VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (32)

Los diferentes consejos

La RB sólo prevé un consejo de “ancianos”. Estos “ancianos”, por otra parte, no son fáciles de identificar exactamente en el texto de la Regla. Lo cual tiene, por lo demás, poca importancia. No se trata de reconstituir una organización que, por otro lado, indudablemente ha cambiado bastante.

Es más importante subrayar el espíritu que impulsa a la constitución de uno o varios consejos. La enorme responsabilidad dejada al abad no lo separa de los hermanos, incluso en las cuestiones más corrientes. Con la ayuda de ellos y sus consejos es cómo él dirige constantemente a la comunidad. Hoy las prescripciones legales han reglamentado mucho más todas esas cuestiones. Este aspecto más jurídico, cuya necesidad no se discute, no debe borrar el aspecto principal de la colaboración de todos en el bien común en un espíritu de comunión, como acabamos de decir.

Además, hoy, se ha introducido una diferencia: cierto número de hermanos son designados por la misma comunidad para asistir de este modo al abad en sus decisiones. Esta evolución, relativamente mínima al plan estructural, es mucho más rico a nivel de sentido: es significativo de un cambio profundo de las mentalidades respecto de la responsabilidad global de la comunidad, como se dijo más arriba.

Más aún, los diferentes “consejos” se han multiplicado, al igual que las diferentes “comisiones”... Hay que buscar un equilibrio. Todavía no se ha alcanzado en el plano estructural: “Estas estructuras nuevas son de un rodaje lento, y el concilio, al pedir la verdadera participación de los hermanos, no simplificó ni la vida de éstos, ni la del superior...”[1]. Estas nuevas estructuras son hoy imprescindibles para hacer frente a las nuevas exigencias de las condiciones de vida actuales. Pueden ser la ocasión de muchas pérdidas de tiempo, de fricciones y de incomprensiones mutuas. Pero mucho más pueden ser la ocasión de un mayor espíritu de colaboración y de confianza mutua. Si cada uno es responsable del conjunto, cada uno es responsable de todo. La vida en común se tornaría una carga aplastante si todos tuviesen que comprometerse en todos los problemas de la vida en común, multiplicados por el número. En ese caso, sería mejor tener que enfrentar sólo los problemas planteados por la vida de una sola persona: se tendría más tiempo para “vacar en Dios”... Al contrario, la confianza mutua debe permitir “hacer confianza” a aquellos que son responsables de tal o cual sector y de ayudarlos en sus tareas con simplicidad, tomando cada un en serio su propia responsabilidad en el sector que le es propio. En lugar de multiplicar los cargos de cada uno, el número debería más bien disminuir y dejar a todos el tiempo de “vacar en las cosas de Dios”, gracias a este reparto de cargos. Los responsables, y el mismo abad, podrían entonces vivir ellos también la “vida monástica” que vinieron a buscar al monasterio, en lugar de ser a menudo transformados, por la fuerza de las cosas, en ejecutivos...[2].

Hay mucha utopía en esta exposición... pero la utopía ha encontrado hoy todo su valor positivo. Con frecuencia es creadora.

La reforma de las estructuras es uno de los medios de aproximarse a esta utopía. Mucho más indispensable aún es con certeza la madurez responsable de cada uno y de todos los miembros de la comunidad. Ejerciéndola es como se adquiere esta madurez, incluso a riesgo de algunos accidentes en el trayecto.

Esta multiplicación de instancias, lejos de disminuir el papel del abad, lo hace todavía más necesario, cambiando sin embargo bastante en la práctica. Éste será más un papel de coordinador, para impedir a cada una de estas instancias encerrarse en su propia óptica (lo que sería la inclinación natural) y abrirlas hacia las otras, manteniendo la orientación del conjunto.

 


[1] Dom Denis HUERRE a la comunidad de En-Calcat, 1975.

[2] En el original francés dice “businessmen”, término inglés que significa “ejecutivos” u “hombres de negocios” (N.d.T.).