LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (16)

Capítulo 3: Convocación de los hermanos a consejo

Al final de su segundo capítulo, el Maestro agregó al directorio espiritual del abad un apéndice concerniente a la gestión temporal del monasterio: para esto, el abad debe rodearse del consejo de los hermanos. Este simple apéndice al tratado del abad, en Benito se transforma en un capítulo independiente, que pone de manifiesto su interés por la cuestión reescribiendo completamente el texto de su predecesor, como lo hará en la parte legislativa de la Regla (caps. 8-66). En materia espiritual, se contenta con reproducir al Maestro con algunas modificaciones, pero cuando se trata de cuestiones prácticas, se toma el trabajo de redactarlas personalmente.

Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor.

Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia (Capítulo 3, versículos 1-6).

Para el Maestro, todo asunto temporal debía ser examinado por el consejo. En Benito, el carácter temporal de las materias tratadas aparece menos netamente, además se introduce una nueva distinción: no es para todo asunto que se reúne la comunidad entera, sino solamente para las cosas “importantes”. Con el mayor cuidado, además, la Regla reserva al abad toda iniciativa en el procedimiento y todo poder de decisión. Esta autoridad plena del superior no es una novedad, pero Benito la define más claramente que el Maestro.

Todos los hermanos, jóvenes y ancianos, deben ser convocados. Para justificar esta consulta universal, el Maestro invoca razones de buen sentido y equidad: la multiplicidad de opiniones es útil, lo temporal del monasterio pertenece a todos. La única motivación de Benito es puramente sobrenatural: “Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor”. Se piensa en las palabras de Jesús, dando gracias al Padre por haber “revelado estas cosas a los pequeños” (Mt 11,25).

Igualmente nuevas son las recomendaciones hechas a los hermanos sobre la manera de dar su opinión, y al abad sobre el deber que él tiene de tomar sus decisiones. La preocupación sobre la manera de hacer las cosas es característica de la Regla benedictina, el Maestro se contenta frecuentemente, como aquí, en decir lo que hay que hacer. Que la forma correcta de dar la opinión esté marcada por la humildad y la obediencia, no es una sorpresa, ya que ambas virtudes fueron objeto de adiciones de Benito al capítulo precedente.

En cuanto a la recomendación dirigida al abad, Benito la formula en términos  tomados del tratado del Maestro sobre el silencio, que encontraremos más adelante (RB 6,6). Pero, en lugar de dar una lección a los hermanos, esta fórmula sirve aquí para sermonear al abad. Mucho más que la otra regla, la de Benito se preocupa de las insuficiencias del superior. Vemos un primer ejemplo en este pasaje.