Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [13]

1.4. Evagrio Póntico (344-399)

La fuente principal, y casi única, para conocer a Evagrio, es la noticia que nos ofrece su discípulo Paladio de Helenópolis (+ hacia 420-430)[1] en la Historia Lausíaca (=HL), compuesta en los años 419-420[2].

La lectura y análisis del texto de la HL, en su edición griega, confrontado con la versión francesa del texto copto[3], nos permiten establecer, con bastante detalle, el itinerario en esta tierra de abba Evagrio.

Su vida se puede dividir en tres grandes etapas:

a. desde su nacimiento hasta su llegada a Constantinopla;

b. en Constantinopla y Jerusalén;

c. en Nitria y Las Celdas (Egipto).

 

a. Desde su nacimiento hasta su llegada a Constantinopla

HL 38,2

El lugar de su venida al mundo es una pequeña ciudad del Ponto[4] llamada Ibora, situada no muy lejos de Anesoi (o Anesi), donde Basilio de Cesarea (+ 379) había tenido su primera experiencia monástica personal. De aquí que Evagrio será luego llamado “Póntico”. De modo muy preciso el copto dice: “El hombre del que hablamos era, pues, originario del Ponto” (QE, p. 154).

Era hijo de un chorepískopo[5] (HL) o de un presbítero (QE, p. 154), ordenado por san Basilio. El año de su nacimiento se calcula por la información que de su muerte da Paladio: “murió a la edad de 54 años” (HL 38,1). Aunque no se indica explícitamente el año de la muerte, se supone generalmente que ya había abandonado esta vida en el 400, puesto que Paladio -en su Diálogo sobre la vida de san Juan Crisóstomo-no lo menciona entre los que se fueron de Las Celdas por causa de la expedición del arzobispo Teófilo de Alejandría[6] contra los “origenistas”. Evagrio mismo ya había hecho alusión, en sus cartas, a las tensiones que precedieron esa crisis, pero no parece que la haya experimentado[7]. Por ende, se suele ubicar su muerte en la Epifanía[8] del 399, lo que nos conduce a fijar su nacimiento en el año 345 (otros prefieren los años 344 o 346).

De Basilio, y seguramente también de Gregorio de Nacianzo (+ hacia 390), recibió Evagrio su primera formación: el amor por las Sagradas Escrituras y el conocimiento de Orígenes. Y a la muerte de aquél, Gregorio lo llevó consigo a Constantinopla, confiriéndole el diaconado (hacia el 379):

“Después de la muerte de san Basilio el obispo..., Evagrio marchó a Constantinopla lleno de ciencia, porque él caminaba tras las huellas de san Basilio y se adhería a Gregorio, el obispo de Constantinopla (desde el 378/79), y cuando éste vio que él (Evagrio) era sabio y que su inteligencia era buena, lo ordenó de diácono...” (QE, p. 155).

 

b. En Constantinopla y Jerusalén

HL 38,3-9

Evagrio realmente sobresalió en la gran ciudad, en particular por sus dotes para rebatir a los herejes (cf. HL 38,11). Con toda probabilidad estuvo presente, junto a su obispo, en el IIº Concilio Ecuménico (año 381): “Fue a Constantinopla con nuestros padres los obispos en tiempos del sínodo que tuvo lugar en Constantinopla...” (QE, p. 155; cf. HL 38,2).

Cuando el Nacianceno dejó la sede constantinopolitana, no mucho después del Concilio, Evagrio permaneció, al parecer por voluntad del mismo Gregorio, con su sucesor, el patriarca Nectario (HL 38,2).

Fue entonces cuando se produjo el “asunto” que iba a cambiar toda su existencia:

“Toda la ciudad lo alababa mucho. Después de toda esa enseñanza... tal vez por causa del orgullo que se había apoderado de él, cayó en manos del demonio de la concupiscencia de las mujeres, por el pensamiento, como nos lo contó más tarde, cuando fue librado de las pasiones” (QE, p. 155; cf. HL 38,3-7).

La situación que vivió fue, según parece, tan extrema que finalmente optó por abandonar Constantinopla y buscar refugio en la ciudad santa.

Lo recibió Melania la Anciana. Pero al poco tiempo una nueva crisis hizo presa de Evagrio:

“Su corazón dudaba, tenía el corazón dividido. La juventud efervescente, la abundancia de saber verbal, el cambio de bellas ropas multiformes -se cambiaba dos veces por día- lo hicieron caer en el orgullo y el placer del cuerpo. Pero Dios, que siempre impide la pérdida de los suyos, le envió una tempestad de fiebre fría, al extremo que contrajo una grave enfermedad y su carne devino débil como un hilo” (QE, p. 157; cf. HL 38,8).

