cita con gusto en sus obras a Hugo y Ricardo de san Víctor, junto con Bernardo de Claraval y León Magno[11].

La recuperación de la espiritualidad victorina, que pone la Trinidad en el centro, se comprende si consideramos que también en Gertrudis el Cristo mediador representa una ejemplificación del pasaje de Cristo a la Trinidad[12]. El aliento cristológico de la mística de Helfta se inscribe generalmente dentro de la recepción de la escuela victorina y especialmente en lo que respecta la cristología desarrollada por Ricardo de san  Víctor.

La carta enviada por Dante Alighieri a Cangrande della Scala, con la intención de trazar la línea guía para la lectura del Paradiso, puede representar un ejemplo de la recuperación de la Primera Escolástica en el pensamiento religioso de los siglos XIII a XV. Dante proporciona algunos nombres de santos que representan bien el desarrollo del modelo bíblico-histórico: Agustín, Bernardo de Claraval, Hugo y Ricardo de san Víctor[13].

 

3. El estilo de Helfta: las Mulieres Santcae, sus lectores y lectoras

El historiador austríaco Peter Dinzelbacher habla de muchas semejanzas estructurales y temáticas en la obra de las tres monjas de Helfta[14], debidas quizás al desarrollo que tuvo el scriptorium del monasterio, donde las tres místicas fueron, la una para la otra, transcriptoras y redactoras de las respectivas visiones. La centralidad de la biblioteca y del scriptorium resuena en las palabras de Mechtilde de Hackeborn, maestra de Gertrudis en el Libro VI, 1 del Liber specialis gratiae: “Si se perdiera el celo por las ciencias, sería imposible comprender a fondo las Escrituras”.

Podríamos decir que cuanto escribirá más tarde, en 1451, Sofía de Stolberg, al enunciar los criterios que la han guiado en la redacción de la crónica del monasterio de Helfta, “ex nostra ciencia” podría ser tomado como modelo para comprender el espíritu que había animado a este cenobio de mujeres extraordinariamente cultas.

La tradición las recuerda como Mulieres Sanctae, un título debido también a la transmisión de sus obras, que las muestra siempre una junto a la otra, tanto en el plano temático como en el de la tradición manuscrita.

La más anciana de ellas era Mechtilde de Magdeburgo (1207 c.a. - 1282-1294), la cual apenas veinteañera, en 1230, ni bien después de la primera visión, adhirió al movimiento de las Beguinas, entonces puesto bajo  la dirección espiritual de los padres dominicos (y no es una casualidad que la mayor parte de los testimonios manuscritos de su obra provengan de ambientes dominicos). El Padre espiritual de Mechtilde es Enrique de Halle, el mismo dominico llamado a verificar la ortodoxia de la obra de Gertrudis entre 1289 y 1301. Mechtilde entró en Helfta en 1260 a edad avanzada; aquí encontró un ambiente cultural y espiritual con el cual congeniaba y comenzó a dictar sus visiones a sus hermanas, llegando a influenciarlas con su lenguaje amoroso heredado del mundo cortesano. La versión original de su obra: Das fließende Licht der Gottheit, en alemán medio-alto, se ha perdido; queda solo una traducción en lengua alemana, realizada por el dominico Juan Taulero entre 1343 y 1345, para el círculo de los Amigos de Dios de Basilea, conservada en el Cód. 227 de Einsiedeln, una recopilación miscelánea de autores místicos, entre los cuales también el Maestro Eckhart[15].

También la obra de Mechtilde de Hackeborn, maestra de Gertrudis, a la cual confía la transcripción de sus visiones, que recoge en el Liber Specialis gratiae (El libro de la gracia especial) tuvo una notable y articulada difusión, testimoniada por la rica tradición manuscrita, tanto como para ser identificada por algunos estudiosos como la donna Matelda (Señora Matilde) que acompaña a Dante en los últimos cinco cantos del Purgatorio[16]. La probable identificación de Matelda con Matilde de Hackeborn se basa en el influjo que su obra, junto con la de Mechtilde de Magdeburgo, tuvo sobre la concepción tardo-medieval del purgatorio[17]. Se ha demostrado que un escrito conocido por Boccaccio, en 1300, como Lode di Dama Matilde, era en efecto la vulgarización italiana de la obra de Matilde de Hackeborn.

