Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI)

Presentación

La finalidad de la presente introducción está bien delimitada en el título: ofrecer una primera aproximación a los textos de nuestros padres en la vida monástica cristiana. Favorecer una lectura correcta y fructífera de los escritos monásticos de los primeros siglos.

Correcta, es decir que no se aplique a las obras de nuestros autores una lente que desvirtúe la intención y finalidad con que las fueron redactadas. Por el contrario, que se trate de comprender, ante todo, su sentido original, para desde allí extraer las enseñanzas que ofrecen a nuestro tiempo y a nuestra Iglesia.

Fructífera: los textos monásticos no deberían convertirse en meros objetos de estudio científico, o de lectura exegética, ni tampoco en “piezas de museo”. Antes bien son un verdadero alimento espiritual de la monja y del monje, que inspiran su vida y la hacen fecunda, en cualquier circunstancia que les toque vivir. Son una ayuda sólida y eficaz para el seguimiento de Cristo, y constituyen un punto de referencia permanente para el monacato cristiano.

Lectura previa:

Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, ns. 1 y 2.

http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html

 

Indicaciones preliminares

1. Un objetivo: Conocer y amar las raíces de nuestra vida monástica. Saber qué es la vida monástica cristiana y cuál es su espiritualidad.

2. “Una iniciación en la historia, en la misión propia y en la espiritualidad del instituto... Un conocimiento siempre mejor del fundador, de la historia del instituto, de su espíritu, de su misión, y un esfuerzo correlativo por vivirlo personal y comunitariamente”[1].

3. El camino a seguir: leer y comprender las “fuentes” de la vida monástica cristiana y benedictina. Amar las enseñanzas de nuestras madres y nuestros padres en la vida monástica. Vivir lo que ellas y ellos nos enseñan.

4. “Nosotros hemos creído y conocido (Jn 6,69). No hemos conocido y hemos creído, sino hemos creído y conocido, pues hemos creído para conocer, porque, si quisiéramos primero conocer y después creer, no seríamos capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué hemos creído y qué hemos conocido? Que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 16,16), esto es, que Tú eres la vida eterna misma, y que en tu carne y sangre no das sino lo que eres”[2].

5. Importancia de “nuestro ahora”: Caminamos hacia un objetivo en un tiempo y lugar determinados: aquí y ahora. Lo hacemos además desde una cierta cultura. Guiados por el Magisterio de la Iglesia y la voz del Espíritu Santo, en el hoy de América Latina.

6. “La santidad, que es el desarrollo de la vida de la fe, la esperanza y la caridad recibida desde el bautismo, busca la contemplación del Dios que ama y de Jesucristo su Hijo. La acción profética no se entiende ni es verdadera y auténtica sino a partir de un real y amoroso encuentro con Dios que atrae irresistiblemente (cf. Am 3,8; Jr 20,7-9; Os 2,16). Sin una capacidad de contemplación, la liturgia, que es acceso a Dios a través de signos, se convierte en acción carente de profundidad. Agradecemos a Dios la presencia de hombres y mujeres consagrados a la contemplación en una vida según los consejos evangélicos; ellos son un signo viviente de la santidad de todo el pueblo de Dios y un llamado poderoso a todos los cristianos a crecer en la oración como expresión de fe ardorosa y comprometida, de amor fiel que contempla a Dios en su vida íntima Trinitaria y en su acción salvífica en la historia, y de esperanza inquebrantable en el que ha de volver para introducirnos en la gloria de su Padre, que es también nuestro Padre (cf. Jn 20,17)”[3].

7. «El acontecimiento de Cristo es el inicio de ese sujeto nuevo que surge en la historia y al que llamamos discípulo:

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 1).

Esto es justamente lo que, con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los evangelios como el inicio del cristianismo: un encuentro de fe con la persona de Jesús (cf. Jn 1,35-39).

La naturaleza misma del cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo. Ésa fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones. El evangelista Juan nos ha dejado plasmado el impacto que produjo la persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y Andrés. Todo comienza con una pregunta: “¿Qué buscan?” (Jn 1,38). A esa pregunta siguió la invitación a vivir una experiencia: “Vengan y lo verán” (Jn 1,39)»[4].