Hasta que, frente a la impotencia de los médicos, Melania consiguió que el enfermo le abriera su corazón y le revelara todos sus pensamientos. A continuación, le hizo prometer que abrazaría la vida monástica y lo encaminó hacia la montaña de Nitria en Egipto. La HL (38,9), que nos narra este episodio, también atribuye a Melania la entrega del hábito monástico; en realidad fue Rufino de Aquileya quien revistió con sus nuevas ropas a Evagrio[9].

 

c. En Nitria y Las Celdas (Egipto)

HL 38,10-13

En su estado actual es bien poco lo que nos dice la HL sobre los años “monásticos” de Evagrio. Debe haber llegado a Nitria en torno al 383, permaneció dos años en esa montaña y en el tercer año partió para Las Celdas, donde estuvo catorce años (HL 38,10).

 

Con la ayuda de la Vida copta, sabemos que Evagrio fue discípulo de abba Macario el Alejandrino, antiguo comerciante de golosinas, que era el presbítero de Las Celdas cuando aquél llegó. Sin duda, mucho le debe Evagrio, especialmente en lo que respecta a su formación ascética, y lo cita más de una vez llamándolo: “Nuestro santo padre”[10].

Evagrio se sometió a una abstinencia rigurosa, que le provocó problemas intestinales, motivo por el cual “los ancianos le hicieron cambiar su ascesis, y no comió más pan hasta su muerte, sino que comía un poco de legumbres y un poco de tisana[11] cocidas, tomadas entre los alimentos suficientes, hasta que acabó su poco de tiempo. En cuanto a los frutos u otras cosas que procuran el placer del cuerpo, no las comía ni dejaba que sus discípulos las comieran. Tal fue su ascesis alimenticia” (QE, p. 159; cf. HL 38,10. 13).

Dormía un tercio de la noche, es decir cuatro horas. Está era, probablemente, la “regla común” en Las Celdas, según la cual los otros dos tercios de la noche se dedicaban a la oración y al trabajo manual. De día no dormía nada, sino que durante la mitad de la jornada se paseaba en un recinto, a lo largo y a lo ancho, para alejar el sueño; aplicando además “su inteligencia en la consideración de determinadas contemplaciones. De noche, cuando había dormido el tercio (correspondiente), empleaba el resto en caminar en el recinto, meditando y rezando para alejar el sueño, haciendo considerar a su inteligencia las contemplaciones de las Escrituras” (QE, pp. 159-160).

Evagrio gozó de bastante popularidad y prestigio como maestro espiritual:

«He aquí cuál era su costumbre: los hermanos se reunían en torno a él el sábado y el domingo[12], examinando sus pensamientos con él durante toda la noche, escuchando sus palabras de aliento hasta el amanecer. Entonces todos se iban con alegría dando gloria a Dios, pues su enseñanza era muy dulce[13]. Cuando ellos lo visitaban, él les hacía esta pregunta: “Hermanos míos, si alguno de entre ustedes tiene un pensamiento oculto[14] o penoso, que se calle hasta que los hermanos se retiren, y que interrogue en privado, aparte, entre él y yo. Que no lo diga delante de los hermanos, no sea que un pequeño perezca en pensamiento y la tristeza lo trague de un golpe”» (QE, pp. 161-162; cf. HL 38,10)[15].

A este grupo de discípulos pertenecieron Paladio, quien posiblemente llegó a Las Celdas entre el 390-91, y Juan Casiano (+434/35), que tal vez haya llegado antes (386/87?).

Del primero, Evagrio mismo da testimonio llamándolo: “hermano Paladio” (Epístola 51,1). En tanto que éste varias veces habla del “beato Evagrio”[16]; llamándolo “mi maestro” (HL 23,1), y colocándose entre los discípulos de Amonio y Evagrio (HL 24,2), o más directamente entre los discípulos de Evagrio, de cuya comunidad se considera miembro (HL 35,3. 5).

“Fue él quien me enseñó, dice Paladio, la vida en Cristo, quien me hizo comprender la santa Escritura espiritualmente y me enseñó lo que son los cuentos de viejas (cf. 1 Tm 4,7)[17], como está escrito: Para que se manifieste el pecado y el pecador (Rm 7,13). Pues todo el tiempo que él pasó sobre la montaña, yo lo pasé con él[18], cada uno viviendo en su celda. La noche del sábado y el día domingo, los pasaba junto a él... Tomo a Cristo por testigo de que la mayor parte de sus virtudes las vi con mis ojos, al igual que los milagros que hizo y que yo voy a poner por escrito para ustedes, para provecho de aquellos que los leerán y de los que los oirán, para que glorifiquen a Cristo, que concede a sus servidores el poder de hacer lo que a Él le agrada” (QE, pp. 153-154).

La relación entre Evagrio y Casiano permanece envuelta en un velo de silencio, ya que éste nunca lo menciona en sus obras.

