Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [42]

4.3. Las “Lauras”[1]

Los cristianos de Tierra Santa conocen, al menos por su nombre, a san Sabas y más aún, la gran Laura de San Sabas (Mar Saba); son menos por el contrario, los que conocen a san Eutimio, quien le precedió por varios decenios y fue quien dio al monacato palestino su configuración propia y definitiva. Cirilo de Escitópolis, quien escribió hacia la mitad del siglo VI la vida de los monjes de Palestina, lo nombra “Eutimio el Grande”.

Eutimio nace en agosto del 377 en Melitene, en aquel entonces parte del reino de Armenia, hoy Turquía Oriental. Su nacimiento fue el fruto de la oración de sus padres que durante mucho tiempo no habían podido tener descendencia. En una visión, les fue anunciado:”¡Coraje! He aquí que Dios les ha otorgado un niño que será llamado euthymia (coraje), porque desde su nacimiento, Aquel que se les otorgará, dará coraje a sus Iglesias”.

Sus padres lo llamaron efectivamente Eutimio y lo ofrecieron a Dios. A la edad de tres años y muerto su padre, el niño fue presentado por su tío al obispo de Melitene, quien lo bautizó y lo ordenó lector de su Iglesia, confiándoselo para su educación a dos lectores expertos en las Sagradas Escrituras, que con el tiempo llegarán a ser arzobispos de Melitene.

Eutimio descubre el monacato ya existente en Anatolia. Desde la fiesta de la Teofanía (la del Bautismo del Señor) hasta el domingo de Ramos, toma la costumbre de retirarse a una montaña desierta para rezar y hacer penitencia. A la edad de dieciocho años recibe la ordenación sacerdotal, y es propuesto a algunos de los monasterios de los alrededores. No obstante, diez años más tarde se dirigió a Jerusalén,”deseando habitar en el desierto que le era vecino”.

Después de haber visitado los santos lugares y los eremitas que vivían en el desierto, se retiró al monasterio de Farán, aquel fundado por Caritón casi un siglo atrás. Amante no obstante de la soledad, vivió en una celda solitaria, fuera del monasterio. Allí conoció un monje vecino, Teoctisto, con el que entabla una muy sólida amistad. Con él continuará su costumbre da pasar en soledad la Gran Cuaresma en el desierto, retirándose hacia el eremo de Kutila, al este de Jerusalén, entre el Wadi el Kelt y Wadi en-Nar (Cedrón). Enb ese lugar descubren un barranco, según Cirilo “espantoso, extremadamente profundo y de difícil acceso”. En su pared norte, a media altura entre las rocas que caen a pique, se hallaba una caverna espaciosa. Era el valle del Wadi Moukellik, situado al sur de la actual ruta de enlace entre Jericó y Jerusalén, algo más arriba de Nabi Mousa. Allí comenzó realmente la aventura de Eutimio.

Los dos ascetas son rápidamente descubiertos por pastores del “Lazario” (hoy El´Azzariyya, Betania). A partir de dicho momento comienzan las visitas frecuentes, no solo de gente del Lazario sino de los mismos monjes de Farán, que los habían buscado en vano. Numerosos discípulos llegan, muchos de los cuales fundarán después otros monasterios y eremos en las cercanías. En el 428, Eutimio logra convencer a Teoctisto de transformar la “laura” (colonia de solitarios) en “cenobio” (lugar de vida comunitaria).

La fama de Eutimio iba en aumento. Especialmente se recuerda la curación milagrosa obrada por él sobre el hijo hemipléjico de un jefe beduino, quien se convirtió junto con todo su clan, y fue ordenado sacerdote. Llegará ser el primer “obispo de las carpas”, o sea de toda las comunidades beduinas cristianas del desierto de Judea. Su hermano, Maris, consagrado eremita, será llamado por Eutimio a suceder a Teoctisto después de la muerte de este último en 466.

Debido a las numerosas visitas, Eutimio finalmente se dirigió con un joven monje al desierto de Ruba, donde sobre el monte Marda (actual Masada) fundó una iglesia. De regreso al monasterio de Teoctisto, fundó también otra en las cercanías de Hebrón. Finalmente se instaló en una pequeña gruta algunos kilómetros hacia el oeste del monasterio de Teoctisto, en Khan el Akhmar (la actual Mishor Adumim). Allí poco a poco comenzarán a agrupársele más discípulos, constituyéndose así la famosa”Laura de Eutimio”. Morirá a la edad de 97 años, el 20 de Enero del 473.

 

Las “Lauras” de Palestina

La palabra griega “laura” significa callejuela. Según sostienen algunos autores, la comunidad de ermitas tomó ese nombre debido a que el elemento unificador, del punto de vista topográfico, era un sendero o una ramificación de senderos alrededor de los cuales se edificaban los elementos comunes de la laura: la iglesia, las celdas, el horno, las cisternas, los depósitos y algunas veces el hospicio para los peregrinos, una enfermería, la torre de defensa y otros elementos. Probablemente su inventor no fue Eutimio, ya que el mismo afirma no pretender hacer de Wadi el Moukellik un “cenobio”, sino una “laura sobre el modelo de Farán”.

La característica fundamental de la “laura” es la combinación de vida eremítica y vida comunitaria, en contraposición al “cenobio”, de vida predominantemente comunitaria. Organizada alrededor de un núcleo comunitario, la laura podía extenderse varios kilómetros, siguiendo la configuración típica de los wadis (torrentes) del desierto de Judea. De lunes a viernes cada monje vivía en su gruta, dedicándose a la ascesis con ayunos, vigilias, oraciones, salmodia (recitación de los salmos) y trabajo manual (a menudo fabricación de cuerdas y canastos). El sábado, todos los monjes se reunían en el centro de la laura, para escuchar las exhortaciones del padre del monasterio, participar en el almuerzo comunitario y en la celebración eucarística dominical. Cada uno depositaba su trabajo semanal a los pies del ecónomo de la laura, y el domingo, antes que cada uno regrese a su celda, el ecónomo distribuía a cada uno el material necesario para el trabajo de la semana siguiente. El ecónomo era el encargado de vender el producto terminado y de adquirir nueva materia prima.

Eutimio marcó todo un hito en la historia del monacato de Palestina. Según un especialista, su mérito más que en la difusión del sistema de las lauras, reside en la promoción del ideal “hesicasta”, o sea de los largos retiros de Cuaresma en lo profundo del desierto, conjugado con la instauración de un fuerte lazo con la Iglesia local, como consecuencia de la actividad misionera desplegada por Eutimio en el ambiente de los beduinos.

 


[1] Cf. http://www.quenotelacuenten.org/apologetica/website/index026e.html?id=5764; A.-J. Festugière, Les moines d’Orient, III.1, 2 y 3, Paris, Eds. du Cerf, 1962.