VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (1)

Un comentario de la Regla[1]

Bertrand ROLLIN, osb (†)[2]

Introducción

Las siguientes páginas no son un “estudio” sobre la Regla de san Benito (RB), incluso si se tienen en cuenta los estudios de gran valor realizados estos últimos años, muy particularmente la obra del Padre Adalbert de Vogüé y sus aproximaciones entre la RB y la Regla del Maestro (RM)[3].

Estas páginas han sido compuestas y escritas en el marco muy preciso y muy concreto de cursos dados en un noviciado. No pueden, por tanto, tener interés sino para aquellos que se enfrentan en el día a día de la vida monástica con una comunidad real, o que se aprestan a hacerlo.

Muchas preguntas, incluso importantes, no han sido abordadas: la elección del abad, la acogida de los huéspedes, los ministerios posibles, el sacerdocio, los enfermos, las salidas, etc... Por un lado se impusieron límites, y por el otro, estas preguntas no son las que se plantean directamente al entrar en la vida monástica.

La Regla está hecha para la vida.

Es lo que indica su mismo nombre de “Regla de Vida”: un medio para regular y conducir la vida. La vida es entonces lo primero.

Una regla es valedera en la medida en que permite vivir, sino no tiene sentido.

Y cada vez la vida la modifica legítimamente si su espíritu se conserva intacto gracias a la permanencia del texto que remite a la experiencia fundante, como a la referencia normativa, en vistas a una nueva expresión vivida.

Cada expresión es valedera sólo por un tiempo; la de ayer era buena para ayer, mañana hará falta otra.

Este comentario no es pues ni retrospectivo ni prospectivo. Refleja una experiencia dada, en un tiempo y en un lugar preciso.

Es una búsqueda entre otras para mantener la fidelidad al espíritu de la Regla de san Benito.

Lejos de remplazar el texto de la RB, lo supone continuamente presente a los ojos del lector.

* * *

Este comentario fue escrito desde 1975 a 1977. Ya el contexto vivido ha evolucionado y demandaría una acentuación diferente sobre ciertos matices. La vida está siempre en movimiento, pero sin ruptura. Es por eso que hemos pensado poder dejar estas páginas tal como han sido escritas. Si pueden ser útiles, “que en todo sea Dios glorificado”, como lo desea la RB (cap. 57,9).

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ÍNDICE

Introducción

Primera parte: ¿Quién quiere tener la vida?

I. El sentido de la vida monástica

El Prólogo

El Epílogo o cap. 73

 

Segunda parte: La escuela del servicio evangélico

II. La estructura fundamental (RB 1)

III. El espíritu (RB 71-72)

El bien de la obediencia (RB cap. 71)

El celo que conduce a Dios (cap. 72)

IV. La vida cotidiana (RB 48)

El equilibrio activo

El oficio coral

La lectio

El trabajo

Anexo: La lectio divina

 

Tercera parte: El arte espiritual

Transición: la doctrina espiritual

V. Los instrumentos del arte espiritual (RB 4)

VI. La obediencia (RB 5 y 68)

RB 5

RB 68

VII. Sobre la palabra (RB 6, 7, 42, etc.)

VIII. La humildad o “ser verdadero” (RB 7)

La introducción (vv. 1-9)

Primer grado (vv. 10-30)

Segundo grado (vv. 31-33)

Tercer grado (v. 34)

Cuarto grado (vv. 35-43)

Quinto grado (vv. 44-48)

Sexto grado (vv. 49-50)

Séptimo grado (vv. 51-54)

Octavo grado (v. 55)

Noveno, décimo, úndécimo grados (vv. 56-61)

Duodécimo grado (vv. 62-66)

Conclusión (vv. 67-70)

IX. La vida de oración (RB 19, 20, 52)

La oración comunitaria y litúrgica (cap. 19)

La oración personal u oración (caps. 20. 52)

Anexo: El ordo del Oficio divino

 

Cuarta parte: La vida comunitaria

Transición

X. El abad (RB 2 y 64)

Historia

El rol del abad

Obediencia evangélica y obediencia al abad

Actitud de los hermanos en relación al abad

Los capítulos 2 y 64 de la RB

XI. Compartir responsabilidades (RB 3 y otros)

El sentido de la responsabilidad

El consejo de los hermanos (cap. 3)

