Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [19]

1.4. Evagrio Póntico

Las bases de la vida monástica (Rerum monachalium rationes)

 

La “xeniteía” o estado de extranjero

6. Si no puedes (practicar) fácilmente la hesiquía en tus parajes, dirige tu propósito hacia la xeniteía[1], e incita tu pensamiento a practicarla[2]. Sé cómo un excelente negociante, examinando todo en relación a la hesiquía, y reteniendo por la hesiquía todas las cosas pacíficas y provechosas[3]. Además, te digo, ama la xeniteía, porque te libra de las incomodidades respecto de tu propio país y te hace sacar provecho solamente de lo que puede favorecer la hesiquía. Huye de las permanencias en la ciudad y persevera en el desierto. “He aquí, dice el santo[4], que me alejé huyendo, y habité en el desierto” (Sal 54 [55],8). Si es posible, por ningún motivo entres en una ciudad, porque no encontrarás nada conveniente, útil o ventajoso para tu género de vida. “He aquí, dice de nuevo el santo, que he visto iniquidad y contradicción en la ciudad” (Sal 54 [55],10). Por tanto, busca lugares apartados y libres de distracciones, no tengas miedo de ellos[5]. Si allí incluso ves fantasías de los demonios, no te espantes ni huyas del estadio de tu nuestro aprovechamiento. Persevera sin temor, y verás las maravillas de Dios[6], la ayuda, la solicitud, la plena seguridad sobre la salvación. “Porque yo esperaba, dice el varón bienaventurado, al que me salva de la pusilanimidad y de la tempestad” (Sal 54 [55],9 LXX). Que no venza tu propósito el deseo de la inconstancia; puesto que “la inconstancia unida a la concupiscencia pervierte[7] al espíritu sin maldad” (Sb 4,12). De donde proceden muchas tentaciones[8]. Teme la caída y permanece estable en tu celda.

 

Utilidad de las amistades espirituales

7. Si tienes amigos, evita las reuniones demasiado frecuentes con ellos. Encontrándolos de tanto en tanto obtendrás provecho. Pero si te das cuenta que eres perjudicado por ellos, no te les acerques de ningún modo. Te conviene tener amigos útiles y que comparten tu género de vida.

Huye las reuniones de hombres malvados y amigos de querellas[9]. No habites con ninguno de ellos. Más aún, repudia sus propósitos nefastos, porque no están unidos a Dios y no permanecen con Él. Que hombres pacíficos sean tus amigos, tus hermanos espirituales y tus padres santos. Es así que el mismo Señor los llama, diciendo: “Mi madre, mis hermanos y mis padres son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt 12,49-50).

No convivas con personas llenas de negocios y no te juntes a comer con ellos, no sea que te atraigan hacia sus engaños y te aparten de la disciplina de la hesiquía, porque la pasión habita[10] en ellos. No inclines tus oídos hacia sus palabras y no aceptes los pensamientos de su corazón, porque son realmente funestos. Que tu deseo esté con los fieles de la tierra; que el trabajo de tu corazón sea emular[11] la compunción de ellos, porque (está escrito): “Mis ojos (están) sobre los fieles de la tierra, para hacerlos sentar[12] conmigo” (Sal 100 [101],6).

Pero si alguno de aquellos que caminan en la caridad de Dios viene a verte y te invita a comer con él, y tú lo deseas, ve, y regresa pronto a tu celda. Si es posible, nunca duermas fuera de ella, para que, en todo, siempre, te habite la gracia de la hesiquía, y puedas continuar cultivando tu propósito sin obstáculo.

 

Ayuno, permanencia en la celda y trabajo manual

8. No desees comidas de lujo y placeres engañosos, porque dice el Apóstol: “El que vive en los placeres, aunque viva, está muerto” (1 Tm 5,6). No engordes tu vientre con alimentos extraños, en el temor que te venga un deseo ardiente de esas cosas, que te hagan desear las mesas de afuera, porque está escrito: “No te dejes seducir por la saciedad de tu vientre” (Pr 24,15 LXX). Y si te ves invitado constantemente fuera de tu celda, no aceptes.

