LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (31)

El sexto grado de humildad consiste en que el monje esté contento con todo lo que es vil y despreciable, y que juzgándose obrero malo e indigno para todo lo que se le mande, se diga a sí mismo con el Profeta: “Fui reducido a la nada y nada supe; yo era como un jumento en tu presencia, pero siempre estaré contigo” (Capítulo 7, versículos 49-50).

El séptimo indicio de Casiano, reproducido por el Maestro[1] casi tal cual, consistía en aceptar los objetos más viles (alimento, vestimenta, calzado, etc), sin reclamar otra retribución por un trabajo manual que merece mucho más. Tema común de los cenobitas egipcios (Instituciones 4,14), esta inadecuación flagrante entre el salario y el trabajo, puede interpretarse en términos de humildad, teniéndose el monje por un “siervo inútil”, según el Evangelio (Lc 17,10).

Cambiando una palabra, Benito modifica el alcance del texto. En lugar de objetos “suministrados” (praebentur), habla de cosas “mandadas” (iniunguntur). Por esta alteración, el sexto grado se convierte en una prolongación de los grados 2-4: de nuevo se trata de la obediencia. Esta, lo sabemos, debe ser total (grado 3) y soportar cualquier injusticia (grado 4). En el presente texto, Benito especifica que el monje debe aceptar las tareas más viles y considerarlas como demasiado buenas para él.

La cita escriturística del Maestro (Sal 72 [73],22-23) se presta tanto al nuevo sentido como al antiguo. Más allá del sentimiento de ser reducido a nada, ella habla magníficamente del único deseo del monje: estar siempre con Dios.

 


[1] “Después el discípulo asciende el sexto grado de humildad en la escala del cielo, si está contento con todo lo que es vil y despreciable, y que juzgándose obrero malo e indigno para todo lo que se le mande, se diga a sí mismo con el profeta: Fui reducido a la nada y nada supe; yo era como un jumento en tu presencia, pero siempre estoy contigo (Sal 72 [73],22-23)” (RM 10,66-67); cf. Casiano, Instituciones, 4,39,2 (N.d.T.).