La tradición manuscrita de la obra de la maestra de Gertrudis reserva también otras sorpresas interesantes: el Cod. 583 de San Gall, que contiene los primeros cinco libros del Liber Specialis Gratiae, datables en el siglo XIV, estaba en poder del dominico Juan Taulero, el mismo que tradujo al alemán a Matilde de Magdeburgo. El Cod. 458, conservado en Solothurn (Suiza), en alemán, compuesto para la meditación y la oración, proviene del convento de las dominicas de San Miguel de la Isla (San Michele all’Isola), en Berna y contiene numerosos extractos de los escritos de Gertrudis de Helfta y de Mechtilde de Hackeborn. El convento dominico de San Miguel de la Isla fue fundado en 1285 en Brunnadern, en las inmediaciones de Berna; en 1294 fue incorporado en la Orden de los Predicadores y transferido a una isla del Aar situada bajo el convento masculino de la Orden. Después de un incendio doloso en 1295 las monjas se establecieron en primer lugar en la ciudad nueva, y en 1327 en las cercanías del antiguo cementerio judío. Ya que no era posible realizar una estructura cerrada, hasta 1439 la vida religiosa podía desarrollarse solo en el ámbito de un beguinato.

Así también, para algunas obras de Gertrudis de Helfta la transmisión se produce a través de copistas de conventos que pertenecieron inicialmente a movimientos vecinos a la reforma de la vida religiosa en el siglo XIII, como en el caso del Cod. 973 de San Gall del 498, escrito por las hermanas de la Tercera Orden de San Francisco de Wonnenstein en Teufen, no lejos de San Gall que contiene las revelaciones místicas de la santa.

 

4. Para concluir

Nuestro recorrido hacia el descubrimiento de las Mulieres Sanctae de Helfta abre a una comprensión nueva de la obra de Gertrudis de Helfta, quien, además haber sido la autora de textos que relatan sus visiones, preparó también la redacción de las obras que transmiten las visiones de sus hermanas. No parece casual el hecho de que la carta de aprobación del Legatus traiga como primer lector de su obra al dominico Enrique de Halle, padre espiritual de Mechtilde de Magdeburgo, que impulsó a la santa beguina a transcribir sus visiones y después a recogerlas en seis volúmenes, redactados gracias a las monjas de Helfta. También la cercanía biográfica entre Gertrudis y Ángela de Foligno puede abrir a una relectura de la obra de la mística en clave teológica: ambas son de las pocas mujeres en el medioevo que gozaron del título de Theologa y Magistra Theologorum. Este dato debería hacer reflexionar sobre los ambientes de lectores de Gertrudis, todos cercanos a los dominicos, que habían adherido a la mística renana, como los de Ángela de Foligno a los Espirituales Franciscanos. El hecho de que las Mulieres sanctae de Helfta hayan sido redescubiertas por Dionisio el Cartujano a mediados del Quatrocento (siglo XV), para ser después definitivamente puestas como centro de atención de la vida espiritual del Cinquecento (siglo XVI), gracias a Juan Lanspergio, que publica en imprenta las obras de Gertrudis de Helfta, hace pensar que la mística de Gertrudis no queda confinada dentro de los muros de Helfta para la edificación de sus cohermanas, sino que después de 1289 -año en el cual comenzó la redacción de sus visiones- y el 1302 -año de su muerte-, sus escritos se fueron difundiendo dentro de los ambientes religiosos, incluso masculinos, donde se preparaba un renacimiento de la vida espiritual de la Iglesia, como los Amigos de Dios de Basilea, para los cuales el dominico Juan Taulero tradujo a Mechtilde de Magdeburgo, demostrando al  mismo tiempo conocer los escritos de las Mulieres Sanctae de Helfta. 

 

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Claudio U. Cortoni, OSBCam – Gertrudis de Helfta: de gramática a teóloga

 

 


[1] El retablo de Santa Gertrudis de la Iglesia del Real monasterio de San Clemente de Sevilla constituye un conjunto pictórico grandioso, de estilo barroco, fechable en los últimos años del siglo XVII. En el centro se encuentra el gran lienzo de Lucas Valdés, Santa Gertrudis en inspiración, de 1680. Rodeando el cuadro aparecen diversas escenas de la vida y visiones de Gertrudis. Este cuadro representa la recepción de las llagas de Cristo, según su propio relato: “Una vez encontré en un libro una breve oración con estas palabras: ‘(…) Graba, misericordiosísimo Señor, tus llagas en mi corazón con tu preciosa sangre, para leer en ellas tu dolor y tu amor. Permanezca en lo secreto de mi corazón su recuerdo para excitar en mí el dolor de tu compasión y se encienda el ardor de tu amor. Concédeme además que toda criatura me resulte despreciable y seas solo tú la dulzura de mi corazón’ (…) Estando inmersa en el recuerdo de estas cosas y sentí como si divinamente se me concediera a mí, indignísima, lo que había pedido en la oración citada. Es decir, advertí en espíritu, como grabados en un lugar real de mi corazón, los estigmas dignos de devoción y adoración de tus santísimas llagas. Con ellas curaste mi alma y me ofreciste la copa de tu dulce amor” (L II 4, 1 y 3).

