Editorial

En este Cuaderno se distinguen y se entremezclan los diferentes hilos que constituyen el entramado de la vida de la Iglesia: la meditación de la Escritura, la riqueza de la Tradición, el aporte de la vida monástica y los brotes nuevos de un Magisterio que, como el árbol plantado junto a la corriente, no cesa de dar fruto a su debido tiempo.

El P. Enrique Contreras se interroga sobre el horizonte pedagógico de los Apotegmas de los Padres, dándonos como clave de interpretación la luz que alborea y crece en el meditar continuo de la Palabra de Dios, práctica habitual de nuestros padres en la vida monástica y en la fe.

La invitación del Papa Francisco a rezar unos por otros nos interpela, y lleva al P. Fernando Rivas a bucear en su misma fuente: la espiritualidad de los monjes de Gaza, de la que bebió el mismo fundador de la Compañía de Jesús, proporcionando así a quien llegaría a ser nuestro Papa Francisco, una línea de reflexión en la que el otro ocupa un lugar fundamental en el camino de nuestra salvación.

El P. Bernardo Olivera se detiene a considerar los matices místicos de una conversatio que es fruto maduro del amor, y nos introduce en las enseñanzas de los Padres cistercienses sobre lo que constituye el corazón de la experiencia cristiana: su dimensión esponsal.

La investigación de Martín Buceta sobre las ideas filosóficas de la encíclica Laudato si, nos hace recorrer el camino que, partiendo de los síntomas y causas del problema planteado, se abre después al panorama de la “ecología integral” propuesta por el Papa Francisco, y a sus implicancias en cuanto a una acción posible para el cuidado de la “casa común”.

Finalmente, el capítulo undécimo de los Apotegmas de la colección sistemática griega que presentamos en la sección FUENTES, muestra la importancia de la vigilancia en el discernimiento de los pensamientos como medio para que la vida entera pueda centrarse en Dios y dar el fruto del amor cristiano.

SUMARIO

Editorial

Artículos

ENRIQUE CONTRERAS, OSB

«La llave para comprender la pedagogía de nuestros padres en la vida monástica es la “lectio divina”. O mejor, la memorización y repetición de los textos bíblicos: los testimonios (“martiria”) que siempre –permanentemente– el monje / la monja deben escuchar».

FERNANDO RIVAS, OSB

En las siguientes líneas vamos a hacer una breve reflexión sobre el sentido teológico-espiritual de este gesto y pedido –que recen por él–, pero lo haremos a la luz de la espiritualidad de los monjes de Gaza, que fueron quienes más insistieron y elaboraron el significado de este pedido del Apóstol Santiago (5,16). Esta elección no es caprichosa. En el “Reglamento para los novicios”, redactado por san Ignacio de Loyola en Roma, pide expresamente que lean los escritos de Doroteo de Gaza.

BERNARDO OLIVERA, OCSO

La experiencia demuestra que la gran mayoría de las tensiones interpersonales provienen de nuestras ideas y pensamientos (logismoi: pensamientos apasionados) sobre el prójimo, ellas actúan como un filtro que desfigura la realidad de lo que cada uno es (¡lo cual solo lo conoce el Señor!). En esto consiste básicamente el combate espiritual del cenobita.

MARTÍN MIGUEL BUCETA

Emprenderemos aquí entonces el análisis de la encíclica que –frente a la situación en que nos encontramos, en la que “el ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, solo puede terminar en catástrofes” (LS 161)–, guarda la esperanza de poder contribuir al menos un poco a elaborar aquel viraje, aquella conversión ecológica individual y comunitaria, aquella revolución cultural tan necesaria, para construir un proyecto ecológico integral que nos permita permanecer en nuestra casa y convertirla en un lugar próspero para las generaciones venideras (cf. LS 114).

Fuentes

Este extenso capítulo posiblemente podría resumirse en una de sus más significativas sentencias: “Es necesario que el monje ayune con esfuerzo, salmodie con inteligencia, ore con vigilancia, suplique a Dios con conocimiento y no haga nada terreno, sino todas las (obras) espirituales: porque esto (es ser) monje” (n. 87).

Libros

VIRGINIA RAQUEL AZCUY
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