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PRESENCIA DE SANTA GERTRUDIS EN LA EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA (II)

Santa Gertrudis, óleo sobre tela, siglo XVIII, Museo Nacional de Arte Religioso, Ex-Convento de Santa Mónica, Puebla, México.

Ana Laura Forastieri, ocso

Junto con la difusión de su obra[1], santa Gertrudis hizo gran impacto en el arte iconográfico barroco de los siglos XVII y XVIII, en toda Europa y principalmente en España e Iberoamérica. Su iconografía proliferó en México, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil. En la producción hispanoamericana hay obras de artistas españoles y nativos. La iconografía de origen nativo muestra los rasgos de inculturación del barroco americano, sobre todo en el estilo cuzqueño, signo del arraigo de esta devoción en la cultura popular.

Este movimiento llegó a apogeo en el XVIII, cuando, debido a la propagación de su culto mediante autorizaciones locales, finalmente el Papa Clemente XIII la canonizó por equivalencia en 1678 y en 1739 extendió su fiesta a toda la Iglesia. Dentro de este extenso período de dos siglos, pueden distinguirse a su vez dos oleadas:

- La primera se ubica en España, en el siglo XVII y es, como dijimos, el resultado de la circulación de su obra y del grabado que la acompañaba. Su éxito está relacionado con el proceso de canonización de santa Teresa, ya que los paralelismos entre las visiones de ambas monjas, habrían permitido justificar las experiencias de la mística y reformadora española.

- La segunda oleada surgió a mediados del siglo XVIII, a partir del nuevo apogeo que santa Gertrudis obtuvo en Francia, en forma contemporánea a la plasmación de la devoción al Sagrado Corazón. Santa Gertrudis fue la figura inspiradora de todos los grandes santos del Grand Siècle francés, considerada por estos como la santa del Sagrado Corazón. Por esta vía, su devoción volvió a incrementarse en España y América. Los principales agentes difusores en este período fueron los jesuitas que, a través de las revelaciones de Cristo a santa Margarita María de Alacoque, concernientes al jesuita san Claudio de la Colombière, habían recibido la misión de difundir el culto al Sagrado Corazón.

Si bien, a lo largo de dos siglos, esta gran corriente fue evolucionando, lo que le dio homogeneidad fue su arraigo en la tradición medieval y su continuidad con la gran tradición espiritual de la Iglesia[2]. La primera evangelización de América inculcó la idea de la unidad espiritual e institucional de la fe cristiana. Este clima espiritual imbuido de la tradición medieval se fue debilitando con la influencia de la Ilustración en las décadas revolucionarias. Las nuevas corrientes evangelizadoras del siglo XIX no lograron establecer una continuidad con el espíritu precedente, lo que modificó en cierta medida el estilo y la tradición del pueblo creyente; pero las raíces más hondas de la primera evangelización han permanecido como constitutivas de la identidad cristiana latinoamericana.

 

1.2. Segunda corriente: el siglo XIX

La segunda corriente de transmisión de la devoción a santa Gertrudis surgió en Francia a mediados del siglo XIX en la época de la restauración de la fe católica, después de la caída del régimen napoleónico. El imperio napoleónico, imbuido del racionalismo y de las ideas liberales de la revolución francesa, se había declarado independiente de la Iglesia y expulsó de sus confines las órdenes religiosas. Con la restauración posterior, surgieron en Francia muchas nuevas congregaciones religiosas misioneras, educativas y de caridad, que también buscaron expandirse allende el océano, en América, África y Asia. En esta época, la figura de santa Gertrudis adquirió una nueva celebridad en Francia, como precursora de la devoción al Sagrado Corazón que se estaba difundiendo contemporáneamente. Muchas nuevas congregaciones la tomaron como patrona o modelo inspirador. A este nuevo éxito contribuyó Dom Próspero Gueranger, restaurador del monacato benedictino en Francia, quien propició la primera edición crítica de sus obras, para la cual se confrontaron los manuscritos conocidos en su tiempo. Es la llamada Edición Paquelín (Poitiers – París 1877), en base a la cual se hicieron todas las traducciones a las lenguas modernas que se conocieron hasta mediados del siglo XX. Como iniciador del movimiento litúrgico, Dom Gueranger encontró en santa Gertrudis la figura inspiradora de la espiritualidad litúrgica. Se difundieron los “años litúrgicos” sacados del Legatus, y se la propuso como modelo de santidad y vida religiosa.

