Inicio » Content » LA VISIÓN COMO INTERTEXTO BÍBLICO EN SANTA GERTRUDIS (III)

Santa Gertrudis, Juan Bautista Costa, 1736, Iglesia de la Santa Cruz de Rimini, conocida como “Oratorio della Crocina”, Italia.

 

Ana Laura Forastieri, ocso[1]

3. La tercera visión

A la hora de nona[2], cuando se concentraba en el Señor como si en aquella hora hubiera de ascender con gloria a los cielos, se le apareció de nuevo nuestro Señor Jesús, “el más hermoso de todos los hijos de los hombres” (Sal 44,3)[3], cubierto con túnica verde y manto rojo. Con la túnica verde se significaba la lozanía de todas las virtudes, que se desplegaron hasta su máxima perfección en la santísima humanidad de Cristo. El manto rojo figuraba aquel amor ardentísimo que había impulsado al Señor a soportar con paciencia tantos sufrimientos, como si no hubiera podido tener otro mérito que aquel que obtuvo por la paciencia de la pasión. Ataviado con esta indumentaria “el Rey de la Gloria y Señor de las virtudes” (cfr. Sal 23,10)[4], avanzó por el coro, acompañado por una multitud infinita de ángeles, y abrazaba tiernamente con su santo brazo derecho a cada hermana de la comunidad que había comulgado ese mismo día, e imprimía un beso dulcísimo en la boca de cada una, con estas palabras: “He aquí que estoy con vosotras hasta la consumación de los siglos” (Mt 28,20)[5].

Parecía ofrecer también a algunas un anillo de oro que llevaba engastada una perla preciosísima, mientras les decía: “No os dejaré huérfanas, volveré de nuevo a vosotras” (cfr. Jn 14,18)[6]. Al verlo ésta, admirándose, le preguntó al Señor: “¿Qué merecieron estas entre las demás, Dios amantísimo, para que, en signo de especial amistad, les entregues un anillo?”. Le responde el Señor: “Éstas, mientras estaban comiendo, hicieron memoria con devoción de aquella condescendencia mía por la que, al punto de ascender al Cielo, yo comía y bebía con mis discípulos. Por lo tanto, cuantos bocados comió cada una recordando aquel versículo: ‘Benignísimo Jesús, que la fuerza de tu amor divino me incorpore totalmente a ti’, otras tantas son las virtudes que brillan en la perla de su anillo’” (L IV 36,3-4).

La tercera visión se sitúa en el coro de la comunidad de Helfta, durante el canto del oficio de Nona, hora en la cual, según el sentido histórico del texto bíblico acontecía la Ascensión. Gertrudis ve al Señor vestido con ornamentos litúrgicos: túnica verde y manto rosado. El texto provee el significado alegórico de dichos ornamentos: simbolizan la humanidad de Cristo, es decir sus virtudes y sus padecimientos. El manto es también símbolo real: indica la dignidad regia, la majestad infinita de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Así, mediante símbolos visuales litúrgicos, el texto ha operado la transición del sentido histórico al sentido alegórico, referido a un aspecto del misterio que se celebra: la verdadera humanidad de Cristo que asciende al cielo.

El relato continúa de esta manera: “Adornado con estos vestidos, el Rey de la Gloria y Señor de las virtudes...”. Se trata de la visualización espiritual de la antífona: Oh rex gloriae, que se cantaba en la procesión[7]. Luego el Señor, con séquito de Ángeles, pasa por cada sitial del coro despidiéndose de cada monja con el versículo final del evangelio de san Mateo para esta fiesta: “He aquí que estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos” (Mt 28,20). A algunas de ellas las favorece con un anillo y les dice las palabras joánicas de la antífona: “No los dejaré huérfanos, me voy y vuelvo a vosotros”[8] (Jn 14,18). Este privilegio les viene de haber meditado sobre el realismo absoluto de la humanidad glorificada de Cristo en la Resurrección.

Con estos gestos y símbolos visuales se resalta la realidad de la humanidad de Cristo, pasible durante su vida mortal, y glorificada después de la Resurrección, humanidad real que ahora asciende al cielo para ser entronizada en el seno de la Trinidad. La liturgia del día no cesa de repetir que Cristo glorificado ha hecho sentar nuestra naturaleza a la derecha del Padre, la ha elevado por encima de los ángeles, aún más alto que las naturalezas espirituales más cercanas a Dios. Este misterio nos abre, por un lado, al sentido moral del texto bíblico, ya que para ascender con Cristo a su gloria debemos imitar sus virtudes y sus padecimientos. Por otro lado, nos abre más allá de la muerte, a la perspectiva de vida eterna y nos da la prenda de la resurrección futura. Así el texto transita del sentido alegórico al sentido moral y al sentido anagógico o escatológico.

