LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (15)

Sepa que quien recibe almas para gobernar, debe prepararse para dar cuenta de ellas. Tenga por seguro que, en el día del juicio, ha de dar cuenta al Señor de tantas almas como hermanos haya tenido confiados a su cuidado, además, por cierto, de su propia alma. Y así, temiendo siempre la cuenta que va a rendir como pastor de las ovejas a él confiadas, al cuidar de las cuentas ajenas, se vuelve cuidadoso de la suya propia, y al corregir a los otros con sus exhortaciones, él mismo se corrige de sus vicios (Capítulo 2, versículos 37-40).

Después de sus dos adiciones, Benito retoma la conclusión del Maestro, de la cual omite casi la mitad. Ya la Carta a los Hebreos decía a los responsables de la Iglesia: “Ellos velan por ustedes, como quien tiene que dar cuenta por las almas” (Hb 13,17). El Maestro piensa en estas palabras en su primera frase. Se encuentran ecos análogos en la Regla de Agustín y en el Testamento de Orsisio. Como el Maestro y Benito, este último advierte a los superiores de la Congregación pacomiana que ellos tendrán que dar cuenta a su vez de sí mismos y de sus actos (Testamento, 10-11). Sin embargo, nuestros autores agregan un precioso corolario: responsable de las ovejas, el pastor saca provecho personal de los esfuerzos que él hace por mejorarlas.

Estas últimas palabras del capítulo son muy significativas. “Corregirse de los vicios” es la más bella esperanza que el abad pueda tener sobre la tierra. Como el anacoreta (RB 1,5), los cenobitas y su jefe están en lucha perpetua contra “los vicios de la carne y de los pensamientos”. Solitaria o comunitaria, la vida monástica no es otra cosa que un combate para la purificación del alma, en vistas de liberarla enteramente para Dios.