Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (55)

Capítulo vigésimo noveno: Si los monjes que se van del monasterio deben ser recibidos de nuevo

El hermano que se fue del monasterio por su propia culpa, y quiere luego volver, comience por prometer una total enmienda de lo que fue causa de su salida. Se le recibirá entonces en el último grado, para que así se compruebe su humildad. Mas si vuelve a salir, recíbaselo de igual modo hasta una tercera vez, sabiendo que, en adelante, toda posibilidad de retorno le será denegada (Capítulo 29, versículos 1-3).

En el Maestro, el problema de la readmisión de los que salieron, no forma parte del código penal. Es en otra sección de la Regla, a propósito de las salidas y los viajes, que se consideraba de paso el caso de los apóstatas (RM 64). La cuestión que preocupaba al Maestro era: ¿Cuántas veces conviene recibir al hermano que ha salido? Refiriéndose al Evangelio (Mt 18,15-17), respondió del siguiente modo: hasta tres veces. El principio de las tres advertencias -a solas, frente a testigos, en presencia de la Iglesia- recibió así una aplicación nueva: tantas oportunidades de corrección ofrecidas al culpable antes de la excomunión, como chances de reintegración ofrecidas al apóstata antes de la exclusión definitiva.

Si Benito ubica este pequeño capítulo, casi tan largo como el del Maestro, al final de su código penal, es porque la salida de los monjes pecadores le preocupa muchísimo. Para él, el apóstata (aquel que abandona la vida religiosa) parece confundirse con el expulsado del cual acaba de hablar. Parecía que se había hecho todo, lo posible y lo imposible, para salvar a ese pecador obstinado. Pero después de su partida, puede volver. Benito, retoma así su esfuerzo pastoral. La cuestión del número de readmisiones pasa a un segundo plano. En una palabra, la regulará, omitiendo todas las justificaciones del Maestro. Lo que le preocupa, ante todo, es la reeducación del culpable, y en vista de asegurarla toma dos medidas ausentes en la otra Regla: exigirá una promesa de enmienda, y le impondrá el último lugar.

Este capítulo es, por lo tanto, una prueba nueva e insigne de la preocupación pastoral que anima todo el código benedictino. Regulado por el Maestro de forma jurídica, en vistas del buen orden, el caso del apóstata es aquí tratado desde un punto de vista educativo, en vista de la salvación de las almas. La enmienda del vicio que se hace prometer al hermano readmitido es la finalidad constante del código penal, o de la Regla entera. En cuanto a la humildad, que se pone a prueba al ubicar al monje en el último rango, es el punto decisivo de esta pastoral de los pecadores, como de toda la pedagogía de la Regla: más arriba, Benito veía la salvación en la “humilde satisfacción”, y en el “arrebato de orgullo” el colmo del mal. La fijación del número de veces que el monje puede volver, adquiere en Benito consecuencias educativas: sabiendo que no será readmitido nuevamente, el hermano estará más atento.

Al prescribir que quien es readmitido no recupere su lugar de profesión, Benito recuerda, tal vez, la Regla pacomiana (Preceptos, 136). Pero es sobre todo fiel a su hábito de utilizar el orden monástico con fines espirituales. La comunidad del Maestro no tenía rangos fijos. La de Benito, por el contrario, está ordenada siguiendo la antigüedad. El legislador la tiene muy en cuenta y la hace prevalecer a veces, como vemos aquí, para el bien de las almas.

Limitar el reingreso a tres veces, ¿no es olvidar que se debe perdonar al hermano setenta veces siete? Benito no se explica sobre este punto, pero sabemos por el Maestro que su límite no es una simple regla de prudencia humana, protegiendo a la comunidad contra una perturbación crónica. Sugerida por una cita del Evangelio, esta medida intenta resolver el problema según la voluntad de Cristo. Explícitamente en la mayor parte de los casos, o implícitamente como aquí, la Regla se funda siempre en la palabra de Dios.