Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [1]

FORMAS DE VIDA MONÁSTICA NO CRISTIANAS

 

1. Conviene recordar el significado de dos palabras que aparecerán con frecuencia:

·     monje: el solo, porque ha renunciado al matrimonio y a vivir en la sociedad habitual de los seres humanos, en el “mundo”;

·     asceta: el que se ejercita, el que se esfuerza.

2. “El monje es, según los antiguos, el asceta que se aparta de la sociedad humana para mejor conseguir su ideal: buscar a Dios y alcanzarle”[1].

3. “El monje no puede permanecer fiel a la etimología de su título de monje-solitario más que al precio de una total ruptura con el mundo, que le permita vivir solo para Dios”[2].

4. “La vida monástica es activa, no porque consista en obras de beneficencia o apostolado, sino porque es una ascesis (una obra) que tiende a la purificación del sujeto, en vistas de la contemplación”[3].

5. Muchos siglos antes de Cristo hubo ascetas y monjes:

6. “Ya desde la antigüedad, y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y los acontecimientos de la vida humana, y a veces también el conocimiento de la suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con un íntimo sentido religioso... En el hinduismo, los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición, ya sea mediante las modalidades de la vida ascética, ya sea a través de profunda meditación, ya sea buscando refugio en Dios con amor y confianza. En el budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado, pueden adquirir, el estado de perfecta liberación... La Iglesia también mira con aprecio a los musulmanes... (que) valoran la vida moral y honran a Dios, sobre todo, con la oración, las limosnas y el ayuno”[4].

7. ¿Quiénes eran, quiénes son, los monjes y ascetas de las religiones precristianas?

8. “... Hombres y mujeres que se separan de la vida corriente de la sociedad, se imponen obligaciones costosas y especiales, y se entregan a una tarea exclusiva: ahondar en el conocimiento y práctica de su propia religión hasta las últimas consecuencias. En el hinduismo, el monje busca liberarse del engaño y del paso del tiempo terreno a través de una purificación ascética y mística. En el budismo, busca la iluminación como la razón de su propio ser... En el islamismo, aunque los sufíes no sean monjes, han buscado según la tradición la más honda experiencia extática de la unión con Dios”[5].

9. En el Antiguo Testamento también encontramos ascetas -los nazires-; y algunos profetas, sobre todo Elías y Eliseo, que son como “antecedentes” (protomonjes), por así decirlo, de la vida monástica cristiana.

10. Si un hombre o una mujer se decide a hacer voto de nazir (de abstinencia en honor de Yahvé)... Todos los días de su nazireato es un consagrado a Yahvé (Nm 6,2. 8).

11. Fue dirigida la palabra de Yahvé a Elías diciendo: “Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Kerit que está al este del Jordán. Beberás del torrente y encargaré a los cuervos que te sustenten allí” (1 R 17,2-4).

12. Entre los griegos hallamos algunas escuelas filosóficas que, dirigidas por grandes maestros del pensamiento, se dedicaban a la búsqueda de la sabiduría en un marco ascético.

13. “En el mundo religioso oficial de Grecia y Roma... Lo más parecido a los monjes cristianos parecen ser los discípulos de Pitágoras, que profesaban la búsqueda de la sabiduría con un trasfondo declaradamente ascético... El filósofo de la era helenística no es tanto un pensador en estado puro, cuanto un sabio director de conciencias, un consolador del sufrimiento humano, una especie de sacerdote y de mediador entre el mundo divino y el humano”[6].

14. En tiempos de Cristo conocemos las comunidades de los Esenios, de Qumrán y de los Terapeutas.

15. “He aquí lo que tienen que buscar observar los que deseen vivir según la Regla de la Comunidad para buscar a Dios, para practicar el bien delante de sus ojos. Siempre de acuerdo con lo que Él prescribió por boca de Moisés y sus siervos los profetas. (Observará esto) para amar todo lo que Él escogió y odiar todo lo que Él despreció, apartándose de todo mal y siguiendo estrictamente toda obra buena. (Los que viven según la Regla, lo harán) para practicar la verdad, la rectitud sobre la tierra”[7].

16. “Llámanse terapeutas y terapéutides a los que practican un arte de curar, superior aun al que es corriente en las ciudades, pues este solo cura los cuerpos, en tanto que aquél se aplica también a las almas oprimidas por las enfermedades penosas y de difícil cura que lanzan sobre ella los placeres, las concupiscencias, los dolores, los temores, las ambiciones, las insensateces, las injusticias y la inmensa multitud de las otras pasiones y vicios; ya también porque así la naturaleza como las sagradas leyes les han enseñado a servir al Que ES”[8].

17. El gran antecesor de la vida monástica cristiana es Juan el Bautista. Él es quien precede a Cristo, y es modelo del monje cristiano.

18. Apareció Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados... Juan llevaba un vestido de piel de camello y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: “Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; ante el cual no merezco inclinarme para desatar las correas de sus sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo” (Mc 1,4. 6-8).

 

Leer:

La tradición, pp. 25-84.

Vincent DESPREZ, osb, Los antecedentes del monaquismo cristiano. Antiguo Testamento y religiones antiguas, en Cuadernos Monásticos n. 65-66 (1983), pp. 207-214.

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-65-66-2769.pdf

Los monjes del antiguo Oriente antes de Cristo. Hacia un intento de síntesis, en Cuadernos Monásticos n. 91 (1989), pp. 399-419.

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-91-3765.pdf

Matrología I, pp. 62-89.

 


[1] García M. Colombás, El concepto de monje y vida monástica hasta fines del siglo V: Studia Monastica (Monserrat) 1 (1959), p. 342.

[2] Jacques Fontaine, La vocation monastique selon saint Isidore de Séville en Théologie de la Vie Monastique. Études sur la Tradition patristique, Paris, Aubier, 1961, p. 368 (Théologie, 49).

[3] Adalbert de Vogüé, Monachisme et Église dans la pensée de Jean Cassien en Théologie de la Vie Monastique, p. 230.

[4] Concilio Vaticano II, Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las Religiones no cristianas (= Nostra aetate), ns. 2. 3; la Declaración fue promulgada el 28 de diciembre de 1965; traducción en Concilio Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones. Documentos pontificios complementarios, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1966, pp. 728-729 (BAC 252).

[5] Thomas Merton (+ 1968), El camino monástico, Estella, Ed. Verbo Divino, 1986, p. 20.

[6] Giuseppe Turbessi, art. Monacato en Diccionario de Espiritualidad, Barcelona, Ed. Herder, 1983, vol. II, p. 639.

[7] Regla de la Comunidad de Qumrán (67/70 aJC), col. I,1-6; traducción en M. Jiménez - F. Bonhomme, Los documentos de Qumrán, Madrid, Eds. Cristiandad, 1976, p. 23 (Col. El libro de bolsillo Cristiandad, 34).

[8] Filón de Alejandría (+ hacia el 41 dJC), Sobre la vida contemplativa I,2; traducción de José María Triviño en Obras Completas de Filón de Alejandría, Buenos Aires, Acervo Cultural Editores, 1976, T. IV, pp. 155-156.