La permanencia prolongada fuera de la celda es nefasta. Te hace perder la gracia, obscurece tu prudencia, mata el fervor. Considera una jarra de vino reposando por largo tiempo en el mismo lugar sin ser movida, qué vino claro, decantado, perfumado, ella prepara. Pero si es llevada de un lado a otro, ofrece un vino turbio, oscuro y que tiene todas las cosas desagradables de los lugares donde estuvo. Compárate a esa jarra y haz una experiencia útil: rompe las relaciones con muchos, por temor a que tu espíritu se distraiga y turbe el propósito de tu hesiquía.

Preocúpate por trabajar con tus manos, tanto de día como de noche, para no ser una carga para nadie, y más todavía para distribuir, como exhorta el santo apóstol Pablo[13]; a fin de vencer al demonio de la acedia y eliminar todos los demás deseos del enemigo. Porque el demonio de la acedia se une a la pereza y está en los deseos, como dice la Escritura[14].

Huye el pecado de venta y compra. Ya sea que vendas o compres, rebaja un poco el precio justo, no sea que quieras ser muy estricto, y que, llevado por las costumbres del deseo de ganancia en el precio, caigas en situaciones de daño para el alma: disputas, perjurio, faltar a la palabra y, por medio de tales procedimientos, deshonres y cubras de vergüenza la santa dignidad de nuestra profesión. Por tanto, pensando así evita comprar y vender tú mismo; en cambio, si eliges lo mejor, y ello es posible, confía ese cuidado a algún hombre de confianza; para que, de ese modo, rebosante de buen ánimo, tengas buenas y agradables esperanzas.

 

Tener presente en todo momento las realidades de la vida futura

9. He aquí cómo el modo de vida la hesiquía debe procurarte ventajas. Y ahora voy a exponerte el espíritu de las realidades que ella implica. En cuanto a ti, escucha y haz lo que te prescribo. Siéntate en ti celda, recoge tu espíritu, acuérdate del día de la muerte, considera cómo será la descomposición del cuerpo. Piensa en la desgracia, asume en tu pensamiento el castigo, condena la vanidad de este mundo, cuida la modestia y el celo para poder permanecer por completo en el propósito mismo de la hesiquía, sin desfallecer. Recuerda igualmente la situación en el infierno; considera cómo están las almas en ese muy amargo silencio, qué gemido, qué temor, qué agonía, qué espera. Piensa en el dolor que no termina nunca, en las lágrimas sin fin de las almas; recuerda el día de la resurrección y de la comparecencia ante Dios y su Cristo, antes los Ángeles, Arcángeles, Potestades y todos los hombres; los castigos, el fuego eterno, el gusano que no muere[15], el tártaro, las tinieblas, y sobre todo el rechinar de dientes[16], los terrores, los tormentos.

Pero también represéntate los bienes reservados a los justos, la confianza delante de Dios Padre y de su Cristo, los Ángeles, los Arcángeles, las Potestades y todo el pueblo de los Santos; el reino, sus regalos, la alegría, el deleite.

De las dos series de realidades reanima en ti el recuerdo; y, sobre la condenación de los pecadores, gime, llora, vístete de duelo, en el temor que ello no te ocurra a ti. En cambio, sobre los bienes reservados a los justos, alégrate, exulta, gózate, aspira a participar y a estar exento de aquellos males. Vigila para nunca olvidar estas cosas. Ya sea que estés en la celda o no importa dónde, si el recuerdo te vuelve, no distraigas tu pensamiento, para huir por ese medio de los nocivos y sórdidos pensamientos.

 

Ayuno y abstinencia

10. Ayuna según la medida de tus fuerzas ante el Señor; el ayuno te purifica de las transgresiones de tus pecados, adorna el alma, santifica la actividad del espíritu, pone en fuga a los demonios y dispone para aproximarse a Dios. Come una vez al día y no desees una segunda refección, a fin de devenir sensual, o derrochador y turbar la actividad de tu espíritu. Así podrás estar en la abundancia para las obras de beneficencia y mortificar las pasiones de tu propio cuerpo.

