VIVIR HOY LA REGLA DE SAN BENITO (7). SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

III. EL ESPÍRITU. RB 71-72

Según el espíritu que la anima, una misma estructura puede ser vivida de manera muy diferente. La estructura de cohabitación de por vida puede además designar tanto una prisión como un monasterio. Todo depende, entonces, del espíritu que va a impregnar y condicionar los detalles tanto de la vida cotidiana como de las grandes orientaciones y decisiones comunitarias, y también su organización interna.

Todo el texto de la RB, en su totalidad y en sus partes, revela el espíritu que inspira la experiencia que describe.

Los capítulos 71 y 72 tienen no obstante un alcance muy particular.

Forman parte de la última sección de la RB que, a partir del capítulo 67 no se corresponde más con la RM. Esto dice de la importancia de estos últimos capítulos, que revelan mucho más la marca personal del autor de la RB. Si este último ha tomado prestado mucho a las reglas existentes, también hizo numerosas elecciones, clasificaciones, opciones que hablan otro tanto de su propio espíritu. Es evidente que este espíritu se manifiesta mucho más en los capítulos que son propios de la RB.

* * *

Ya hemos señalado la gran inclusión que relacionaba el capítulo 73 con el Prólogo. Resaltaba el eje fundamental de la RB: el camino personal del monje en su búsqueda de Dios. Esta inclusión muestra con evidencia que todo lo que “incluye” está subordinado a este camino personal. En un sentido, es el camino personal el que “contiene” a la regla de vida y no a la inversa... (cf. Mc 2,27).

De igual modo, se puede ver una segunda inclusión relacionando los capítulos 71-72 al capítulo 1°, situándose aún más al nivel de institución para subrayar el espíritu. Y aquí también aparece con evidencia que todo lo que está contenido en esta inclusión está igualmente subordinado a este espíritu. Es más bien el espíritu el que conserva a la Regla que lo contrario, pero el espíritu tiene necesidad de la Regla para mantenerse “soplo” vivificante y no volverse simplemente “viento”, vacío de sentido.

Se puede, por otra parte, llevar aún más lejos este ritmo de inclusiones sucesivas en el texto mismo de la RB y que, según el mismo principio, subrayan las principales nervaduras dándoles SENTIDO:

 

Capítulo 71: EL BIEN DE LA OBEDIENCIA

Con pocos trazos este capítulo completa la estructura institucional fundamental de la “cohabitación de por vida”, colocándose ahora desde el punto de vista de la comunidad que la habita y del espíritu que la anima.

 

Un espíritu nuevo

Un espíritu nuevo se indica en las primeras palabras: “el BIEN de la obediencia”. Difícilmente se podría subrayar mejor una de las características propias de la comunidad monástica, y que la aparta de muchas comunidades de vida. En la mayoría de las comunidades humanas, en efecto, la obediencia está considerada como una necesidad que se impone, pero que uno se esfuerza ordinariamente en limitarla al mínimo por reglas y leyes precisas.

Aquí al contrario, la obediencia está considerada como un “BIEN” del que se desea poder usar lo más posible. Lejos de estar estrictamente limitada a la obediencia hacia los responsables oficiales, este “bien” se extiende también en la obediencia a TODOS. Es la obediencia mutua, la que proviene de la CARIDAD.

La naturaleza misma de esta obediencia tendrá todavía que precisarse. Baste subrayar que aquí es considerada como la “regla de juego” comunitaria. Todas las nervaduras internas de la RB están concebidas en función de este primer dato, ya largamente indicado en el Prólogo. No se trata primariamente en este lugar del ejercicio de la autoridad, sino de la obediencia misma como expresión del DESEO de todos, puesto que ella es vista como un “bien”.

 

Una comunidad de voluntarios

“Sabiendo...” (scientes) [v. 2]. La RB utiliza bastante a menudo esta expresión del verbo “saber” en un sentido muy fuerte. Se trata de algo más que de un simple conocimiento nocional. Se trata más bien de una toma de conciencia que cimenta una decisión libre y responsable. La comunidad monástica no puede ser impuesta a nadie, no puede estar compuesta sino de voluntarios “sabedores” de lo que ellos hacen entrando allí.

 

Una comunidad de “fe”

“... Que por este camino de la obediencia irán a Dios” (v. 2). Reaparece aquí el eje principal que, del Prólogo al capítulo 73, sirve de fundamento a toda la RB y le da su sentido.

La finalidad prevista de la institución no es otra que aquella que ha motivado a cada uno y lo ha puesto en camino. De nuevo, la institución tiene SENTIDO sólo si este fin permanece, en primer lugar, en el corazón de cada uno. Si esta fuerza fundamental se relaja, todos los engranajes corren el riesgo de ir trabándose poco a poco...