Por esta corriente santa Gertrudis fue reintroducida en Brasil y en el Río de la Plata, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, a través de las abadías benedictinas masculinas comprometidas con el movimiento litúrgico: San Sebastián de Bahía y Olinda, en Brasil; San Benito de Buenos Aires, en Argentina. Este apostolado litúrgico daría un fruto eximio en la implantación de las dos primeras fundaciones benedictinas femeninas: la Abadía de Santa María, en San Pablo, Brasil y la de Santa Escolástica en Argentina. Ambas fundaciones, desde su origen, estuvieron marcadas por la figura señera de santa Gertrudis, como modelo de vida monástica y de espiritualidad litúrgica, ideal que transmitieron a sus casas hijas.

Por esta línea se transmitió una imagen de santa Gertrudis más sobria, mostrándola como modelo de espiritualidad litúrgica y como precursora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Lo que distingue a esta corriente de la anterior no es su diferencia temporal, sino el hecho de que refleja otra mentalidad: está imbuida del racionalismo imperante en la Francia del siglo XIX, aun siendo una tentativa de reacción contra el mismo, y resiente la ruptura que supuso la Ilustración con la tradición anterior[3]. La misma situación se refleja en América: la segunda corriente evangelizadora, correspondiente al período independentista, estuvo influida del racionalismo propio de la época. Sin embargo, si bien esta corriente no logró tener el espíritu de la tradición precedente, se nutrió de ella, y de este modo hizo que aquella sobreviviera en el pueblo creyente.

Las dos imágenes de santa Gertrudis existentes en la ciudad de Salta[4], Argentina, ilustran bien las dos corrientes evangelizadoras expuestas. La primera obra, representativa de la Primera Evangelización, es un óleo de fines del siglo XVII, típico del barroco cusqueño, que se encuentra en el Museo del Cabildo de Salta y representa los desposorios místicos de santa Gertrudis. En el estilo dramático y místico del barroco, aparecen varios de los atributos iconográficos clásicos de santa Gertrudis: anillos, báculo, libro, rosas y el Niño Jesús.

Desposorios místicos de santa Gertrudis, óleo sobre tela, siglo XVII, barroco cusqueño, Museo Nacional del Cabildo, Salta, Argentina.

 

La segunda obra es el vitral de la iglesia de los Redentoristas de Salta; muestra un modelo más sobrio, ligado a la Eucaristía, es decir al aspecto litúrgico. Ya no aparece el corazón expuesto.

Santa Gertrudis, vitral de comienzos del siglo XX, Iglesia de los Redentoristas, Parroquia Nuestra Señora de Loreto, Salta, Argentina.

Esta obra es representativa de la Corriente Evangelizadora del Siglo XIX, por la cual entraron en nuestro país las congregaciones misioneras, educativas y de caridad, muchas de ellas vinculadas con el culto al Sagrado Corazón.

Continuará



[1] Continuamos publicando esta comunicación presentada en la XXXV Semana de Teología organizada por la Sociedad Argentina de Teología bajo el tema: “En el camino de Emaús. Esperanza que fecunda la historia”, Salta, 19-22 de septiembre de 2016. Publicada en Sociedad Argentina de Teología: En el camino de Emaús: Esperanza que fecunda la historia, 1ª ed. Buenos Aires: Ágape Libros, 2017, 311-322. La autora es monja del Monasterio Trapense “Madre de Cristo”, Hinojo, Argentina, y colabora desde 2012 con la causa de postulación de Santa Gertrudis al Doctorado de la Iglesia.

[2] La devotio moderna, movimiento espiritual que tuvo inicio en el siglo XIV y se perpetuó hasta el siglo XVIII, logró perpetuar la tradición espiritual de la Edad Media en la Edad Moderna, a pesar del cambio de paradigma que supuso el paso entre estos dos períodos históricos: del paradigma teocéntrico medieval al antropocentrismo del Renacimiento y el Humanismo. La evangelización de América se realizó bajo el ideario de la devotio moderna, cuyos símbolos y estilo quedaron plasmados en las iglesias coloniales, influyendo sobre las generaciones sucesivas de cristianos hasta el presente. Por este motivo, la idiosincrasia de la devotio moderna, ligada al estilo barroco, sigue influyendo en la piedad popular hasta nuestros días.

[3] Si bien la expresa intención de Gueranger era nutrirse de la más genuina tradición anterior, no cabe duda que la restauración monástica en Francia supuso un nuevo comienzo y una reinterpretación original de la tradición monástica anterior. Un indicio de la ruptura que implicó la Revolución Francesa con la tradición cristiana precedente, es el hecho de que en el siglo XVIII los promotores de la devoción al Sagrado Corazón “descubrieron” a Santa Gertrudis como precursora de la misma, sin advertir que en los siglos XVII y XVIII ya se la veneraba con este título.

[4] Esta ponencia fue dada originariamente en Salta, donde ese año tuvo lugar la Semana de Teología de la Sociedad Argentina de Teología.

 

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