Inicio » Content » LO QUE DICE SAN BENITO. UNA LECTURA DE LA REGLA (81)

Capítulo quincuagésimo primero: Los hermanos que no viajan muy lejos

El hermano que es enviado a alguna diligencia, y espera volver al monasterio el mismo día, no se atreva a comer fuera, aun cuando se lo rueguen con insistencia, a no ser que su abad se lo hubiera mandado. Si obra de otro modo, sea excomulgado (Capítulo 51, versículos 1-3).

De las múltiples cuestiones que el Maestro trató a propósito de la comida de los hermanos que están de viaje, Benito retiene solamente esta y la simplifica en la misma medida que su antecesor la había complicado. En la otra Regla, la autorización de comer fuera dependía de muchas circunstancias: días de la semana, calidad del que invitaba (monje, laico ordinario o persona piadosa), invitación más o menos repetida e insistente (en nombre de la caridad o por una promesa). Una casuística muy elaborada tomaba en cuenta todas estas variables, sin contar la duración del viaje, que influía sobre la elección de la hora de la comida (RM 61).

Salteando todas estas consideraciones, Benito deja la cuestión a juicio del abad. En lugar de ser definida de antemano por la Regla, la conducta a asumir es decidida en el momento por el superior. Un texto escrito no puede prever todo, más vale remitirse a la prudencia de vida del superior. En principio, si se sale solo por una jornada, no se debe comer fuera. Las excepciones son las tareas encomendadas por obediencia. Ya la Regla agustiniana había formulado esta solución simple (Ordo monasterii 8). Benito agrega solamente, como suele hacerlo, una sanción, que faltaba en la Regla del Maestro y en Agustín.

Si el monje no debe comer fuera, es porque habiendo roto con la sociedad para entregarse a Dios, está como lo dice Evagrio, “separado de todos y unido a todos” (De oratione 124). Paradojalmente, para él la separación es condición para la unión.