TEXTOS PARA LA VIDA MONÁSTICA CRISTIANA (107)

La multiplicación de los panes y los peces. Hacia 330-339. Sarcófago de Marcus Claudianus. Roma.

 

LOS APOTEGMAS DE LAS MADRES Y LOS PADRES DEL DESIERTO

Letra Pi

ABBA PASTOR (continuación)

175. Abba Pastor dijo: “Si un hermano te viene a visitar y tú ves que su visita no te aprovecha, busca en tu espíritu qué pensamiento tenías antes de su llegada, y sabrás entonces cuál es la causa de esta inutilidad. Si haces esto con humildad y atención serás irreprochable con tu prójimo, soportando tus propios defectos. Porque dondequiera el hombre ponga su asiento, si lo hace con reverencia, no falta, puesto que Dios está en su presencia. Veo que por esto el hombre adquiere el temor de Dios”.

176. Dijo también: “El hombre que tiene un niño que vive con él, y que es inducido por éste a una pasión cualquiera del hombre viejo, y a pesar de eso lo retiene con él, es semejante a un hombre que tiene un campo comido por los gusanos”.

177. Dijo también: “La malicia de ningún modo extingue la malicia; pero si alguien te hace daño, hazle el bien. Porque por el bien hecho destruyes la malicia”.

178. Dijo también: “Cuando David combatía con el león lo asió por la garganta y lo mató al instante (1 S 17,35). Si nosotros tomamos también nuestra garganta y nuestro vientre venceremos, con la ayuda de Dios, al león invisible”.

179. Un hermano interrogó a abba Pastor diciendo: “¿Qué puedo hacer porque la pasión viene hacia mí y me turba?”. El anciano le dijo: “La violencia hace que los pequeños y los grandes sean turbados”.

180. Decían acerca de abba Pastor que vivía en Escete con sus dos hermanos, y que el más joven los mortificaba. Así que le dijo al otro hermano: “Este joven nos paraliza, levantémonos y vayámonos de aquí”. Partieron, abandonándolo. Al ver que tardaban, comprendió que se habían marchado lejos y comenzó a correr tras ellos gritando. Abba Pastor dijo: “Esperemos al hermano, que está fatigado”. Cuando hubo llegado a ellos, hizo la metanía diciendo: “¿Adónde iban, dejándome solo?”. El anciano le dijo: “Porque nos afliges, por eso nos marchamos”. Él les dijo: “Sí, sí, vayamos juntos adonde quieran ustedes”. Viendo el anciano su sencillez, le dijo a su hermano: “Volvamos, hermano, puesto que no obra así voluntariamente, sino que el diablo es el que lo impulsa”. Y regresaron a su lugar.

181. El higúmeno de un cenobio interrogó a abba Pastor diciendo: “¿De qué modo puedo alcanzar el temor de Dios?”. Abba Pastor le dijo: “¿Cómo podemos alcanzar el temor de Dios cuando tenemos los vientres llenos de queso y de conservas?”.

182. Un hermano interrogó a abba Pastor diciendo: “Abba, había dos hombres, uno era monje y el otro seglar. Una tarde, el monje decidió que dejaría el hábito al llegar la mañana, y el seglar que se haría monje. Ambos murieron esa misma noche. ¿Cómo serán considerados ellos?”. El anciano le respondió: “El monje murió monje, el seglar murió seglar. Partieron en el estado en que se encontraban”.

183. Abba Juan dijo: “Fuimos un día desde Siria a ver a abba Pastor para interrogarlo sobre la dureza del corazón. El anciano no sabía griego y no se encontró intérprete. Así, pues, viéndonos afligidos, comenzó a hablar en lengua griega, diciendo: La naturaleza del agua es suave, mas la de la piedra es dura. Pero si se suspende un recipiente que deja caer agua sobre la piedra, poco a poco la perfora. Del mismo modo, la palabra de Dios es suave y nuestro corazón, duro; sin embargo, cuando el hombre oye con frecuencia la palabra de Dios, se abre su corazón al temor de Dios”.

184. Abba Isaac vino a ver a abba Pastor y lo encontró lavándose los pies. Como le hablaba con libertad, le dijo: “¿Cómo es que otros practican la austeridad y tratan duramente a su cuerpo?”. Abba Pastor le dijo: “Nosotros no hemos aprendido a matar nuestro cuerpo, sino las pasiones”.

185. Dijo también: “Hay tres cosas de las que no puedo privarme: comida, vestido y sueño; pero puedo restringirlas en parte”.

186. Un hermano interrogó a abba Pastor con estas palabras: “Como muchas legumbres”. El anciano le dijo: “Eso no te aprovecha; come tu pan con unas pocas legumbres; y no vayas a tu casa paterna a causa de la necesidad”.

187. Se decía de abba Pastor que si algunos ancianos estaban sentados junto a él hablando de los ancianos, y se nombraba a abba Sisoes, él decía: “Guarda silencio sobre abba Sisoes, pues todo lo suyo va más allá de lo que puede ser dicho”.

