VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (4)

EL EPÍLOGO o capítulo 73

Cerrando los setenta y dos capítulos de la Regla, el capítulo 73 se encuentra en conexión directa con el Prólogo. Comprende:

- una corta frase que sitúa en su lugar la Regla que acaba de ser escrita,

- una exhortación a abrirse a perspectivas más vastas.

 

Situación de la Regla

(1) La apreciación sobre la Regla no es una fórmula de humildad, sino una actitud de sinceridad. Ciertas reglas de la época, e incluso más tarde, dan la impresión, como la Regla del Maestro, de ser reglas cerradas. Ellas se presentan como un todo que se basta a sí mismo y al cual bastaría confiarse totalmente para ser conducido casi automáticamente hacia la perfección de la caridad. De esto puede resultar una suerte de sacralización de la regla, que se vuelve mediadora cierta de la unión con Dios: obedeciéndola exactamente, se estaría seguro de estar unido a Dios. La Regla es nuestra mayor garantía de nuestra fidelidad a Dios, eso es verdad... Pero no debe volverse para nosotros en lo que la Ley se volvió para los Judíos. Esta actitud es la que les ha impedido reconocer al Señor, como podría a nosotros impedirnos permanecer dóciles a los llamados del Espíritu.

 

Llamado a la apertura

(2) Es por eso que Benito cierra su Regla abriéndola por completo... La RB es una regla “abierta”. Es lo que ha dado tradicionalmente a los hijos de san Benito una apertura de espíritu generalmente reconocida.

La Regla es sólo una ayuda que facilita una maduración moral suficiente y un inicio de conversión, que permiten abrirse a la Vida que viene de más allá. Es nuevamente el tono de la exhortación que teníamos en el Prólogo.

(3-4) Y se trata, como en el Prólogo, de ponerse ante todo a la escucha de la Palabra de Dios, insistiendo una vez más sobre el sentido de esta escucha: no un estudio intelectual solamente, ni una búsqueda de consuelo más o menos sensible, sino “una regla de conducta”. La Palabra es fuente de vida si se pone en práctica.

(4) Aparece aquí otra apertura a la vida de la Iglesia, a los Padres. Los Padres son aquellos que por su doctrina y su experiencia contribuyen a dar Vida a los demás. Hay Padres antiguos, hay también Padres de hoy. La expresión “Padres católicos” no tiene el sentido exclusivo actual, sino que indica el sentido “eclesial” de Benito. Se trata no de pensadores brillantes, sino de aquellos que están en comunión con la comunidad Iglesia.

(5-6) Finalmente, una última apertura: a la tradición monástica. Antes que nosotros, otros han llevado esta vida. Es una gran ventaja tomar conocimiento de su experiencia. Benito evoca aquí a Casiano y Basilio, en otra parte habla también de Pacomio. Esta elección no carece de significado. Su Regla muestra además que está alimentada con esta lectura de los Padres monásticos, al mismo tiempo que de la Escritura. Pero siempre se nota también su libertad respecto a ellos. El recurso a la Tradición no debe impedir la necesaria creatividad y la experiencia personal.

(7) Una última manifestación de humildad, que es simplemente la constatación de que la realidad de la comunidad no es siempre la reproducción exacta del ideal descrito en los libros...

(8-9) En fin, de nuevo, una breve exhortación que se relaciona, una vez más, con el comienzo del Prólogo, y donde se hace mención explícita de Cristo, abriéndose hacia los horizontes ilimitados a los cuales nos llama Dios.