Los diferentes responsables

XII. La cohesión comunitaria,

o “La corrección de los vicios y el cuidado de la caridad” (RB 23-30; 43-46; 69-70)

XIII. La vida económica de la comunidad

La gestión de los bienes comunes (caps. 31-32)

La desapropiación personal (cap. 33)

La repartición de los bienes (cap. 34)

El nivel de vida de la comunidad (caps. 55 y 39-40)

Los recursos del monasterio (caps. 48, 57, 66)

Anexo: la celda (caps. 55 [final], 22)

XIV. La vida fraterna

La conducta personal

El espíritu de servicio mutuo (caps. 35-38; 53)

La relaciones interpersonales (caps. 63-72)

Palabra y silencio

Comunión y soledad

Conclusión

 

Quinta parte: La inserción de la comunidad

XVI. ¿Separación del mundo? ¿Presencia en el mundo?

 

Conclusión: “Centro viviente de la construcción del pueblo cristiano”.



[1] Traducción del original francés: Vivre aujourd'hui la Règle de Saint Benoît. Un commentaire de la Règle, Abbaye de Bellefontaine, Editions monastiques, 1983 (Collection Spiritualité orientale et vie monastique. Vie Monastique, nº 16. ISBN 9782855890661); versión de la Hna. Laura Kassabchi, osb (Abadía Gaudium Mariae, San Antonio de Arredondo, Córdoba, Argentina). Agradecemos a D. David d’Hamonville, osb, abad de la Abadía Saint Benoît d’En Calcat (Dourgne, Francia) su permiso para traducir este comentario, y el habernos facilitado la reseña biográfica del P. Bertrand, que publicamos en la nota siguiente. Vaya asimismo nuestro agradecimiento a las Eds. monastiques de la Abadía de Bellefontaine (Francia), por la amable autorización concedida para publicar esta obra en nuestro sitio web.

[2] El Padre Bertrand falleció el 23 de Enero de 1990, tenía apenas sesenta y cuatro años. Su vida estuvo marcada por  el sufrimiento, el sufrimiento físico, con una dolencia en el cuello y en la espalda, a consecuencia de un error médico, lo que le provocó durante toda su vida una gran dificultad de elocución.

Bertrand Rollin nació en Montauban (Francia) el 29 de abril 1926. En octubre del 1944, a los 18 años, entró en el noviciado d’En Calcat, donde estaba ya su hermano mayor el P. François, desde 1940. Tomó el hábito el 11 Noviembre 1944, hizo su profesión temporal el 8 de Diciembre 1945, la profesión solemne el 8 Diciembre 1948, y recibió la ordenación sacerdotal el 19 de Mayo 1951. Él mismo decía que debía su vocación al scoutismo y a sus padres.

El Padre Bertrand fue secretario del Padre Abad y luego submaestro del alumnado de 1953 a 1958. Hizo una licencia en teología en  el Instituto Católico de Toulouse antes de ser el sub-maestro de novicios. Acompañó, en diciembre de 1960, al P. Marie-Bernard que fue enviado a Togo para la fundación de un monasterio. Cuando el Padre Columbano, el Maestro de novicios, tuvo problemas de salud, el Padre Bertrand lo reemplazo, en septiembre de 1963. Durante los años difíciles en el mundo y en la Iglesia, y disminuyendo los miembros del noviciado, el P. Bertrand pidió un tiempo de descanso y pasó dos años en París. Fue un periodo muy importante para él, durante el cual hizo una sincera revisión de vida. Regresó a la comunidad con gran alegría, por experimentar que en ella se encontraba en su elemento vital. Se ocupó de nuevo de la dirección del noviciado de 1972 a 1979; después tuvo la responsabilidad de la formación permanente de la comunidad. Fue también un consejero muy paciente y lleno de bondad en comunidad y con las personas de fuera; miembro del consejo del Padre Abad y subprior. Se le invitó asimismo para dar clases en el Instituto Católico de Toulouse. Al final decía: “Estoy en paz, es una gracia, un don, un regalo”. En sus exequias hubo muchos testimonios de su benéfico trabajo con los jóvenes, con las parejas, con los religiosos y las religiosas.

[3] Sources chrétiennes 181-186, Paris, Cerf, 1971-1972.