LA ORACIÓN: “O JESU DULCISSIME”

Santa Gertrudis y Santa Verónica, vitral de la iglesia de Corpus Domini, Monasterio de la Adoración Perpetua, Santiago de Chile.

 

Oliver Clément, osb

Bernardo Vregille, sj 

En la edición del Heraldo de Lanspergio[1] se encuentra una larga interpolación al capítulo 51 del Libro IV. Se trata de una oración a “Jesús dulcísimo”, pidiéndole que supla, con su ternura filial, el amor y el reconocimiento que nosotros no hayamos tenido hacia su Madre, tan llena de misericordia y de bondad[2].

He aquí el texto tal como figura en su lugar en la edición de Paquelin, pero revisado en base a la edición de Lanspergio[3]:

Hanc quoque suppletionem nos a benignissimo Redemptore nostro obtinere possumus hac vel simili oratione:

O Jesu dulcissime, per amorem quo pro nobis ex purissima Virgine incarnari et nasci dignatus es, ut pauperum tuorum defectus suppleres, obsecro te ut per dulcissimum Cor tuum virgineae Matri tuae supplere digneris omnes defectus, quos per negligentiam et ingratitudinem multipliciter admisi in servitio et honore tam benignae Matris, cujus maternam clementiam in necessitatibus meis mihi semper fateor promptissime adfuisse. Pro cujus condigna gratitudine offer, quaeso, illi, piissime Jesu, dulcissimum Cor tuum superabundans omni beatitudine, exhibens eidem in eodem omnem affectum tuum divinum, quo eam ab aeterno prae omni creatura gratuito in Matrem elegisti, praeservasti, creasti, omnibusque virtutibus et gratiis incomparabiliter decorasti; necnon omnem begnintatem qua ei unquam blanditus es in terris, cum te infantem in sinu suo foveret, omnemque fidelitatem, quam deinceps ei per omne tempus, quo cum hominibus conversatus es, filiali affectu exhibuisti, obediens ei in omnibus, sicut filius matri, qui es gubernator caeli, et specialiter in hora mortis, dum quasi proprii cruciatus oblitus, et ejus desolationi medullitus compassus, custodem eidem et filium, providisti; insuper affectum dignationis illius inaestimabilis, quo eam in die jucundissimae Assumptionis suae, super omnes choros Angelorum exaltasti, ac caeli terraeque Dominam et Reginam constituisti. Sicque redde eam, bone Jesu, mihi placabilem matrem, ac in vita et morte mea, piam advocatam et patronam.

También nosotros podemos obtener la reparación de nuestro benignísimo  Redentor, por medio de esta oración o por otra similar:

Oh dulcísimo Jesús, que por amor a nosotros te has dignado encarnarte y nacer de la Virgen purísima, para reparar las faltas de tus pobres, te suplico que por tu dulcísimo corazón te dignes suplir ante tu Madre Virginal todos los defectos que, por negligencia e ingratitud, muchas veces admití, en el servicio y honor de tan benigna Madre, cuya materna clemencia siempre se hiciera presente prontísimamente en mis necesidades. Para ofrecerle condigna gratitud, te ruego, bondadosísimo Jesús, que le ofrezcas aquel dulcísimo corazón tuyo, sobreabundante de toda beatitud, mostrándole en él todo tu afecto divino, por el cual desde toda la eternidad gratuitamente la elegiste a ella por Madre, sobre todas las creaturas, la preservaste, la creaste y la adornaste incomparablemente con todas las virtudes y gracias; sin omitir toda la benignidad con la cual has sido siempre tierno con ella en la tierra, cuando te llevaba, niño pequeño, en su seno; y toda la fidelidad que a continuación, durante todo el tiempo que conviviste entre los hombres, le manifestaste con afecto filial, obedeciéndole en todo como un hijo a su madre, tú que gobiernas el cielo. Y sobre todo a la hora de tu muerte, cuando, como olvidándote de tus propios tormentos, compadeciéndote profundamente de su desolación, le proveíste un custodio así como un hijo. Y por encima de todo aquel inestimable afecto de dignación por el cual, en el día de su muy gozosa asunción la exaltaste sobre todos los coros de los ángeles y la constituiste Señora y Reina tanto del cielo como de la tierra. Y así, oh buen Jesús, ella se vuelva para mí una dulce Madre, y, tanto en mi vida como en mi muerte, una tierna abogada y protectora. Amén.


[1] Publicamos aquí el Apéndice III al Tomo IV de la edición crítica de las obras completas de santa Gertrudis: Gertrude D’Helfta, Œuvres Spirituelles IV, L’Héraut [Livre IV] SCh N° 255, Paris, Les Éditions du Cerf, 1978, pp. 453-54. Traducido por la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso.

[2] Esta oración es en gran parte la transposición de un pasaje de L V 31, donde el tema es idéntico pero es Jesús quien se dirige a su Madre.

[3] El lugar exacto en que este texto aparece en la edición Lanspergio, seguida por la de Paquelin, es a continuación de L IV 51,8. La edición crítica de Sources chrétiennes no reproduce este texto en dicho lugar, sino al final del Libro IV, en Apéndice, como texto separado.