Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [50]

4.5. Las monjas y los monjes “occidentales” en Tierra Santa

Melania la Joven[1]

Nació, hacia el año 383, en una de las familias más aristocráticas del Imperio Romano. Su padre, Valerio Publicola, era hijo de Melania la Anciana. Su madre se llamaba Caeionia Albina, y pertenecía a una familia de antigua nobleza. Ambos eran cristianos. Era la heredera de una gran fortuna, ya que su familia tenía fincas en Hispania, en Campania, en Sicilia, en África, en Mauritania y en otras provincias.

A la edad de catorce años se casó con un primo que tenía diecisiete o dieciocho años, hijo del antiguo prefecto de Roma (lo había sido en 382), Valerio Piniano. Aunque Melania quería vivir en castidad, su esposo deseaba tener hijos para legarles su fortuna. Melania tuvo entonces dos hijos, pero murieron muy niños. Por causa de esta situación los esposos decidieron hacer voto de castidad y entregar sus bienes para obras de caridad. Melania tenía por entonces veinte años y su esposo veinticuatro. Pronto surgieron graves problemas para la realización de su proyecto. Melania se vio obligada a acudir a la emperatriz Serena, pues el hermano de Piniano y sus parientes, que pertenecían al orden senatorial, en virtud de la legislación vigente, querían que todos los bienes pasaran a ellos. Serena acudió al emperador Honorio, que dio un decreto para que los bienes, en cada provincia, fueran vendidos bajo responsabilidad de los gobernadores y de los magistrados, y la venta se enviase a los esposos. Los ingresos de las ventas de estos bienes se entregaron a algunas personas determinadas para que hicieran limosnas. Durante el tiempo que duró este proceso visitaron a Paulino y Therasia en Nola (enero 407).

El matrimonio envió grandes sumas de dinero a diferentes países para socorrer a los pobres, a las Iglesias y a las y los ascetas. En la Vida de Melania, escrita por el sacerdote Geroncio, que trató y acompañó a la protagonista, se describe el lujo de una de las fincas propiedad de Melania.

Su biógrafo menciona los países a los que envió limosnas: a Mesopotamia, a Siria, a Palestina, a Egipto y a la Pentápolis. Paladio, en su Historia Lausíaca (cap. 61), menciona algunas cantidades enviadas como limosnas, que son fabulosas: diez mil monedas a Egipto y a la Tebaida; la misma cantidad a Antioquía; quince mil monedas a Palestina, a las iglesias de las islas y a los condenados en las cárceles; diez mil monedas a otras iglesias de Occidente. También socorrió los monasterios de monjes y de vírgenes. Costeó los altares de las iglesias y de los monasterios, los tejidos de seda, que eran muchos y de gran valor. Fundiendo la abundante platería que poseía pagó altares, vasos sagrados para las iglesias y otras numerosas limosnas.

Los jóvenes esposos, después de vender sus posesiones de Roma, de Italia, de Hispania y de Campania, se embarcaron para África (cf. Paladio, Historia Lausíaca 54), pasando antes por Sicilia, adonde se encontraron con Rufino. Coincidiendo esta estadía con el saqueo de Roma.

El prefecto de Roma, el pagano Gabinio Barbaro Pompeiano, decidió, de acuerdo con el senado, que los bienes revirtieran al tesoro público, según ordenaba la ley. El pueblo, amotinado contra el prefecto por la falta de pan, le asesinó. Sus deseos no se cumplieron.

Estaban ya en África para el invierno de 410-411. Se instalaron en Tagaste junto con Albina, la madre de Melania. El matrimonio vendió las fincas que poseían en Numidia y en Mauritania; y repartieron el producto de la venta entre los pobres y los encarcelados.

A la iglesia de Alipio entregaron ofrendas, diferentes ingresos, joyas de oro y de plata, y velos de gran precio. Construyó dos grandes monasterios, uno de varones en número de ochenta monjes, y otro de vírgenes en número de cien. Al llegar a Hipona en el verano del año 411, la multitud quiso ordenar a Piniano. Este se negó, a instancias de Melania, lo cual no agradó a san Agustín (cf. Epístola 126,5).

En 417, Melania, su madre Albina y Piniano partieron hacia Jerusalén, haciendo escala en Alejandría donde los recibió Cirilo de Alejandría y el abad Néstor.

En Jerusalén entregaron todo el oro que tenían para auxiliar a los pobres, y se instalaron en la Anástasis, cual peregrinos sin recursos.

Melania practicaba, el ayuno y la lectura de las Sagradas Escrituras. Ayunaba desde Pentecostés a la Pascua, sin tomar ni aceite. Demostró siempre un gran celo por la fe y la virtud, principalmente de la castidad. Solía dialogar con los sacerdotes más instruidos. Vestía pobremente un manto, un velo y una capucha.

Tuvieron algún contacto con Pelagio, y visitaron, a finales de 148, a san Jerónimo (Epístola 143,2), que había sido adversario de su abuela.

En el año 419, liquidó el matrimonio el patrimonio que le quedaba en Hispania. Después partieron a Egipto a visitar a los monjes. De vuelta a Jerusalén, en el Monte de los Olivos, se encerró durante catorce años en una celda, que su madre había mandado construir, sin hablar con nadie.

Luego de la muerte de su madre y de Piniano, construyó el Apostoleion, para depositar el cuerpo de su esposo; y un monasterio para noventa vírgenes, que Piniano se había encargado de terminar antes de su deceso.

Melania hizo construir asimismo un monasterio para los ascetas. Ella comulgaba todos los días, práctica rara en Oriente en esta fecha. Geroncio le celebraba una Misa privada todos los días. Moribunda, recibió la comunión varias veces. Melania fue siempre fiel a su primera educación cristiana recibida en Roma.

Viajó después a Constantinopla, en 436, para convertir a su tío Rufo Antonio Agripino Volusiano, pagano, que había desempeñado importantes magistraturas, como la de procónsul de África en los años 416 y en 421. Fue prefecto de Roma entre los años 428 y 429, prefecto del pretorio y en el año 436, embajador de Valentiniano III en la corte de Constantinopla. Fue en esta ocasión que conoció a Nabarnougios, el futuro Pedro el Íbero.

Melania volvió a Jerusalén, ciudad que visitó la emperatriz Eudocia. Y al año siguiente celebró con Paula la fiesta de la Natividad en Belén y la dormición de Esteban en Jerusalén. Después cayó enferma, y murió el domingo 31 de diciembre del año 439. Su funeral reunió gran número de fieles.

En la Vida de Melania no hay alusiones a los grandes choques dentro de la Iglesia entre los seguidores y contrarios a Orígenes. Se alude a las herejías de Nestorio y de Pelagio. El biógrafo de Melania era un monje palestino, que escribió la Vita inmediatamente después de morir ésta, probablemente hacia 440.

 

Lectura:

Inés de Cassagne, La Prudencia en la consecución de los consejos evangélicos. Santa Melania “La Joven”, en Cuadernos Monásticos n. 131 (1999), pp. 385-405:

https://www.surco.org/sites/default/files/cuadmon/disponible_disponible-forma-gratuita/cuadernos-monasticos-131-4156.pdf

 

 


[1] Cf. Nicole Moine, art. Mélanie la Jeune (saint), en Dictionnaire de Spiritualité, T. 10, Paris, Beauchesne, 1979, cols. 960-965; y http://dbe.rah.es/biografias/56856/melania (art. de José María Blázquez).