Editorial

Mientras el año de la fe se acerca a su fin, es el momento de mirar con gratitud la figura y la enseñanza de Benedicto XVI, que entregó cada fibra de su ser al empeño de trasmitir la alegría, la claridad y el coraje de una fe que encienda los corazones y se concrete en manos que modelen el mundo nuevo de la paz. Reproducimos una de sus catequesis, en la que muestra a una humanidad que tantas veces experimenta la orfandad, el rostro paterno de Dios.

Christoph Joest, en el artículo que presentamos en este número de Cuadernos Monásticos, hace una interesante afirmación que puede relacionarse, como veremos, con el contenido de toda la revista: presenta la vida monástica no sólo en relación de continuidad con la comunidad de los apóstoles de Cristo, sino como ya existente en algún grupo de ascetas del entorno de Cristo. Y como su relación histórica con el Señor, tal como dejan entrever ciertos pasajes evangélicos, fue de buena acogida a la Buena Nueva, no son mencionados entre los distintos grupos religiosos (fariseos, saduceos, escribas), pero sí se dejan entrever detrás de un Evangelio como el de san Juan.

Basil Studer, osb, considerando la Schola Christi en la Regla de san Benito, pone de manifiesto cómo los monjes, al ingresar en la escuela (schola) del monasterio tenían conciencia de pertenecer a la comunidad misma que acompañaba al Señor y prolongan su presencia viviendo bajo el magisterio (“aprendan de mí”) del “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).

Michaela Puzicha, osb, en su artículo sobre los “Padres” en la Regla de san Benito, con su exhaustivo análisis del significado de esta expresión en el pensamiento antiguo y contemporáneo a san Benito, y en su misma Regla, deja en claro que la intención última de su empleo es sacramental: es decir, señalar la continua y actual presencia paternal de Cristo en medio de los suyos, tal como El mismo lo asegurara: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Con ello pone de relieve que la tradición monástica siempre se vio a sí misma unida al núcleo íntimo que rodeaba al Señor, quien les decía: “Ya no los llamo siervos, sino amigos” (Jn 15,15).

Michael Casey, ocso, con su ponencia en el Congreso de abades benedictinos del 2012 sobre el tema de la Autonomía, muestra las vicisitudes históricas y teológicas que la autonomía de los monasterios tuvo y tiene respecto a los sucesores de los apóstoles (los obispos) y su jurisdicción (la diócesis). Pero la autonomía no pretende una ruptura o independencia, sino que la forma de vida monástica fue el corazón mismo de la comunidad del Señor, de los Hechos de los Apóstoles, tal como insistirá san Agustín en su Regla. Y es por eso que mereció el nombre de “ecclesiola” (pequeña Iglesia) en los mismos escritos monásticos, totalmente unida y en comunión con los obispos de la zona y también de los abades entre sí, reunidos en pequeños sínodos y concilios.

Finalmente, en las Fuentes, que presentan el origen del monacato armenio, vemos otra vez esa presencia e inmediatez de la relación del monje con Cristo. Tal como narra Eusebio de Cesarea, el rey de Armenia recibe una carta del mismo Cristo, asegurándole que después de su Ascensión enviaría a dos de sus discípulos para comunicar el Evangelio a ese pueblo elegido. Pero esa vocación primera debía ser confirmada con la entrega de la vida, es decir, con el martirio. Lo que encuentra su lugar, según relata el texto del Agathangelos, en el martirio de las vírgenes ripsimianas y de muchos más.

Todo esto lleva a replantear ahora qué se entiende por monacato y vida monástica. No se trata de un simple tema histórico, sino de desentrañar su plena realidad teologal: es la constitución del Cuerpo de Cristo que, por la Eucaristía y la puesta en común de todo, va manifestando al mundo y a la Iglesia en el mundo, ese estado definitivo de comunión en el amor, pero que antes debe realizar el mismo camino que ya realizó su Cuerpo visible, ofrecerse al Padre en el altar de la Cruz, para poder decir con san Pablo: El mundo está crucificado para mí y yo lo estoy para el mundo (Ga 6,14). Es la única garantía de que ya se ha comenzado esa vida en la Resurrección, que sólo espera con el Apóstol, su consumación en Cristo.

Fernando Rivas, osb

SUMARIO

Editorial

Artículos

BENEDICTO XVI

«Dios es nuestro Padre al darnos a su Hijo; Dios es Padre perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida que resucita; Dios es el Padre que nos da el Espíritu que nos hace hijos y nos permite llamarlo, en verdad, Abbá, ¡Padre!”».

CHRISTOPH JOEST

«Es necesario elucidar, en primer lugar, el significado de la palabra “monachos”, y explicar la fenomenología “monástica”, a fin de alejarnos de la afirmación de que únicamente los padres del desierto con antecedentes eremíticos, del tipo de Antonio, o cenobíticos según el sistema pacomiano, pueden ser considerados monjes “genuinos”».

BASIL STUDER, OSB

«En la tradición cristiana, especialmente en la monástica, hablan de la schola (Christi) al explicar el significado de las palabras “Aprendan de mí” (Mt 11,29). También figura en la descripción del seguimiento de Cristo como una relación entre un único maestro y los discípulos. Benito tiene claramente una especial predilección por este ideal, como ha mostrado de Vogüé de modo notable».

MICHAELA PUZICHA, OSB

“Todos los capítulos de la RB están, en mayor o menor medida, empapados en la tradición de los Padres monásticos y de la fe. Esto no significa que Benito en todos los casos tuviera conocimiento directo de dichos textos. Sin embargo sí demuestra que Benito estaba a tal punto familiarizado con la tradición, que se movía dentro de ella como en su casa”.

MICHAEL CASEY, OCSO

“Esta sensibilidad pastoral a la concreta realidad de la Comunidad –en su lucha por hacerse extraña al modo mundano de actuar y en su travesía hacia la Patria celestial– es lo que ofrece el mejor fundamento para los monasterios autónomos”.

Fuentes

“La figura de Gregorio, martirizado pero milagrosamente vivo, establece en los orígenes de la Iglesia armenia lo que Casiano quiso mostrar acerca del monacato egipcio (Colaciones 18,5 e Instituciones 7,17): la perfecta continuidad entre los apóstoles del Señor, los mártires y los monjes, como prolongación de los anteriores”.

Libros

Ponemos a disposición de los visitantes este artículo de "Cuadernos Monásticos" en forma gratuita
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