LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (1)

A los novicios[1].

Hermano novicio, hermana novicia, es para ti que he escrito este libro. Quisiera ayudarte a leer la Regla de san Benito [= RB]. Cuando entré en el monasterio hace cuarenta años, nuestro maestro de novicios, a quien este volumen está dedicado, nos pedía poner por escrito cada día lo que nos sugería el fragmento de la Regla leído a la comunidad. En latín en el capítulo de prima, en francés en la cena, escuchábamos con todos los monjes este fragmento del texto, que volvía a nuestros oídos tres veces al año. En cuanto a nuestra lectura personal, para hacerla menos distraída o superficial, se nos hacía redactar algunas líneas comentándolo. No se trataba de penetrar en todos los secretos del viejo texto, sino de asegurarnos que lo habíamos abordado con un mínimo de atención. Recuerdo haber hecho, día por día, mis dos primeras lecturas comentadas, sin otra fuente que mi espíritu, que ignoraba todo. La tercera vez, por consejo del maestro de novicios, leí a Dom Delatte y extraje algunas aclaraciones.

Es así que comencé a interesarme en la Regla. Al cabo de casi medio siglo, después de haberla considerado de muchas formas y desde varios puntos de vista, quisiera volver, en este pequeño volumen, a la simple lectura corriente de mi noviciado. Yo sería feliz si pudiera, como Dom Delatte me ha ayudado a mi, ser a mi vez una ayuda para ti.

Innumerables son las reflexiones que sugiere un texto como ese, sobre todo cuando se ha pasado toda una vida escuchándolo. Entre tantos pensamientos es necesario elegir. En este breve comentario, he ido a lo que me pareció más necesario. Para comprender lo que dice san Benito, se debe ante todo tener en cuenta lo que llena su espíritu y su corazón: la Palabra de Dios, la Escritura. Me he esforzado constantemente en poner en evidencia la trama escriturística de la Regla. Con Benito, no se debe preferir nada a Cristo, que habla en el Antiguo Testamento y en el Nuevo.

Después de esta luz primordial, me ha parecido indispensable hacer otra aclaración: la de la Regla del Maestro [= RM]. Escrita no lejos de Roma en el primer cuarto del siglo VI, es una obra tres veces más larga que nuestra Regla, y le proporciona casi toda su parte espiritual (Prólogo-cap. 7), y después un hilo conductor que sigue casi hasta su fin (caps. 8-66). Es una oportunidad excepcional poseer el borrador que usó san Benito para pasar en limpio su propia obra. ¿Habrá escrito él mismo, en la primera parte de su carrera, este trabajo gravemente defectuoso en ciertos aspectos, pero tan sobresaliente en tantos otros? En todo caso, el uso que ha hecho de ese texto, muestra su interés en él, e invita a compararlo sin cesar con lo que dice. Al ver cómo el santo utiliza este modelo, ya sea copiando, omitiendo, agregando o modificando, se asiste a la génesis de nuestra Regla y se comprenden mejor las intenciones de su autor.

Es por eso que encontrarás sin cesar, en este comentario, aproximaciones entre Benito y el Maestro. Sin entrar en muchos detalles, he querido indicar al menos someramente este telón de fondo que la obra del Maestro provee a la de san Benito. El interés de la comparación me parece evidente: en lugar de leer la Regla en forma aislada, se la ve en relieve, destacándose sobre ese fondo. Frecuentemente el texto del Maestro proporciona la explicación del de Benito. El primero permite en muchas ocasiones, en particular, comprender el nexo que une un capítulo con otro del segundo, cuya redacción más concisa ha eliminado muchas de esas relaciones.

Encontrando así, en este comentario, una primera orientación sobre las relaciones de Benito con el Maestro, podrás, si el corazón te lo dice, abordar directamente la larga y extraña Regla de donde ha surgido la nuestra. Muchos, leyendo esa obra sorprendente se preguntan si se trata de una legislación propiamente dicha, que apunta a las comunidades reales. Muchos pasajes parecen artificiales. Para conciliar esta impresión de utopía con otros hechos que denotan un fin práctico, es bueno recordar que la RM estaba destinada a ser leída sin cesar en el refectorio. Por lo tanto, ella tenía tanto un propósito didáctico como directivo. Largos o breves, los discursos que ella pone en boca del abad y los hermanos, no eran evidentemente para repetir tal cual en cada ocasión. Su objetivo era, más bien, indicar de una sola vez el sentido de las instituciones y acciones establecidas o prescriptas por la Regla.

Con el Maestro, he mencionado bastante frecuentemente otros autores antiguos, comenzando por aquel a quien san Benito, directamente o por intermedio de su predecesor, debe más: Juan Casiano. Nuevamente, la confrontación del texto benedictino con sus fuentes y paralelos es singularmente esclarecedora. Saliendo del aislamiento, deja de aparecer como un bloque errático y toma lugar en la gran tradición viva del monacato.