Pero si llegan hermanos y es conveniente que comas dos y tres veces, no gimas ni te aflijas; alégrate más bien de obedecer a la conveniencia. Si comes dos o incluso tres veces, da gracias a Dios por cumplir la ley de la caridad y tener a Dios por ecónomo de nuestra vida. Si sucede que llega la enfermedad del cuerpo, y hay que comer dos o tres veces, o incluso más seguido, que tu pensamiento esté preparado. No hay que dejar que los trabajos corporales de nuestro género de vida dominen en las enfermedades; en tal situación hay que abandonar algunos de ellos, para volver más rápido a la salud y ejercitarnos de nuevo en esos mismos trabajos de nuestra vida.

En lo concerniente a la abstinencia de alimentos, la palabra divina nada prohíbe comer: “He aquí que les doy toda clase de legumbres” (Gn 9,3); coman sin hacer distinciones[17]. Y: “No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre” (Mt 15,11). Por eso la abstinencia de alimentos debe ser una labor de nuestra voluntad y nuestra alma.

 

La oración

11. Soporta alegremente dormir por tierra, las vigilias y todas las demás austeridades, contemplando la gloria futura que será revelada en ti con todos los santos. Porque dice la Escritura: “No son comparables los sufrimientos presentes con la gloria que te será revelada con todos los santos” (Rm 8,18).

Y si estás triste, ora, como está escrito[18]. Pero reza con temor y temblor, con fuerza, atención y vigilancia. Así se debe orar, sobre todo a causa de nuestros enemigos invisibles, malignos y ocupados en el mal, que quieren perjudicarnos en esto. Cada vez que nos ven dedicarnos a la oración, nos combaten con violentos asaltos, sugiriendo a la inteligencia lo que no debe tener en el tiempo de la oración: pensamientos o recuerdos. Se esfuerzan de esta forma para poder cautivar nuestro espíritu y hacer ineficaz, vana e inútil la petición y súplica de la oración; porque realmente vanas e inútiles son la oración, la petición y la súplica si no se hacen hasta el fin como se ha dicho más arriba, con temor y temblor, sobriedad y vigilancia.

Si alguien se acerca a un hombre que es rey con temor, temblor y precauciones, y así le presenta su petición, ¿no es todavía más necesario presentarse y hacer de esa forma su pedido y su súplica a Cristo, Rey de los reyes y Príncipe de los príncipes?

A Dios sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 


[1] Término que entre los monjes antiguos indicaba el exilio voluntario.

[2] Lit.: a ella.

[3] Cf. 1 Ts 5,21.

[4] Es decir: David (cf. Evagrius, p.7).

[5] O, según la Filocalia y el manuscrito Athous 333: “no tengas miedo de los ruidos (echos) allí” (Evagrius, p. 292). He optado por mantener el texto de la PG 40,1237 C, pero que ya señalaba la dificultad del pasaje (ibid., nota 58). De todos modos, me parece que el sentido es claro: elegir lugares apartados conlleva la necesidad de no temer el aislamiento, lo que implica la posibilidad de la presencia de los demonios con sus ruidos o estruendos.

[6] Cf. Ex 14,13; Dt 11,2-3; Hch 2,11.

[7] Lit.: excava, hacer excavaciones (metalleyo).

[8] Lit.: Por esa causa muchas (son) las tentaciones.

[9] Lit.: encuentros belicosos (machimon tas syntychias).

[10] Lit.: está (esti).

[11] Lit.: tener envidia, celo (zelon).

[12] El verbo sygkathemai puede traducirse por estar sentado con, o vivir con.

[13] Cf. 1 Ts 2,9; 2 Ts 3,8; Ef 4,28.

[14] Cf. Pr 13,4.

[15] Cf. Is 66,24; Mc 9,48.

[16] Cf. Mt 13,50; Lc 13,28.

[17] Cf. 1 Co 10,25-27.

[18] Cf. St 5,13.