Aparte de sus discípulos, Evagrio parece haber recibido numerosos visitantes:

“Era tan hospitalario que en su celda nunca dejaba de recibir cinco o seis extranjeros por día, venidos de otra región para escuchar su enseñanza, su inteligencia y su ascesis[19]. Disponía de dinero, pues muchos se lo enviaban. Poseía más de doscientas piezas de plata, que estaban en manos de su ecónomo, que servía siempre en su casa[20]” (QE, p. 162; cf. HL 38,11).

Su renombre atrajo sobre él la atención del arzobispo Teófilo de Alejandría, quien quiso ordenarlo obispo de una diócesis egipcia (Thmoui). Evagrio no aceptó[21] y por un tiempo huyó a Palestina, seguramente cerca de sus amigos Melania y Rufino.

Las noticias de la HL (38,11-12) y de la Vida copta (QE, pp. 162 ss.) nos muestran asimismo las muchas luchas contra los demonios que Evagrio debió sobrellevar antes de alcanzar la paz interior (cf. HL 38,13). También nos relatan algunos de los milagros que el Señor obró por su intermedio (HL 38,12; QE, pp. 165-166: conversión de una mujer y su marido, que vuelven a hacer vida matrimonial), y las revelaciones que tuvo (HL 38,12; QE, p. 164).

 


[1] Cf. La autobiografía de Paladio en CuadMon n. 21 (1986), pp. 301-305.

[2] Ed. de G. J. M. Bartelink en Palladio. La Storia Lausiaca, Verona, Fondazione Lorenzo Valla - Arnoldo Mondadori Editore, 1974, pp. 192-202 (Vite dei Santi, II). Trad. castellana de León E. Sansegundo Valls en El mundo de los Padres del desierto (La Historia Lausíaca), Madrid, Eds. Studium, 1970, pp. 184-190. Se adopta la división en párrafos de la edición griega. Cf. asimismo Quattre ermites égyptiens d’aprés les fragments coptes de l’Histoire Lausiaque (présentés par Gabriel Bunge; traduits par Adalbert de Vogüé), Bégrolles-en-Mauges, Abbaye de Bellefontaine, 1994, pp. 17 ss. (Spiritualité orientale, nº 60). En adelante abreviamos esta obra con la sigla QE.

[3] QE, pp. 153-171.

[4] Antigua región de Asia Menor, a orillas del mar Negro. Mitrídates, noble de origen persa, fundó allí un reino (301 a. C.), el cual fue conquistado por Roma en tiempos de Pompeyo.

[5] Obispo de un distrito rural con un poder limitado, sólo podía conferir las órdenes menores.

[6] Patriarca de Alejandría del 385 al 412.

[7] Cf. QE, p. 24, nota 46.

[8] Cf. HL 38,13.

[9] Cf. la Epístola 22,1 de Evagrio, señalada por QE, p. 158, nota 24.

[10] Cf. QE, p. 33.

[11] Parece ser una bebida purgativa (QE, p. 159, nota 33).

[12] Tal era la tradición característica del monacato anacorético; cf. HL 7,5 (QE, p. 161, nota 37).

[13] La dulzura parece ser el meollo de la enseñanza espiritual de Evagrio. Era asimismo el rasgo característico de su personalidad. En una visión se le había dicho: “Ve, sé misericordioso, humilde (equivalente a dulce, del griego prays; cf. Sal 24 [25],9) y pon tu pensamiento recto en Dios” (QE, p. 164 y nota 53: «Según Evagrio “la dulzura es la madre del conocimiento”; Epístola 27,2»).

[14] Literalmente: “profundo”.

[15] Parece resonar aquí el texto de 2 Co 2,7: Conviene ahora perdonarlo y animarlo para que el pobre no quede agobiado por una pena excesiva. Esta discretio no se aplica solamente a la enseñanza del abba, sino también, y sobre todo, a los problemas de la vida ascética, con la preocupación constante de adaptarse a la capacidad del otro (QE, p. 162, nota 39).

[16] HL 11,5; 12,1: “A mí y al beato Evagrio”; 26,1; 35,3: “El beato Evagrio y sus discípulos”.

[17] Se trata del falso conocimiento, tema que Evagrio aborda con frecuencia en sus obras (QE, p. 153, nota 3).

[18] Esta noticia no es exacta, pues Paladio llegó después que Evagrio (siete u ocho años más tarde).

[19] El mismo Evagrio habla de tales visitas en su correspondencia (Epístolas 10,1 y 22,1), al igual que de las cartas que recibía (QE, p. 162, nota 40).

[20] Evagrio debía además percibir muy buenas entradas por su trabajo de copista (HL 38,10), bien remunerado en aquel tiempo. La costumbre de tener un “ecónomo” no era extraña en Las Celdas; cf. HL 10,3.6: abba Pambo (QE, p. 162, nota 42).

[21] Cf. Epístola 13 (¿alusión a este hecho?).