VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (20)

IX. LA VIDA DE ORACIÓN (RB 19, 20, 52)

A la doctrina espiritual de la Regla debe enlazarse la sección que trata de la vida de oración.

Mientras que toda la RB se orienta hacia una experiencia espiritual, podemos sorprendernos al constatar que la entera sección propiamente contemplativa de esta experiencia sea tratada tan brevemente: dos cortos capítulos, los capítulos 19 y 20, son suficientes al autor para hablar explícitamente de la oración bajo sus dos formas mayores, la oración comunitaria o litúrgica, y la oración personal. Algunas otras alusiones a la oración se encuentran también en el capítulo 52[1].

Esta sobriedad puede explicarse a diferentes niveles.

La RB no se presenta como una obra de espiritualidad: es la descripción práctica y objetiva de una forma de vida particular destinada a conducir una experiencia espiritual. Sin embargo, no se contenta con dar consignas o dictar reglamentos; ella indica también actitudes interiores, disposiciones del corazón. Pero no ofrece una teoría reflexionada y elaborada sino que la suple enviando constantemente a otras obras, a fuentes que cada uno deberá consultar: la Sagrada Escritura en primerísimo lugar, pero también toda la riqueza de los Padres, entendiendo este término en un sentido amplio, como se ha dicho. Esta modestia de la RB es sin duda una de las razones de su pervivencia en el tiempo y de su difusión en el espacio. Toda elaboración es, en efecto, tributaria del medio que le dio nacimiento y tiene los mismos límites de ese medio. La RB se mantiene en un nivel más bien “experimental”, y ésta es su riqueza.

Sin duda hay que ver otro aspecto en esta sobriedad querida; la cual puede aparecer como una elección, una opción. Más o menos conscientemente, es una toma de posición respecto a otras tradiciones monásticas que se desarrollaron en otras familias espirituales o incluso marcaron más tal o cual rama salida de la cepa benedictina. En efecto, siempre ha habido en el seno del monacato una tensión particular hacia una búsqueda más explícita de la contemplación en cuanto tal, sea en una dirección más bien intelectual, en la línea por ejemplo de Evagrio Póntico, sea hacia una tendencia más pietista y buscando una cierta experiencia directa de Dios, como la corriente mesaliana. Bajo formas variadas, estas tendencias están siempre actuando en las comunidades. Compensándose mutuamente, son causa de vitalidad. Pero pueden ser también fuente de muchas ilusiones cuando están libradas a sí mismas, sobre todo si una de ellas gana el conjunto de la comunidad excluyendo a la otra. Es por eso que, aparentemente de forma más prosaica, la RB se sitúa en un nivel mucho más fundamental y anterior a todo tipo de especializaciones, incluso a una especialización “contemplativa”. Ella quiere una comunidad de caridad evangélica en la cual las posibilidades son muy grandes en varios sentidos, pero sin volverse jamás exclusivas. Esta posición de la RB ha sido reconocida por el Concilio que ha distinguido claramente la vida monástica de los Institutos íntegramente ordenados a la contemplación (Perfectæ Caritatis ns. 7 y 9).

La RB en ninguna parte habla explícitamente de “contemplación”, tampoco el Nuevo Testamento. Ella sigue siendo una propuesta muy práctica, y no sitúa la búsqueda de Dios ni en el plano del conocimiento intelectual como tampoco en el plano del sentimiento, sin excluir lo uno ni lo otro. El verdadero lugar de esta búsqueda es el don de sí en actos que comprometan a los hermanos a construir juntos una comunidad donde sean vividos los mandamientos del Señor[2].

No habría, sin embargo, que concluir que la RB no tenga otro fin que el de ayudar a los hombres a vivir en fidelidad los preceptos, aunque sean los del Señor. Sería arriesgar a caer en un moralismo más refinado pero también desecante. La vida monástica sería entonces una vida de méritos esperando sólo la recompensa última. Ella pudo ser vivida así... Los finales, ya mencionados muchas veces, del Prólogo y del capítulo 7, el capítulo 73 entero dan un sonido más conforme al Evangelio, en particular al cuarto Evangelio (se ha podido hacer todo un estudio sobre la influencia joánica en la RB[3]). Las promesas de Cristo para la misma vida presente están al alcance de todos: “Si observan mis mandamientos, vendremos a ustedes y haremos allí nuestra morada... Les he dicho esto para que mi gozo esté en ustedes...” (Jn 14-15).

Es en esta perspectiva que se sitúan los capítulos, sobrios pero esenciales, que tratan sobre la oración en cuanto tal.

 


[1] Los capítulos 8 al 18 no son en efecto sino un ordo de oficio introducido en el texto de la Regla; la presencia misma de este ordo detallado tiene un significado particular sobre la cual habrá que volver.

[2] Cf. J. LEROY, L’expérience de Dieu dans la vie monastique, La Pierre-Qui-Vire, 1973. El autor sin embargo parece no darse cuenta suficientemente de la dimensión de la que trata en el párrafo siguiente.

[3] Cf. H. U. von BALTHASAR, Conférence aux Abbés, Paris 1974.