Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (80)

Capítulo quicuagésimo: Los hermanos que trabajan lejos del oratorio o están de viaje

Los hermanos que trabajan muy lejos y no pueden acudir al oratorio a la hora debida, y el abad reconoce que es así, hagan la Obra de Dios allí mismo donde trabajan, doblando las rodillas con temor de Dios.

Del mismo modo, los que han salido de viaje, no dejen pasar las horas establecidas, sino récenlas por su cuenta como puedan, y no descuiden pagar la prestación de su servicio (Capítulo 50, versículos 1-4).

Las dos cuestiones reunidas en este corto pasaje son objeto de capítulos distintos en el Maestro (RM 55-56). Por encima del tratado sobre la Cuaresma, ellas se relacionan con el empleo del tiempo indicado en el capítulo precedente: después de haber regulado las interferencias de las ocupaciones y del oficio para los hermanos que se encuentran en el lugar, ahora se ocupa de aquellos que están ausentes a causa del trabajo o de los desplazamientos.

La otra Regla dispensaba muy fácilmente del oficio en el coro: todo hermano que trabaja a más de cincuenta pasos (75 metros) del oratorio debía permanecer allí donde estaba y rezar por su cuenta. El motivo de esta dispensa, tan amplia, era que se reunían en un abrir y cerrar de ojos y cualquier retraso era sancionado. Por eso, toda distancia, incluso mínima, obligaba a una prisa malsana si se quería llegar a tiempo.

Habiendo suavizado las sanciones por las tardanzas y disminuido la rapidez de las reuniones -en ocasiones hay hasta dos señales antes de un oficio (RB 48,12)-, Benito se muestra más exigente por la presencia en el oficio común. Solo están dispensados aquellos que trabajan “muy lejos” del oratorio -un caso no considerado por el Maestro que prohibía el trabajo en el campo-, pero posible en Benito, que admitía distintos géneros de trabajos (RB 48,7). La distancia para motivar la dispensa no es fijada por la Regla, sino dejada al juicio del abad, cuya autorización es necesaria en cada caso.

En cuanto a los viajeros, Benito reduce a un principio simple las normas detalladas de su antecesor: se hace como se puede, siendo lo esencial celebrar la hora. En efecto, el oficio no es solamente un acto comunitario, al cual se está obligado cuando alguien se encuentra en comunidad. Es para cada uno una obligación personal, derivada de su propósito de orar sin cesar.

Con la abstinencia, Benito colocaba la oración en la “prestación de nuestro servicio”, a la cual debemos agregar algo en Cuaresma (RB 49,5). Retomando aquí la misma expresión (servitutis pensum), aplicada a la oración del oficio, Benito evoca de nuevo al antiguo esclavo, obligado a proporcionar cada día un “pensum” de trabajo determinado. El oficio es un deber personal del servidor de Dios que es cada monje.

Esta tarea, se debe cumplir con “temor divino” como se dice más arriba. Es también “con temor” que Benito quiere que se lea o cante en el coro (RB 47,4). ¡Feliz quien percibe la grandeza de Dios!