Retomemos ahora el relato hasta su conclusión:

Al cantarse la antífona: “Con las manos levantadas”[9], elevado el Señor con su poder divino y acompañado por una multitud de ángeles que le servían con reverencia, casi desde el aire, bendijo a la comunidad reunida con la señal de la cruz, diciendo: “Mi paz les doy, mi paz les dejo”[10]. Comprendió ella que por aquella bendición había infundido el Señor tan eficazmente su paz divina en los corazones de todos los que celebraban con especial devoción el día de la Ascensión, que en adelante ninguna perturbación sería capaz de distraerles, sino que siempre conservarían oculto en su corazón algún vestigio de esa paz, como se mantiene la chispa de fuego bajo la ceniza. (L IV 36.5)

El texto remata de manera triunfante, como lo hace el mismo Evangelio de Lucas[11], con el Señor ascendiendo al cielo y bendiciendo al mismo tiempo con su mano a la comunidad, como sacerdote eterno, único pontífice entre la humanidad y el Padre. Se trata de la visualización de la antífona Elevatis manibus[12], tomada del versículo lucano que enmarca toda esta sección: “Alzando su mano los bendijo y mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo, aleluia” (cfr. Lc 24,50-51). Mientras asciende, el Señor otorga el don de la paz a las monjas. Se trata de la visualización de la antífona: “Mi paz les doy, aleluya, mi paz les dejo, aleluia”[13]. De este modo, otra vez el relato opera la transición del sentido anagógico de la fiesta al sentido moral, por el cual se subraya la eficacia del don de la paz divina contra todo desasosiego que podría turbar el corazón.

 

4. Conclusión

Hemos analizado el texto de una visión de santa Gertrudis redactado por su biógrafa, es decir, un relato de tercera mano. El texto nos muestra que, en el caso de santa Gertrudis, la visión como experiencia espiritual es básicamente una recreación de la Palabra de Dios en contexto litúrgico. A su vez relato visionario, es decir: el texto que nos transmite la experiencia de la visión, es intertexto bíblico, ya que está construido y estructurado en base a los cuatro sentidos de la Escritura. Estos cuatro niveles de sentido no se anulan unos a otros, sino que permanecen vigente en el texto, puesto que son dimensiones siempre presentes de la Palabra de Dios, que va más allá del momento en el que fue pronunciada.

Podemos preguntarnos: ¿refleja este relato verdaderas experiencias místicas que acontecieron históricamente o se trata de una construcción literaria elaborada a partir de materiales diversos? Para la mentalidad medieval, ambas respuestas son al mismo tiempo verdaderas: lo que Gertrudis y la comunidad de Helfta desean transmitirnos con sus revelaciones, es una penetración objetiva en el contenido del misterio, nutrida de la Palabra de Dios y la liturgia, para que cada lector la asuma con la profundidad que el Espíritu de Dios le conceda y haga su propia experiencia. Así se nos muestra en acto el aspecto pedagógico de la liturgia y la actitud con la que debemos vivirla para experimentar algo de los misterios celebrados y dejarnos educar y transformar por ellos.

El sermón 4 de San Bernardo para la solemnidad de la Ascensión expresa bien la actitud con la que el monje medieval se acercaba a la Sagrada Escritura y a la Liturgia:

“Así como en los otros misterios, (...) la Ascensión acontece por nosotros y actúa en nosotros (...). No lo dudes: todo cuanto (el Hijo de Dios) habló, hizo y sufrió (…) estaba lleno de misterios, lleno de salvación. En consecuencia, cuando lleguemos a conocer y explicar algo de lo que pertenece a Cristo, no creamos que es invención nuestra (...). Por eso, lo poco que percibimos cada uno, debemos comunicarlo con fidelidad a los demás” (Asc. 4,2)[14].

