Editorial

“... Toda alma –escribe Bernardo de Claraval–, aunque esté cargada de pecados, presa de las redes de los vicios, asechada por la seducción, cautiva en el exilio, encarcelada en el cuerpo, pegada al fango, hundida en el barro, retenida en los miembros, atada a las preocupaciones, dispersa por el trabajo, oprimida por los miedos, afligida por el dolor, errante tras el error, inquieta por la angustia, desazonada por la sospecha y extranjera en tierra hostil; y como dice el Profeta, contaminada con los muertos, evaluada entre los que yacen en el infierno; esa alma, repito, puede volverse sobre sí misma, a pesar de hallarse tan condenada y desesperada, y no sólo se aliviará con la esperanza del perdón y de la misericordia, sino que también podrá aspirar tranquila a las bodas del Verbo. No temerá iniciar una alianza de comunión con Dios, no sentirá pudor alguno para llevar el yugo del amor a una con el Rey de los ángeles... Ten en cuenta además que este esposo no es sólo un amante, es el amor. ¿Es acaso el honor? Que lo discuta el que quiera: yo no he leído eso. Sí leí que Dios es amor, y nunca vi la palabra honor” (Sobre el Cantar, Sermón 83,1. 4).

“En cuanto a nosotros, hermanos –dice Isaac de la Estrella–, pidamos al buen Jesús, con una humilde súplica, que se digne expulsar de nosotros toda especie de demonios, desatar nuestra lengua de todo impedimento para la confesión, también nuestra voluntad y nuestras afecciones de toda concupiscencia de este mundo, nuestra razón de toda ignorancia, nuestra libertad de todo obstáculo, para que queramos, sepamos y podamos estar siempre aquí con él y recoger con él, hasta que finalmente seamos recogidos por él junto a nuestros Padres…” (Sermón 39,18).

Estos textos medievales reúnen las dos líneas temáticas que vivifican y estructuran nuestro Cuaderno Monástico 197, y también pueden orientar su lectura personal y comunitaria.

La primera línea: misericordia-conversión, paternidad-acompañamiento, es desarrollada en los artículos de la Abadesa emérita de Varensell, Judith Frei, osb, “Jamás desesperar de la misericordia de Dios”, que al comentar este instrumento del arte espiritual nos da una clave para vivir este año santo extraordinario; y en el del obispo emérito de Santo Domingo en Nueve de Julio, Martín de Elizalde, osb, “Paternidad abacial y dirección espiritual”, que discretamente nos ayuda a apreciar la unidad-diversidad de ambos caminos.

La segunda: tradición-progreso, testimonio-confesión, se despliega en la apreciada sección fuentes, que continúa con El libro de los ancianos, el capítulo X de la colección sistemática griega; y en las contribuciones del historiador y profesor Antoine Guillaumont, “La enseñanza espiritual de los monjes de Egipto: la formación de una tradición”; de la monja de Varensell, Michaela Puzicha, osb, “El segundo libro de los Diálogos de Gregorio el Grande”, que propone una renovada interpretación de la Vita de Nuestro Padre san Benito; de la Hna. Ana Laura Forastieri, ocso, que difunde la obra de Gertrudis para su proclamación como Doctora de la Iglesia, “De exterioribus ad interiora: Aspectos de la conversión de santa Gertrudis”; y en la del monje de los Toldos, Pedro Max Alexander, osb, “¡Contar y cantar las maravillas del Señor, nuestro Dios!”, llamado a participar plenamente del Misterio Pascual y asociado ya al coro celestial.

Al leer y releer personal y comunitariamente estos artículos sobre misericordia-conversión/paternidad-acompañamiento, tradición-progreso/testimonio-confesión, podrán comprender, con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios (Ef 3,18-19).

