VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (24)

Cuarta parte: La vida comunitaria

Transición

La primera parte ha mostrado el sentido de la vida monástica, que no es otro que el de toda vida en seguimiento de Cristo y sin el cual no habría monacato “cristiano”, a saber la escucha y la puesta en práctica de la palabra de Dios.

La segunda parte ha trazado el marco de la experiencia particular propuesta por la RB, marco que condiciona de tal modo esta experiencia que se puede ver allí el fundamento de su especificidad: una comunidad de cohabitación de por vida, donde todo está orientado hacia esta búsqueda de Dios a través de una vida de trabajo y de oración en la comunión fraterna.

Todos los otros tipos de experiencias pueden ser intentadas a la luz del Evangelio, y el Espíritu Santo las suscita continuamente en la Iglesia. Pero este mismo Espíritu renueva también incesantemente la experiencia propia de la RB en sus variadas modalidades a través del tiempo y del espacio: monjes de la reforma de Aniano, de Cluny o de San Mauro, monjes blancos o negros, etc. En todos nosotros encontramos esta estructura fundamental, fuera de la cual es inútil considerarse parte de la “tradición benedictina”. No se pueden, en efecto, cambiar los antecedentes de esta tradición sin cambiar, al mismo tiempo, la naturaleza misma de la experiencia espiritual buscada.

La tercera parte ha tratado de expresar, siempre siguiendo de bastante cerca el texto, la doctrina espiritual, fruto de una larga tradición vivida, y cuyos ejes principales son la obediencia, el silencio  y la humildad.

Si la estructura fundamental no puede ser modificada sin cambiar la misma experiencia, esto no es lo mismo en cuanto a la doctrina espiritual. Ésta es el lugar propio de la “tradición”, en el sentido activo de la palabra, es decir que debe permanecer ante todo viva, a la vez fruto de una “transmisión” de generación en generación, siempre idéntica a ella misma y siempre nueva.

Como fruto de la “tradición”, ella pide una enseñanza, pero como fruto de la “experiencia”, ella se trasmite ante todo por la vida de la comunidad misma, que la adapta incesantemente a las nuevas condiciones de vida. Viviendo en comunidad es como se aprende el arte espiritual a lo largo de las etapas de la vida: el arte de leer la Escritura para sacar de ella su alimento, el arte de orar, el arte de vivir juntos, con todas las exigencias y los imperativos de la vida en común.

La cuarta parte que ahora abordamos, trata de la organización de esta vida en común. Ella es con mucho la más desarrollada en el texto de la RB, puesto que se trata de los detalles más específicos de la existencia común de todos los hombres.

Prueba hasta qué punto la experiencia propuesta por la RB es una experiencia concreta y plenamente humana, que se inscribe en el corazón de las realidades en lugar de evadirse en teorías abstractas. Es la enseñanza fundamental de todos estos numerosos capítulos de la RB las que dan vueltas a cuestiones que puede encontrar un grupo de hombres que viven juntos. Pero es también en esta parte de la RB donde aparece más el condicionamiento histórico y contingente; esta parte es la que debe ser leída con más distancia y libertad de espíritu.

No se trata de zanjar con el texto. Todos esos capítulos son portadores de sentido y revelan un espíritu, todos tienen pues su valor aun cuando su aplicación está evidentemente perimida. Pero piden una lectura distinta a aquella que se pedía para los capítulos precedentes. No se trata tanto de una “escucha” del corazón precediendo a la acción, para guiarla. No se trata de ir del texto a la vivencia, ni de querer reproducir un modelo inmutable y definitivo. Se trata más bien de afrontar los problemas suscitados por la vida de hoy para darles una solución apropiada, en armonía con la que la RB daba a los problemas de su tiempo. De la vida se remonta al texto, para encontrar allí una dirección. Uno percibe entonces que este antiguo texto tiene mucho que decirnos hoy. Es frecuente constatar que los tanteos de nuestro esfuerzo actual de adaptación nos llevan... ¡a las soluciones ya indicadas por la RB! Cada relectura de esos capítulos hace penetrar cada vez más en la sabiduría humana y espiritual. Es una de esas relecturas la que aquí se propone; relectura condicionada por un lugar y un tiempo, y por tanto tan contingente como éstos. Sin duda la RB, como lo hace notar el Padre de Vogüé, no ha sido jamás vivida en su literalidad, sino que ha sido la fuente y la “norma ideal” de múltiples reglas concretas de vida[1].

 


[1] A. DE VOGÜE, Séminaire pour les maîtresses de novices cisterciennes, Laval 1972, pp. 142-143. Cf. también J. C. GUY, sj, «Saint Benoît - Des moines parmi nous», Études, mars 1980, p. 365; A. ZEGVELD, «Que veut dire “selon la Règle de saint Benoît”?», Collectanea Cisterciensia, 1972/2, pp. 155 ss.