El relato visionario, en la medida que explica o comunica eficazmente algo que pertenece a la esfera del misterio en coherencia con la Sagrada Escritura, demuestra tener como base una experiencia real. La función del relato visionario es transmitir, comunicar lo que ha sido concedido por Dios a uno en beneficio de muchos más. Entre la experiencia originaria y la configuración del relato tal como nos llega hoy, intervienen distintos intermediarios que reelaboran la experiencia originaria pasándola por su propia experiencia. Pero, en la medida que el relato final logra comunicar algo del orden del misterio en coherencia con la Sagrada Escritura, la experiencia originaria se confirma como auténtica, viviente y evolutiva, en cuanto ha sido eficaz para inspirar a los distintos intermediarios de la escritura, manteniendo un contenido revelado.

La Escritura vive en el Pueblo de Dos. Leerla como palabra viva significa leerla desde la Iglesia como lugar existencial y considerar la fe de la Iglesia como la genuina clave hermenéutica.  Esto es lo que testimonian las visiones de santa Gertrudis, cuyos textos plasmados en la matriz bíblica y entretejidos de la Palabra de Dios, nos llegan hasta hoy.

 

Bibliografía consultada

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Benedicto XVI, “Carta Apostólica por la proclamación de Santa Hildegarda de Bingen como Doctora de la Iglesia Universal”, 3, L’Osservatore Romano del 14.10.12, 7

______, Jesús de Nazaret, Buenos Aires, Plantea, 12007.

______, “Santa Gertrudis la Grande. Catequesis al Pueblo de Dios en la audiencia general del 10.X.2010”, en L’Osservatore Romano 41 (2010) 11-12 (edición semanal en lengua española)

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––––, Les sens spirituels. Appendice IV, en Gertrude d’Helfta, Oeuvres spirituelles, t. III. Le Héraut, SC 143, Cerf, Paris 1969, pp. 359-366.

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Para descargar en PDF:

Ana L. Forastieri, OCSO: La visión como intertexto bíblico en Santa Gertrudis.

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[1] La autora es monja del Monasterio Trapense de la Madre de Cristo, Hinojo, Argentina y está encargada de la difusión de la postulación de santa Gertrudis al doctorado de la Iglesia en América Latina.

[2] Ponencia dada en el Vº Coloquio Latinoamericano de Literatura y Teología, sobre el tema “Biblia y Literatura”, organizado por la Asociación Latinoamericana de Literatura y Teología (ALALITE) en conjunto con la Facultad de Letras y la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 30 de Septiembre – 2 de Octubre de 2014.

[3] La cita evoca un responsorio propio del día: R.: Omnis pulchritudo Domini exaltata es super sidera: species ejus in nubidis coeli * Et nomen eius in aeternum permanet, alleluia V. A summo coelo egresio eius et occursus eius usque ad summum eius * Et…” (Toda la belleza del Señor ha sido exaltada sobre las estrellas: su belleza, a las nubes del cielo. * Y su nombre permanece para siempre, alleluia. V. Sale desde lo alto del cielo y llega hasta su cenit. * Y su nombre…).

[4] Antífona del Magníficat propia del día: Oh Rex gloirae, Domine virtutum, qui triunphator hodie super omnes caelos ascendisti, ne derelinquas nos orphanos: sed mitte promissum Patris in nos, Spiritum veritatis, alleluia” (Oh Rey de la gloria y Señor de las virtudes, que ascendiste hoy triunfante sobre todos los cielos, no nos dejes huérfanos: sino envíanos la promesa del Padre, el Espíritu de verdad, alleluia”.

[5] Evangelio propio del día: Ecce Ego vobiscum sum usque ad consummationem saeculi.

[6] Antífona propia del día: “Non vos relinquam orphanos, alleluia: vado et venio ad vos, alleluia; et gaudebit cor vestrum, alleluia” (No los dejaré huérfanos, alleluia: me voy y vuelvo a vosotros, alleluia; y se alegrará vuestro corazón, alleluia).

[7] Cfr. nota 4.

[8] Cfr. nota 6.

[9] Antífona propia del día: Elevatis manibus suis benedixit eis, et dum benediceret illis, recessit ab eis et ferebatur in caelum, alleluia.”

[10] Antífona propia del día: Pacem meam do vobis, alleluia; pacem relinquo vobis, alleluia” (cfr. Jn 14,27).

[11]En Lucas, la nueva entrada de Cristo en el templo celestial, esta vez triunfante, remata el Evangelio, abierto con aquella primera entrada en el templo de Jerusalén, donde fue reconocido como el Mesías prometido, por los ancianos Simeón y Ana.[11] San Bernardo, en Obras Completas de San Bernardo I, traducción del P. Gregorio Diez Ramos OSB, Madrid, BAC, 1945.

[12] Cfr. nota 9.

[13] Cfr. nota 10.