P. Pedro Edmundo Gómez, osb

Abadía de Cristo Rey, El Siambón, Tucumán

SUMARIO

Editorial

Artículos

ANTOINE GUILLAUMONT

“Pocos escritos, a excepción de los Evangelios, han tenido en la historia de la espiritualidad cristiana, una difusión y una influencia comparables a las de las colecciones de los Apotegmas, o Dichos de los Padres (Apophthegmata Patrum, Verba Seniorum), que transmitieron al mundo cristiano la enseñanza de los monjes de Egipto, investidos, ante numerosas generaciones de monjes, de un valor en cierto modo normativo”.

JUDITH FREI, OSB

«Para Benito la “misericordia Dei” es una cualidad predominante de la acción salvadora de Dios a tal punto que la introduce en su enumeración. Fuera de ella, el monje no puede nada. Tiene necesidad de la misericordia de Dios. La confianza en la misericordia de Dios corresponde a la humildad en cuanto que ésta es esa actitud fundamental que hace esperar todo de Dios, y que permite llegar a la verdadera libertad en esa dependencia total con respecto a Dios».

MARTÍN DE ELIZALDE, OSB

«Para el discípulo de san Benito se trata de algo diferente: existe un punto de partida, que es la llamada divina a la conversión por el medio que es la Santa Regla, y por consiguiente la convicción firme, basada en la fe y en la experiencia de los santos, acerca de la eficacia espiritual de este camino. Este es recorrido con la guía del abad y empleando los instrumentos de la vida común, con la práctica de la humildad y de la obediencia, no sólo como virtudes particulares a aplicar en determinadas circunstancias, sino consideradas como el espíritu y la sustancia de la “conversatio”».

MICHAELA PUZICHA, OSB

“La comprensión, de esta clase de literatura, por parte del lector moderno, no puede darse, sin más, por supuesta. ¿Qué claves hermenéuticas le facilitan al lector actual el acceso a dicha literatura, captando, al mismo tiempo, las intenciones del autor y el ambiente de la época en la que surgió?”.

ANA LAURA FORASTIERI, OCSO

“La primera gracia mística que recibió santa Gertrudis, resolvió radicalmente la crisis interior que ella vivía en su corazón, desde el adviento de 1280. Esta gracia señala tanto su ingreso en la vida mística, como su conversión. En su vida se dan al mismo tiempo el proceso de crecimiento espiritual –común a todo cristiano–, y el proceso místico, de forma que no son siempre netamente separables”.

MAMERTO MENAPACE, OSB

Era un apasionado de la Biblia. La leía permanentemente. En hebreo: la primera Alianza, y en griego, el Nuevo Testamento. Y desde esa base, solía hacer incursiones por la aritmética bíblica. Tanto que, en comunidad le tomábamos un poco el pelo (¡porque en realidad le iba quedando poco pelo disponible!) por esta afición a la quiniela bíblica de los números. Si hasta Dios se lo tomó en cuenta: en su internación, al salir momentáneamente de terapia intensiva ocupó la pieza número siete (7): número de la perfección, a la que se estaba acercando. Internación que duró cuarenta (40) días, hasta llegar a su Pascua.

PEDRO MAX ALEXANDER, OSB

«Testimoniar las misericordias, cantar y contar las maravillas obradas por el Señor, en la vida de mis padres y en la mía: ese es el propósito de estas páginas. En otras palabras, hacer eucaristía, no dejar de hacer memoria de su guía amorosa en la trama de la historia, también en los meandros y menudencias de las pequeñas historias de una familia: “Miren lo que ha hecho con ustedes y celébrenlo en alta voz. Bendigan al Señor de la justicia y glorifiquen al Rey de los siglos”».

Fuentes

Preguntaron a abba Agatón: “¿Qué es más importante: el trabajo corporal o la custodia interior?”. Y respondió: «El hombre se parece a un árbol; el trabajo corporal son las hojas, la custodia interior es el fruto, y puesto que, según lo que está escrito: “Todo árbol que no produce buen fruto será cortado y echado al fuego” (Mt 7,19), por esto es claro que todo nuestro esfuerzo (debe) ser sobre los frutos, es decir, la custodia del espíritu. Pero también (tenemos) necesidad de la protección y el adorno de las hojas, que son el trabajo corporal».