Abriendo estas ventanas sobre la literatura anterior o contemporánea, me he esforzado en sacar a luz la estructura del texto mismo. Si tengo éxito en dar o desarrollar el gusto por estos análisis, creo haber hecho un verdadero servicio. Ver cómo un texto es construido, de dónde parte el autor, hacia dónde va y por dónde pasa, es esa una investigación simple y al alcance de todos, indispensable e iluminadora. Nada favorece más esa atención a la palabra escrita, que es la condición de toda lectura fructuosa.

Hago una recomendación importante. Sobre todo, no leas este comentario antes del texto o después de él. Comienza por leer y releer el texto mismo, tomando tiempo para escuchar lo que él te dice y percibir los ecos que despierta en ti. Este primer contacto inmediato es irreemplazable. Es solo después de él, que podrá serte útil enriquecer tu comprensión y controlar tus reacciones recurriendo a las luces de los otros. Un comentario no está hecho para dispensar del estudio personal, sino para ayudarlo.

Puede ser que quedes decepcionado por no encontrar aquí, sino solo raras veces, una respuesta a las cuestiones que se presentan permanentemente a un lector moderno de la Regla: ¿qué hay que retener hoy, de este viejo texto? ¿Cuáles son los elementos perimidos y cuáles son los que permanecen siempre vigentes? No es que desconozca la legitimidad y la urgencia de semejantes cuestiones, pero no me siento calificado para responderlas. Está en cada superior definir con sus hermanos, lo que es aplicable de la Regla en el plano comunitario. En cuanto al impacto de ella en la vida personal del monje o de la monja, está en cada uno escuchar lo que Dios le dice, día a día a través de esta palabra, inspirada en la suya, que ha atravesado los siglos. Todo lo que el comentarista puede hacer es indicar discretamente su propia experiencia sobre tal o cual punto. Mi convicción personal es que la Regla puede y debe ser seguida, en ciertos aspectos, más exactamente de lo que es en el presente. La verdadera fidelidad, me parece, está en el esfuerzo valiente e inteligente por redescubrir tal o cual observancia fundamental, que ha desaparecido por el desgaste del tiempo.

Una palabra sobre la traducción de la Regla, que encontrarás en estas páginas. Ella es ingrata, te prevengo. Reproduciendo casi sin cambios la de la edición de Sources chrétiennes, sigue de cerca el texto latino, sin disimular nada de sus inconsecuencias gramaticales, repeticiones de palabras y otras debilidades literarias. Desagradable, la impresión que resulta de ella tiene sus beneficios: al mantener la obra en su modesto nivel cultural, esta traducción, casi un calco, le da un rostro más verdadero. Pero no quisiera que ella te cause rechazo o malestar. Si es este el caso, no dudes en seguir otra[2].

Este texto rugoso lo he cortado en secciones siguiendo la división tradicional, que permite leer la Regla entera, a razón de una sección por día, en el espacio de cuatro meses. Sin embargo, en algunos, casos he modificado ligeramente la división recibida, para hacerla coincidir con las articulaciones reales de la Regla. Sería de desear que se reforme la fragmentación tradicional, que no corresponde siempre con la estructura del texto[3].

Para terminar, qusiera desearte la gracia de una lectura paciente de la Regla. No todo es interesante a primera vista. En un texto antiguo como éste, muchas cosas no nos dicen nada aparentemente. Es necesario saber esperar, prestar atención a lo que no se entiende, entrar en las preocupaciones y en un lenguaje que no son los nuestros. Este comentario, lo verás, marca poca diferencia entre lo que nos habla hoy y el resto. Su presupuesto es que todo es interesante para quien sabe interesarse. Es saliendo de sí para escuchar al otro que se tiene chance para recibir algo. Mediante esta apertura atenta, paciente, respetuosa, la Regla será para ti, como el Evangelio de donde ella deriva, lo que ella ha sido para tantos monjes y monjas hasta nosotros. Un tesoro tan nuevo como antiguo.

 


[1] Comenzamos a publicar la traducción del libro del P. Adalbert de Vogüé, osb, Ce que dit saint Benoît. Une lecture de la Règle, Bégrolles-en-Mauges, Abbaye de Bellefontaine, 1991 (Collection Vie monastique. Série monachisme ancien, 25). Versión castellana del P. Pedro Gómez, osb (Abadía San Benito, Luján, Pcia. de Bs. As., Argentina). El P. de Vogüé falleció el 14 de octubre de 2011, y la presente obra estaba principalmente destinada a las y los formandas/os (N.d.T.).

[2] Hemos adoptado en nuestra traducción la versión castellana publicada por Eds. ECUAM, Florida (Pcia. de Bs. As.), 2010 (N.d.T.).

[3] Seguiremos esta división que propone el Autor del libro (N.d.T.).