SANTA PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

“Noli me tangere”, óleo sobre tela, Correggio (Antonio Allegri - 1486-1534).

 

Jesús le dijo: “Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn 20,17).

 

Te poseo por el amor, oh Jesús amante,

y no te soltaré jamás[1],

porque tu bendición no me basta de ninguna manera[2]

si no es teniéndote personalmente

y si no te poseo como la mejor parte[3],

tú que eres toda mi esperanza y espera.

 

Oh amor, vida que das vida,

en el vivificante Verbo de Dios que eres, vivifícame;

y todo lo que en mi amor de Dios

está destruido y apagado, restáuralo.

Oh Dios amor que me has creado,

vuélveme a crear en tu amor.

Oh amor, que me has redimido:

todo lo que he perdido de tu amor por mi negligencia,

súplelo y restáuralo en mí.

 

Oh Dios amor,

que en la sangre de tu Cristo me has adquirido para ti[4]:

santifícame en la verdad[5].

Oh Dios amor, que me has adoptado como hija:

edúcame, según tu corazón, edúcame.

Oh Dios amor

que me has elegido para ti y para nadie más:

haz que me una completamente a ti.

Oh Dios amor, que me has querido gratuitamente:

concédeme quererte con todo mi corazón,

con toda mi alma y con todas mis fuerzas[6].

 

Oh Dios amor, infinitamente poderoso, consolídame en tu amor:

Oh amor infinitamente sabio, concédeme amarte con sabiduría.

Oh amor infinitamente dulce, concédeme gustarte suavemente.

Oh amor infinitamente querido, concédeme vivir sólo para ti.

Oh amor infinitamente fiel, consuélame y ampárame en toda tribulación.

Oh amor infinitamente compasivo, realiza en mí todas mis obras[7].

Oh amor infinitamente victorioso, concédeme perseverar en ti hasta el final.

Oh amor infinitamente tierno, que nunca me has abandonado:

a ti encomiendo mi espíritu[8].

A la hora de la muerte, recíbeme,

llamándome con tu propia boca y diciéndome:

“Tú estarás hoy conmigo[9]

Sal ya del exilio,

hacia el solemne Mañana de la eternidad que no pasa jamás.

Allí me encontrarás, a mí, Jesús,

el verdadero Hoy de la claridad divina,

que soy el principio y el, fin de toda criatura[10].

No conocerás más el Mañana de aquí abajo,

donde todo está sujeto a cambio;

En mí, el verdadero Hoy, poseerás el eterno Hoy.

Así como vivo yo, vivirás en mí, Jesús,

Dios que te quiere,

en la alegría de una felicidad sin fin”.

Que digan Amén todas las energías,

los sentidos y los movimientos de mi cuerpo y de mi alma.

Santa Gertrudis, Ejercicio V



[1] Cfr. Jn 20,17.

[2] Gn 32,26.

[3] Lc 10,42.

[4] Hch 20,28.

[5] Jn 17,17.

[6] Rm 3,24; Lc 10,27.

[7] Is 26,12.

[8] Lc 23,46.

[9] Lc 23,43.

[10] Ap 1,8.