 

Lectura complementaria:

La tierra, la historia, la cultura y nuestros Padres en la vida monástica, en Cuadernos Monásticos n. 56 (1981), pp. 27-33.

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-56-2567.pdf

 

Toda la bibliografía que se ofrece es deliberadamente muy básica y solo en lengua castellana.

 

GUÍA DE ESTUDIO PARA EL PERÍODO ANTERIOR AL SIGLO IV

 

I. Una introducción: prehistoria del monacato cristiano

1) Formas monásticas no cristianas o “extra-bíblicas”:

a) En Oriente:             -budismo (hacia el siglo VI aJC)

                                   -hinduismo (hacia el siglo VII aJC)

                                   -otras religiones

b) En Occidente:        -las escuelas filosóficas (pitagóricos, estoicos)

 

2) Formas monásticas bíblicas:

a) Ellas y Eliseo y las Comunidades de profetas (s. IX aJC)

b) El Nazireato (ver Jc 13-16)

c) La comunidad de Qumrán (siglos II/I aJC)

d) Los terapeutas (¿siglo I aJC ?)

e) Juan el Bautista

 

II. LA VENIDA DE JESUCRISTO

El Verbo de Dios hecho carne: la vida monástica y el monje

 

III. Los siglos I a III (dJC)

a) Las primeras comunidades cristianas y la predicación del Apóstol Pablo (s. I);

b) Las vírgenes y los ascetas (fines del s. II y s. III);

c) Las enseñanzas para la vida espiritual de Orígenes (+253).

 

Esta primera unidad es introductoria. Ofrecerá una visión panorámica y sintética de los temas enumerados.

 

Bibliografía básica

J. ÁLVAREZ GÓMEZ, Historia de la vida religiosa. I. Desde los orígenes hasta la reforma cluniacense, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1987.

http://libroesoterico.com/biblioteca/Teologia/Alvarez%20Gomez%20Jesus%20Historia%20De%20La%20Vida%20Religiosa%201%203%20Desde%20Los%20Origenes%20Hasta%20La%20Reforma%20Cluniac.pdf

S. CARRASQUER PEDRÓS, Madres Orientales (siglos I-VII). Antropología – Prehistoria – Historia, Burgos, Ed. Monte Carmelo, 2003. En adelante: Matrología, Tomo I.

S. CARRASQUER PEDRÓS, Primeras Madres Occidentales (siglos I-VII). Génesis – Historia Sociocultural – Espiritualidad, Burgos, Ed. Monte Carmelo, 2003. En adelante: Matrología, Tomo II.

G. M. COLOMBÁS, El monacato primitivo. I. Hombres, hechos, costumbres, instituciones, Madrid, Biblioteca de autores cristianos, 1974, pp. 9-39 (BAC 351). En adelante: El monacato.

http://libroesoterico.com/biblioteca/Esenios/Colombas-Garcia-m-El-Monacato-Primitivo.pdf (segunda edición, segunda impresión, 2004).

G. M. COLOMBÁS, La tradición benedictina. Ensayo histórico. I. Las raíces, Zamora, Eds. Montecasino, 1989, pp. 25-84 (Col. Espiritualidad monástica, fuentes y estudios, 20). En adelante: La tradición.

A. LÓPEZ AMAT, El seguimiento radical de Cristo. Esbozo histórico de la vida consagrada, vol. I, Madrid, Eds. Encuentro, 1987, pp. 19 ss. (Historia, 35).

A. MASOLIVER, Historia del monacato cristiano. I. Desde los orígenes hasta san Benito, Madrid, Eds. Encuentro, 1994 (Col. Ensayos 78).

 

Las líneas representan la así llamada “ruta de la seda”



[1] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Orientaciones sobre la formación en los institutos religiosos, ns. 47 y 68; L’Osservatore Romano del 18 de marzo de 1990, pp. 12 y 14 (el documento lleva fecha 2 de febrero de 1990).

[2] Agustín de Hipona, Tratados sobre el Evangelio de San Juan 27,9; traducción en Obras completas de S. Agustín, T. XIII, Madrid, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos,1955, pp. 688-689 (BAC 139).

[3] Documento final de Santo Domingo, nº 37.

[4] Documento final de Aparecida, ns. 243-244.