Estos dos versículos son como un “pressis”[1] del Evangelio. Se piensa inmediatamente en los últimos capítulos de san Juan y en el gesto de Cristo lavando los pies a sus discípulos pidiéndoles hacer lo mismo los unos con los otros, en el momento mismo en que Él les abre el camino hacia Dios. Se trata, en efecto, de fundar una “escuela” donde se aprende a “servir” como el Señor, el “Servidor de Dios”, que al final del Prólogo nos invitaba a seguirle hasta el fin. El capítulo 7 mostrará las etapas que jalonan la ruta y atribuirá nuestra progresión a la obra del Espíritu Santo en nosotros.

La Palabra de Cristo y el poder del Espíritu son, por el acto de fe personal de cada uno de los hermanos, los fundamentos de la comunidad.

La continuación normal de estos dos versículos sería el capítulo 72. Pero la RB se interrumpe para hacer una observación, también profundamente reveladora de su “espíritu”.

 

Una comunidad estructurada y ordenada

No se trata de evadirse en la “caridad”. Es la ilusión que conduce a las peores aberraciones. La caridad, en efecto, no resuelve por sí misma los problemas de la vida.

La comunidad de cohabitación, la comunidad querida por la RB, es la que enfrenta todas las exigencias de una gestión material necesaria a la subsistencia y a la vida de todos. Estas exigencias reclaman competencias que no pueden ser suplantadas por la caridad sola. Son ellas las que exigen en una comunidad un tanto numerosa el reparto de cargos, y por consecuencia también una jerarquía: “Den prioridad a lo que mande el abad o las autoridades instituidas por él, a lo que no permitimos que se antepongan órdenes privadas, pero en todo lo demás, los más jóvenes obedezcan a sus mayores con toda caridad y solicitud” (vv. 3-4).

Aquí se trata, en efecto, de los “responsables”. El Padre Adalbert de Vogüé hace notar que el término “præpositi” jamás es empleado en la RB para designar, por ejemplo, a los decanos, a los cuales quizás aquí hace alusión con las palabras “sus mayores”. Se trata más bien de los hermanos designados para ser oficialmente responsables de un sector de actividades, siendo el abad el responsable último de toda la marcha de la casa. Hablaríamos hoy de “capacidades”, el sentido técnico que se agrega cada vez más imperativamente al sentido jurídico, a causa de la tecnicidad de la vida moderna.

Sin endurecer el texto, parece que a través de esta advertencia de la RB, se muestra el carácter totalmente encarnado de la comunidad benedictina. Surge en el centro mismo del movimiento más personal de cada uno y es el motor más sobrenatural de la vida en común. También allí hay un “espíritu”.

El movimiento espiritual que procede del Espíritu en nosotros no puede desdeñar las realidades más concretas de la vida y sus exigencias. La obediencia sólo será auténtica si supera la exclusiva generosidad subjetiva y sabe ser objetiva. La sola intención no basta. ¡Con inteligencia y buen sentido, ella respeta las capacidades!

(vv. 5-9) Dos reacciones cuya vigor muestra la importancia de lo que está en juego[2]. Todo aquello que afecta a lo expresado en los versículos 1 y 2, alcanza al espíritu fundamental de la comunidad, que no puede ser puesto en cuestión.

(vv. 6-9) Aplicado tal cual, este ritual puede conducir a efectos directamente contrarios a su fin..., sobre todo en el contexto actual. La obediencia mutua no es una cuestión de “poder” o de “poderío”, que establecería en relación de obediencia a un vencedor y a un vencido. En otros capítulos la RB pone suficientemente en guardia a los que tienen autoridad contra todo abuso de poder personal. Aquí pone en guardia contra otro peligro: el de buscar “vencer”... ¡incluso obedeciendo!

Lejos de ser una relación de fuerza, la obediencia de la que aquí se trata es una relación de confianza. Estos son dos espíritus opuestos. El camino es duro y largo para pasar de uno a otro. Es necesaria toda la potencia del Espíritu que convierte el corazón.

Los capítulos 4 a 7 ponen las balizas para el camino de esta conversión del corazón.

El capítulo 72 describe el resultado.

 


[1] Resumen, compendio o compilación (NT).

[2] 5Y si se halla algún rebelde, sea corregido (cf. 1 Co 11,16). 6Si algún hermano es corregido en algo por su abad o por algún superior, aunque fuere por un motivo mínimo, 7o nota que el ánimo de alguno de ellos está un tanto irritado o resentido contra él, 8al punto y sin demora arrójese a sus pies y permanezca postrado en tierra dando satisfacción, hasta que aquella inquietud se sosiegue con la bendición. 9Pero si alguno menosprecia hacerlo, sométaselo a pena corporal, y si fuere contumaz, expúlsenlo del monasterio. Se ha agregado el texto de la RB para una mejor comprensión del comentario (N.d.T.).