LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (14)

El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen rebaño.

Ante todo no se preocupe de las cosas pasajeras, terrenas y caducas, de tal modo que descuide o no dé importancia a la salud de las almas encomendadas a él. Piense siempre que recibió el gobierno de almas de las que ha de dar cuenta. Y para que no se excuse en la escasez de recursos, acuérdese de que está escrito: “Busquen el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”, y también: “Nada falta a los que le temen” (Capítulo 2, versículos 30-36).

En este largo fragmento, solo la primera frase es del Maestro. Este comienza aquí su conclusión, repitiendo las primeras palabras del capítulo. También como en la introducción del capítulo, el recuerdo del sentido del “abad” es acompañado del anuncio del juicio (Lc 12,48), cuyo pensamiento va a llenar el final del texto.

Interrumpiendo este desarrollo apenas iniciado, Benito inserta dos parágrafos originales, uno que vuelve a tocar el tema de la diversidad de tratamientos, y otro que recomienda, de forma nueva, la subordinación de lo temporal a lo espiritual. La expresión común “dirigir las almas”, vincula los dos aspectos. Tomada de una frase del Maestro que encontraremos en el comienzo del fragmento siguiente, muestra que Benito medita aquí sobre el texto de su predecesor, como lo había hecho al final del Prólogo: “dirigir las almas” exige a la vez adaptación a los diferentes temperamentos y libertad en relación con las preocupaciones de la tierra. Cada una de estas dos notas se refiere, más o menos directamente, al tema general de la conclusión del Maestro, el del juicio, la primera hablando de ganancias y pérdidas en el rebaño confiado (cf. vv. 7 y 30), la segunda mencionando la “rendición de cuentas”.

Como toda autoridad según el Evangelio, el abadiato es un servicio, y, si es imposible servir a dos maestros, servir a una multitud no puede ser cosa fácil. En cuanto a la primacía de lo espiritual, Benito la funda en el Nuevo Testamento (Mt 6,33) y en el Antiguo (Sal 33 [34],10). Además, “pensar siempre en la rendición de cuentas”, es una máxima de la Regla de Agustín (Praeceptum VIII,3) que Benito combina con la cita del Maestro de la que hemos hablado (“dirigir almas”).