[2] Claudio Ubaldo Cortoni, monje camandulense, bibliotecario del Sacro Eremo de Camandoli, es docente del Pontificio Ateneo San Anselmo en Roma en la especialización de Historia de la Teología y tiene a su cargo del curso de Teología de los Sacramentos en el Medioevo en la especialización Dogmático-Sacramentaria. Dicta también el curso sobre la Eucaristía en el Pontificio Instituto Litúrgico.

[3] Continuamos publicando la traducción de las actas Congreso: “LA “DIVINA PIETAS” E LA “SUPPLETIO” DI CRISTO IN S. GERTRUDE DI HELFTA: UNA SOTERIOLOGIA DELLA MISERICORDIA. Atti del Convegno organizzato da Istituto Monastico della Facoltà di Teologia Pontificio Ateneo Sant’Anselmo, Roma, 15-17 novembre 2016. A cura di Juan Javier Flores Arcas, O.S.B. Bernard Sawicki, O.S.B., ROMA 2017”, Studia Anselmiana 171, Pontificio Ateneo S. Anselmo, Roma 2017. Cfr. el programa del Congreso en esta misma página: http://surco.org/content/convenio-divina-pietas-suppletio-cristo-santa-gertrudis-helfta-una-soteriologia-misericordia. Traducido con permiso de Studia Anselmiana y del autor, por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso. 

[4] Peter Dinzelbacher habla de muchas semejanzas estructurales y temáticas en la obra de las tres monjas de Helfta, pero considerando que Gertrudis la Grande, de las tres, poseía la preparación humanística y teológica mejor, y era la copista y transcriptora de las otras dos cohermanas; dicha semejanza se debe con toda probabilidad por la tarea de edición de la joven Gertrudis; cf. Dinzelbacher, «Visioni e profezie», 656.

[5] El pasaje está tomado de la edición de Venecia del 1587: Vita della Beata Vergine Gertruda. Ridotta dal Reverendo Frate Giovanni Lanspergio Monaco della Certosa in cinque libri, Giolitti, Venezia 1586, 6-7.

[6] En referencia a su ingreso en el monasterio a la edad de cinco años.

[7] Entre los cartujos existía ya una consolidada tradición de mística femenina, como por ejemplo Beatriz de Ornacieux, monja de la Cartuja de Parménie, que muró en el 1303, el mismo año en el cual las obras principales atribuidas a Gertrudis de Helfta se comienzan a difundir; cf. D. Pezzini, «La Tradizione mistica in Europa», in Lo Spazio Letterario del Medioevo, 2, eds. G. Cavallo, C. Leonardi, E. Menestò, Salerno Editrice, Roma 1994, 672.

[8] El mismo Dionisio de Rijkel es más conocido como compilador de textos que recogen visiones, que como autor de escritos sobre sus propias visiones; cf. Dinzelbacher, «Visioni e profezie», 659.

[9] Cf. C. Leonardi, Il Cristo. Testi teologici e spirituali da Riccardo di San Vittore a Caterina da Siena, vol. 4, Fondazione Lorenzo Valla/Mondadori, Milano 20115, 291-293.

[10] Cf. J. Wawrykow, «Scolastica, Prima», in Agostino. Dizionario enciclopedico, ed. A. Fitzgerald [ed. ital. a cura di L. Alici-A. Pieretti], Città Nuova, Roma 2007, 1257-1262.

[11] Cf. R. Osculati, La teologia cristiana nel suo sviluppo storico, vol. 2, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1997, 125.

[12] Cf. C. Vagaggini, Il senso teologico della liturgia, Edizioni Paoline, 1958, 595.

[13] Cf. Dante Alighieri, Opere, ed. M. Santagata, vol. 2, Convivio, Monarchia, Epistole, Egloge, eds. G. Fioravanti-C. Giunta-D. Quaglioni-C. Villa-G. Albanese, Mondadori, Milano 2014, 1519; M. Mocan, L’arca della mente. Riccardo di San Vittore nella Commedia di Dante, Olschki, Firenze 2012.

[14] Cf. Dinzelbacher, «Visioni e profezie», 656.

[15] Cf. Mechthilde de Magdeburgo, Das fliessendeLichtderGottheit, Codex 277(1014), Einsiedeln, Pergamena, ff. 221, alemán, tercer cuarto del siglo XIV.

[16] Para la problemática identificación de Mechtilde de Hackeborn con donna Matelda cf. F. Forti, «Matelda», en Enciclopedia Dantesca (1970); www.treccani.it/enciclopedia/matelda (Enciclopedia-Dantesca [acceso: 19-02-2017]).

[17] Las visiones que condicionaron la idea del infierno y del purgatorio fueron las de Hildegarda de Bingen, Mechtilde de Magdeburgo, Gertrudis de Helfta y la beguina vienesa Inés Blannbekin; cf. Dinzelbacher, «Visioni e profezie», 679.