LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (28)

Luego, si “los ojos del Señor vigilan a buenos y malos”, y “el Señor mira siempre desde el cielo a los hijos de los hombres, para ver si hay alguno inteligente y que busque a Dios”, y si los ángeles que nos están asignados, anuncian día y noche nuestras obras al Señor, hay que estar atentos, hermanos, en todo tiempo, como dice el Profeta en el salmo, no sea que Dios nos mire en algún momento y vea que nos hemos inclinado al mal y nos hemos hecho inútiles, y perdonándonos en esta vida, porque es piadoso y espera que nos convirtamos, nos diga en la vida futura: “Esto hiciste y callé” (Capítulo 7, versículos 26-30).

Esta larga frase, que concluye el primer grado, dirige la atención sobre los fines últimos, pero hasta ahora se trata de algo de lo cual todavía no se ha hablado: el juicio. Es aquí que podemos llegar a escuchar a Dios decirnos: “Has hecho esto y callé” (Sal 49 [50],21). Aquí abajo, el Señor nos observa en silencio, con una mirada continua que discierne entre buenos y malos (Pr 15,3), buscadores de Dios y desviados (Sal 13 [14],2-3). La bondad de Dios, que le hace esperar nuestra conversión, ha sido celebrada ya en el Prólogo (RB Prol. 35-38).

Copiando simplemente lo que leyó en el Maestro, Benito se ha compenetrado tanto que lo repetirá en un fragmento que le es propio: la introducción al capítulo sobre la salmodia (RB 19,1-2). Para él, el oficio es el momento en que la fe en la presencia y en la mirada de Dios alcanza su punto de incandescencia.

El segundo grado de humildad consiste en que uno no ame su propia voluntad, ni se complazca en hacer sus gustos, sino que imite con hechos al Señor que dice: “No vine a hacer mi voluntad sino la de Aquel que me envió”. Dice también la Escritura: “La voluntad tiene su pena, y la necesidad engendra la corona” (Capítulo 7, versículos 31-33).

Este segundo grado nos hace entrar en la zona media de la escala, donde el Maestro y Benito se inspiran en los “indicios de humildad” de Casiano. Modificándolos bastante profundamente, el Maestro los ha enriquecido con una ilustración escriturística que acrecienta su atractivo: practicarlos no es solamente mostrar que se es humilde, sino también responder a los llamados divinos.

Estrechamente relacionado con el siguiente, este grado presenta la fase negativa de la obediencia antes de su aspecto positivo. Corresponde al primer “indicio” de Casiano: la mortificación de las voluntades. Sin embargo, a éstas agrega los deseos, que formaban ya con ellas, en el primer grado, una pareja de origen bíblico (Si 18,30; Gal 5,16-17).

En cuanto a las dos citas que fundan este despojamiento de todo deseo personal, su peso es muy desigual. La primera, que ya hemos encontrado (RB 5,13), no es nada menos que una frase de Cristo sobre sí mismo (Jn 6,38). La segunda, presentándose también como de la “Escritura”, viene en realidad de la Pasión de santa Anastasia, mártir venerada en Roma (Passio Anastasiae, 17). Sin duda, al reproducirla, san Benito no tiene conciencia de su origen no escriturístico. Atribuida por el relato a la mártir Irene, esta cita agrega a la frase y el ejemplo de Cristo el testimonio de una discípula que lo ha seguido hasta la muerte.