188. Dijo también: “enseña a tu corazón a guardar lo que tu lengua enseña”.

189. Preguntó un hermano a abba Pastor, diciendo: “Pierdo mi alma junto a mi abba, ¿permaneceré todavía con él?”. Vio el anciano que sufría daño, y se asombró de que le preguntase si debía permanecer. Le respondió el anciano: “Si quieres puedes quedarte”. Se fue de allí y quedó con su abba. Otra vez vino, diciendo: “Pierdo mi alma”. Y el anciano dijo: “Vete”. Por tercera vez vino, diciendo: “Ya no me quedo más con él”. Abba Pastor le dijo: “Pues que ahora sí que te salvarás. No vivas más con él”. Dijo el anciano: “Cuando uno ve que pierde el alma ¿qué necesidad tiene de preguntar? Se pregunta acerca de los pensamientos ocultos, y los ancianos tienen que probarlos, pero sobre los pecados manifiestos no hay necesidad de preguntar, sino que se los debe cortar en seguida”.

190. Dijo abba Pastor que abba Pafnucio era grande, y se refugiaba en las pequeñas liturgias.

191. Preguntó un hermano a abba Pastor: “¿Cómo debo comportarme en el lugar en que habito?”. Le respondió el anciano: “En el lugar en que habitas piensa que eres extranjero, de esa manera no pretenderás hacer gala de tu palabra y tendrás la paz”.

192. Dijo también: “Esta voz grita al hombre hasta su último aliento: ¡Conviértanse hoy!”.

193. Dijo él mismo: «David escribió a Joab: “Continúa la lucha. Te apoderarás de la ciudad y la saquearás” (2 S 11,25). La ciudad es el enemigo».

194. Dijo también: «Joab habló así al pueblo: “Sean valientes e hijos de la fuerza y combatiremos por el pueblo de nuestro Dios” (2 S 13,28 y 2 R 10,3). Estos hombres somos nosotros».

195. Dijo también: “Si Moisés no hubiera llevado sus ovejas a Mandra, no hubiera visto al que estaba sobre el arbusto (Ex 3,1-2)”.

196. Preguntó un hermano a abba Pastor, diciendo: “¿Cómo estás ahora en este lugar?”. Le respondió: “Quise que si yo me perfeccionaba en Escete, también mis hermanos lo hicieran, y aquí estamos”.

197. Dijo también: “Lo que el hombre ve y no practica, ¿cómo podrá enseñarlo a su prójimo?”.

198. Dijo también: “El hombre que vive con un compañero, debe ser como una columna de piedra. No se enoja si es insultado y no se exalta si es alabado”.

199. Dijo también: “No puede el hombre conocer las potencias exteriores, pero si entran en él, las combate y expulsa”.

200. Dijo también: “No prever lo que sucede, nos impide progresar hacia lo que es mejor”.

201. Dijo también: “No abras tu conciencia al hombre en quien no confía tu corazón”.

202. Dijo abba Pastor: “Digo que en el lugar en que hay batalla, hay que militar”.

203. Oyó hablar abba Pastor acerca de uno que ayunaba la semana entera, pero se encolerizaba. Dijo el anciano: “Aprendió a no comer durante la semana y no aprendió a expulsar la ira”.

204. Dijo abba Pastor: “Esta es la razón por la que estamos en grandes dificultades: que no nos preocupamos de nuestro hermano, como la Escritura nos enseña a hacerlo. Y también, porque no tenemos presente a la mujer cananea, que seguía al Salvador gritando y suplicándole que sanase a su hija, y el Salvador aceptó y la tranquilizó (Mt 15,27)”.

205. Dijo abba Pastor: “Si el alma se aleja de quien ama discutir sobre palabras, y del desorden y confusión humanas, llegará a ella el Espíritu de Dios y entonces podrá engendrar, aunque sea estéril”.

206. Preguntó un hermano a abba Pastor, diciendo: “¿Cómo tienen que vivir los cenobitas?”, y el anciano le respondió: “El que permanece en el cenobio debe ver a todos los hermanos como si fueran uno solo, y custodiar su boca y sus ojos; y descansará sin preocupaciones”.

207. Dijo abba Pastor acerca de los hijos de Semeí (1 R 2,39-40): “La materia es la justificación de sí mismo; esto destruye al que la adquiere”.

208. Preguntó un hermano a abba Pastor, diciendo: “¿Qué haré con mis pecados?”. Le dijo el anciano: “Llora en tu interior, pues la liberación de los pecados y el nacimiento de las virtudes se hacen, ambos, por la compunción”.

209. Dijo también: “Llorar es el camino que nos ha trasmitido la Escritura y nuestros padres”.

210. Un hermano fue adonde estaba abba Pastor y le dijo: “¿Qué haré?”. Le dijo el anciano: “Ve y acércate a aquel que dice: ‘¿Qué es lo que busco?’, y tendrás el descanso”.