La identidad débil

El hombre es solamente un peregrino inconsciente del caos y de la nada si no encuentra al TU que lo llama por su nombre y se lo revela a sí mismo. Es el corazón de nuestra vocación, el por qué de nuestra pertenencia a Dios, el por qué de nuestro gozo que funde nuestro aliento humano con el aliento de Dios en la invasión eucarística que cada día nos penetra.

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