VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (33)

Los diferentes responsables

Una comunidad, aunque sea poco numerosa, debe contar con toda una gama de responsables en diversos sectores. La RB prevé toda una serie de responsabilidades. No se trata para nada de volver copiar esta organización. Cada comunidad crea sus diferentes responsabilidades internas en función de sus necesidades.

Sin embargo, es fácil encontrar en la RB estructuras muy aproximadas a lo que nosotros hacemos. Es el signo de que allí se trata muy simplemente del juego normal y casi necesario de la vida de un grupo. Muy a menudo, son los imperativos concretos de la vida lo que nos va conduciendo, más que la preocupación de fidelidad a la RB. Pero la consonancia existente entre lo que hacemos y lo que aparece a lo largo del texto de la RB puede ser mirado como una garantía de que la vida comunitaria se organiza normalmente. Con todo, no habría que endurecer la organización actual más de lo que describe la RB. Esta última, por otra parte, no es fácil de precisar con claridad, y es sin duda la lección más importante que nos ofrece la Regla. La justeza de una organización no se mide por su lógica conceptual, sino más bien por su capacidad de adaptación al cuerpo vivo al que debe servir, por su lógica vital. En una comunidad relativamente restringida como lo es siempre una comunidad monástica, las relaciones interpersonales superan siempre ampliamente las estructuras de organización. Esto cambia profundamente los datos. Finalmente, las personas son más importantes que las funciones o, más exactamente, las diferentes funciones se adaptarán a la personalidad de su titular, sin que por eso ellas sean repartidas arbitrariamente.

Lejos de perderse en detalles precisos de jurisdicción y de fronteras entre los diferentes responsables, la RB se contenta con indicar los objetivos a alcanzar y de postular allí a hombres que tengan -en la medida de lo posible- las disposiciones correspondientes, exactamente como lo ha hecho para el abad. Casi ningún detalle hay tampoco para regular las relaciones de estos diferentes responsables entre sí. La RB pone más la confianza en los hombres que en las reglamentaciones. Supone, en efecto, en todos los responsables (¡al menos en ellos!) lo que llama el “temor de Dios”. Los cargos de comunidad son diversificados más bien que jerarquizados, cada uno tiene su importancia en su radio de responsabilidad.

La comunidad presenta hoy un conjunto de responsabilidades diversas que implican, de una manera o de otra, en el gobierno del conjunto un número cada vez más importante de hermanos. Algunos de estos cargos son, además, temporales, lo que permite un relevo más amplio todavía.

 

Los consejeros

Los consejeros están previstos en las Constituciones. Además del prior y del mayordomo, una mitad es nombrada por el abad y la otra mitad elegida por la comunidad. Ellos corresponden a los “ancianos” del capítulo tercero, que el abad reúne para asuntos que no justifican una convocatoria de toda la comunidad.

Su papel es: “aconsejar al abad en asuntos de poca importancia que interesen al bien del monasterio” (RB 3,12), es decir lo que concierne al conjunto de la marcha de la comunidad. Deben ser como la caja de resonancia de la comunidad, para expresar las reacciones y los deseos en función de los asuntos que se presenten. Es por eso que la RB los llama los “ancianos” (que no es sólo una cuestión de edad), es decir hombres que, en la medida de lo posible, saben percibir, más allá de sus deseos y preocupaciones personales, los del conjunto de los hermanos. El consejo es menos un lugar de decisiones que un lugar de maduración de la vida comunitaria. Es consultivo, salvo para casos previstos por el derecho. En estos últimos casos, tiene poder de decisión: es deliberativo.

 

Los seniors (RB 21)

Llamamos así a los que la RB llama “jefes de decanía” (de donde ha venido el término de “decanos”, que, en realidad, eran los “consejeros”... cuestión de vocabulario). Nosotros decimos también “jefes de grupos”.

Los grupos han aparecido desde hace pocos años con más o menos éxito. Ellos recuperaron una intuición ya percibida en la RB. En el caso de una comunidad numerosa, es imposible que el abad pueda relacionarse con todos los hermanos, algo que demandaría su papel espiritual cerca de ellos. Es por eso que él elige hermanos “con quienes pueda compartir confiadamente su cargo” (RB 21,3). Se trata de un “compartir” de responsabilidades; no son simples reemplazos disciplinarios ni de los que los ejecutan: “Que velen con solicitud sobre su grupo...” (RB 21,2). Esta palabra “solicitud” es frecuente en la RB. Expresa bien lo que es una actitud de responsabilidad ante otro: un amor vivo y discreto, capaz de silencio y también de intervención. “... Según los mandamientos de Dios y los preceptos de su abad” (RB 21,2). Es verdaderamente una participación en la carga espiritual del abad. Éste debe poder descansar en ellos “confiadamente”.

Es por esto que las cualidades por las que se los elige son las mismas por las que se elige al abad: “El mérito de su vida y la sabiduría de su doctrina” (RB 21,4 y 64,2), es decir que sean capaces de comunicar a los otros una verdadera experiencia personal. Para ellos como para el abad, no hay que detenerse en temas como el lugar que ocupan en la comunidad. Su nombramiento no es signo de honor o un privilegio, sino una cuestión de confianza y de capacidad. Además se le pide al abad elegir entre hermanos que gocen de la estima de los hermanos (“de buena reputación”), es de buen sentido si de eso depende que ellos tengan una verdadera influencia.

En la RB, la palabra “senior” o “anciano” tiene a veces otro sentido. No se trata de una función oficial sino de una cualidad personal particular que inspira confianza y atrae. Es un don del Espíritu, un carisma. A quienes lo poseen es a quienes se les va a pedir consejo en caso de dificultades más personales, porque “saben curar sus propias heridas y las ajenas, sin descubrirlas ni publicarlas” (RB 46,6 y 4,60). Su presencia en la comunidad es una de las más grandes riquezas. Ellos pueden tener asimismo una responsabilidad, pero pueden también no tener nada que los ponga en evidencia, sino esa capacidad de escucha y de comprensión. En cualquier momento, todo hermano puede recibir también un llamado de este tipo por parte de otro y tener que ejercer como una paternidad espiritual, incluso momentánea. Es una responsabilidad a asumir, ante la cual no hay que echarse atrás. Puede a veces ponernos en una situación difícil. Es una de las más bellas responsabilidades de la vida fraterna. No puede estar reservada a algunos solamente.