¿QUÉ SIGNIFICA SER MONJA O MONJE CRISTIANO?

 
La vida de la monja o del monje está estructurada sobre tres elementos que serían como las patitas de una olla: la oración, el trabajo y la reflexión.
 
Estos tres elementos -reflexión, trabajo y oración-, se dan en un contexto concreto que es el de la comunidad. Que no es simplemente el lugar donde se encuentran personas que tienen distintos trabajos. El hecho de vivir en una comunidad es muy importante.
 
Oración, trabajo y reflexión, en un ambiente que es la comunidad, y donde no nos auto seleccionamos por simpatía o antipatía, sino que se van incorporando las personas que se sienten llamadas al seguimiento de Cristo en esta vida. Pueden venir personas con criterios muy diferentes, de extracciones distintas, habiendo hecho opciones políticas a veces totalmente opuestas, y podrán seguir opinando de la manera como opinaban antes y conviviendo.
 
 
Las grandes ilusiones de la vida monástica cristiana
 
El monje tiene tres grandes ilusiones: busca una comunidad donde se reza, donde se quieran sus miembros entre sí y donde se vibra con lo que le pasa a la gente.
 
 
Las características principales del seguimiento de Cristo en la vida monástica cristiana son: orante, fraterna, fraterno y comprometida.
 
 
Vida monástica como misión. El sentido de la renuncia
 
La vida monástica cristiana es imposible entenderla si se la mira sólo desde la renuncia. Es muy fácil de comprenderla si la mira desde el punto de vista de la misión. Por ejemplo, si estamos frente a diez caminos posibles y le decimos que no a uno, todavía quedan nueve. Pero si a uno de esos diez le decimos que sí, le decimos que no a los otros nueve.
 
 
Encierra más renuncia un sí, que un no... Es como esa mujer que le dice al muchacho: “¿Usted quiere que yo sea su suegra?”. “No -le contesta el muchacho-, yo lo que quiero es casarme con su hija, pero si me caso con su hija no me queda otra que admitir que usted sea mi suegra”.
 
Lo que Cristo quiso fue aceptar la voluntad del Padre, por eso aceptó la cruz. Pero Cristo nunca exigió la cruz. Dijo: ‘”El que quiera seguirme...”. Pero no dijo: “Renuncien porque así van a ser grandes”.
 
 
El silencio
 
Hay gente que cree que el silencio es estar callado, pero a una monja o a un monje cristiano no le interesa esa clase de silencio: el verdadero silencio es el de la persona que está a la escucha.
 
 
No se está en silencio por no hablar; estamos en silencio si estamos a la escucha. Lo importante no es no hablar. Lo que importa es que sepamos escuchar. El silencio de la monja o del monje no se cualifica porque no hablan; hay personas hurañas que no hablan y no por eso son monjas o monjes. Pero en una comunidad monástica cristiana donde las cosas andan bien, hay una permanente comunicación. El silencio fecundo es el de la persona que está a la escucha.
 
 
La vida monástica cristiana como compromiso
 
 
La monja o el monje cristiano son personas que buscan a Dios por donde Él haya dejado la huella: en la historia, en la Biblia, en la naturaleza, en el enfermo, en el pecador... La contemplación cristiana necesita ojos dilatados y oídos abiertos.