Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (73)

Capítulo cuadragésimo quinto: Los que se equivocan en el oratorio

Muy semejantes, este breve capítulo y el siguiente se relacionan claramente, por el tema de la satisfacción, con lo que se ha dicho respecto de los que llegan tarde y los excomulgados. Además, las faltas que sancionan -equivocarse en el oratorio, romper un objeto- son mencionadas, junto con los retrasos, al inicio en la lista formulada por Casiano a propósito de la disciplina penitencial de los cenobitas egipcios (Instituciones 4,16,1). Esta enumeración de Casiano puede haber sugerido a Benito unir al capítulo de los que llegan tarde estos otros dos sobre las faltas en la salmodia y la rotura de objetos.

Si alguno se equivoca al recitar un salmo, un responsorio, una antífona o una lectura, y no se humilla allí mismo delante de todos dando satisfacción, sométaselo a un mayor castigo, por no haber querido corregir con la humildad la falta que cometió por negligencia. A los niños, empero, pégueseles por tales faltas (Capítulo 45, versículos 1-3).

En Casiano, la rotura precede a los errores en la salmodia. En Benito, primero se encuentran estos últimos, porque la obra de Dios es lo principal.

Como antes en Egipto (Instituciones 3,7,1), la negligencia se repara por medio de la humildad. Feliz falta, se está tentado de decir, que invita a practicar la virtud mayor de la Regla.

Los niños que no satisfacen espontáneamente su falta sufren un castigo corporal, conforme al principio establecido en el código penal (RB 39,2-3). Allí, los golpes prescritos para los hermanos muy jóvenes o poco inteligentes reemplazan la pena espiritual de la excomunión. Es en ésta sin duda que piensa Benito al hablar de “un castigo mayor” que se inflige a los adultos. Habitualmente, las advertencias lo preceden. Aquí, parece castigar al culpable de forma inmediata. Faltar a la humildad es siempre para un monje una falta grave, pero cuando ella se comete en el oratorio, donde todo recuerda la presencia de Dios, ofende más gravemente a Cristo, humilde de corazón.