Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (78)

Capítulo cuadragésimo octavo: El trabajo manual de cada día (tercera parte)

El domingo dedíquense también todos a la lectura, salvo los que están ocupados en los distintos oficios. A aquel que sea tan negligente o perezoso que no quiera o no pueda meditar o leer, encárguesele un trabajo, para que no esté ocioso.

A los hermanos enfermos o débiles encárgueseles un trabajo o una labor tal que, ni estén ociosos, ni se sientan agobiados por el peso del trabajo o se vean obligados a abandonarlo. El abad debe considerar la debilidad de éstos (Capítulo 48, versículos 22-25).

En el Maestro, la lectura era una de las ocupaciones que se ofrecían en el domingo, día de reposo en el que se podía dormir después de la gran vigilia nocturna (RM 75). Benito, cuyas vigilias dominicales son relativamente breves, se muestra más exigente: todos, el domingo, se ocupan en la lectura. El día del Señor se debe pasar con el Señor. Los monjes han sido entre los primeros en descansar el domingo.

Más severo incluso que el del Maestro (RM 50,76) es el juicio de Benito respecto de los hermanos incapaces de leer. Él los califica de “perezosos”, término que recuerda el vicio fundamental del hombre alejado de Dios, tal como se lo representa al inicio del Prólogo (RB Prol. 2). Entonces se trataba de la desobediencia al Señor, al modo de Adán. Ahora la pereza consiste en no ponerse a la escucha de la palabra divina, que resuena en las santas Escrituras.

Es también en el Prólogo que hace pensar la preocupación de no poner en fuga a tal o tal. Allí Benito se dirigía al postulante (RB Prol. 48). Aquí le habla al abad. Esta preocupación por los débiles, que nunca le abandona -la acaba de exponer al inicio del capítulo (RB 48,9)-, pone una nota personal en estas últimas recomendaciones, en que sigue de cerca al Maestro (RM 50,75-78).

En la sección precedente, hemos reconocido al pasar la palabra de Pablo a Timoteo: “Dedícate a la lectura” (1 Tm 4,14). Cuando Benito dice ahora: “Dedíquense todos a la lectura” (RB 48,22), se piensa en otra expresión paulina: “Dense a la oración” (1 Co 7,5). Para poder dedicarse a la oración, Pablo preveía la separación momentánea de los esposos. Para poder vacar a la divina lectura, también es necesario separarse de las preocupaciones de los trabajos de este mundo. Feliz el monje que, por la gracia de Dios, se obliga a tomar cada semana y cada día tales “vacaciones”.