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5.2. Las Reglas monásticas italianas

El fenómeno de las reglas monásticas[1]

La Regla de san Benito (= RB) es una de las numerosas reglas monásticas que aparecieron en Occidente a partir del siglo Vº. Según J. Biarne[2], cuatro maestros espirituales tuvieron un rol esencial en la aparición de estas: Rufino, Jerónimo, Casiano y Agustín. Rufino tradujo la Regla de san Basilio después de su regreso de Oriente, en 397. Fue el primero en percibir la necesidad de los monasterios de Occidente, deseosos de conocer cómo se vivía en Oriente. Proponiendo una traducción latina de la regla del monasterio en que había habitado en Palestina, buscaba organizar la vida monástica, como había sido el caso de los monasterios de Capadocia. Jerónimo, por su parte, tradujo la Regla de Pacomio, fundador de las comunidades cenobíticas en Egipto, en 404. Esta Regla era utilizada en su monasterio de Belén, se componía de cuatro textos legislativos y de las cartas de Pacomio a sus sucesores. Dos versiones de este texto circularán en Galia y tendrán una gran influencia. Agustín en cambio redactará una obra original, escribiendo una Regla muy breve para el monasterio laico de Hipona (praceptum), texto que será completado a continuación con un costumbrario (ordo monasterii). Estos dos textos, reunidos en un segundo momento, forman lo que se acostumbra a llamar la Regla de san Agustín.

Casiano no escribió una regla, pero las Instituciones, compuestas hacia 425, y las Conferencias, redactadas entre 426 y 428, van a influenciar profundamente la tradición monástica occidental. Las Instituciones, libros 1 a 4, presentan las costumbres monásticas de Egipto y Palestina, y serán retomadas bastante más tarde bajo la forma de una regla que le será atribuida. Los libros 5 al 12, son un tratado sobre los ocho vicios principales, próximo a la obra de Evagrio. Las Conferencias se dividen en tres libros: 1-10; 11-17; 18-24. Casiano retoma, bajo la forma de diálogos, las enseñanzas de un cierto número de Padres del desierto de Egipto concernientes a temas de la vida espiritual. Sabemos, gracias a los prefacios que preceden a cada uno de esos conjuntos literarios, que su proyecto inicial era escribir las Instituciones y las diez primeras Conferencias; las restantes fueron agregadas más tarde para completar ese primer conjunto.

Los numerosos estudios recientes sobre Casiano ponen de relieve un cierto número de rasgos característicos de su obra monumental. En la perspectiva renovada del monacato egipcio, que desarrollamos más arriba, la obra de Casiano ya no es considerada como la visión de un intelectual, sino como la de un escrito muy próximo a la doctrina de los Padres del desierto. El contexto de su obra, que se dirige a un auditorio particular del primer monacato que se encontraba en la Galia al inicio del siglo V, explica su insistencia sobre un cierto número de temas como el trabajo, la pobreza, la importancia de recibir una buena formación… Casiano ya no es considerado actualmente como el divulgador occidental de la doctrina espiritual de Evagrio, sino más bien como un verdadero maestro espiritual original. Su influencia es esencial, porque sus escritos van a circular en la Galia, y será citado junto con Basilio en el capítulo 73 de la RB.

A menudo se tiende a olvidar que la RB es una regla entre otras reglas, que se impondrá solo con el correr de los siglos. Por otra parte, ella no puede ser aislada de toda la literatura monástica que la precede y la acompaña. Una treintena de reglas monásticas antiguas, de las cuales forma parte la RB, han sido recensionadas por los especialistas, con formas, contenidos y extensiones muy diferentes.

La evaluación de estos textos de carácter legislativo, en el seno de la literatura monástica antigua, no es unánime entre los investigadores y presenta algunos problemas. J.-L. Molinier[3]ha distinguido en una tesis reciente dos formas de considerar la cuestión. Todo el problema gira en torno a dos puntos: la visión que se tenga de la ley y de la costumbre, por una parte; y por la otra, la relación con la cuestión de la Regla del Maestro (=RM), fuente principal de la Regla de san Benito. J.-L. Molinier se pregunta si no se corre el riesgo de “un empobrecimiento hermenéutico”, considerando “que el texto de Benito habría llegado a un resultado no negociable”. Lo que lo conduce a distinguir dos aproximaciones diferentes a la cuestión: Por un lado, la que propone A. de Vogüé, que insiste sobre la dependencia de Benito respecto a la RM y a Casiano, y que ve en la Regla la coronación de un proceso legislativo. Por otro lado, la aproximación de F. Masai, E. Manning y L. de Seilhac, que consideran la RB en relación con “un dossier” o “una compilación monástica” más amplia, un corpus de doctrina espiritual de la cual la Regla sería la expresión concreta, ligada a un contexto particular.

 

La aproximación de A. de Vogüé

A. de Vogüé[4] ha definido el género literario de las reglas monásticas latinas de la siguiente forma: “Se trata de todo escrito latino destinado a un grupo de monjes o de monjas, y que presenta un cierto carácter legislativo”. Según esta definición hay que excluir de este corpus: los tratados y cartas de dirección, los textos descriptivos (como las obras de Casiano), los opúsculos de carácter parenético (exhortación práctica) o didáctica (estudio de algunas cuestiones), al igual que todas las otras formas literarias usadas por los primeros monjes. Es necesario, sin embargo, tener presente que las reglas con mucha frecuencia fueron editadas con todos estos géneros de textos.

El vocabulario usado no siempre facilita la distinción entre las reglas y otros textos monásticos. En efecto, para designar esos textos legislativos en sentido estricto, además de la palabra regula, se utilizan asimismo otros términos como: praecepta, instituta, judicia, leges, monita o statuta. Pero estas expresiones también pueden designar opúsculos de otras clases y no bastan, por tanto, para caracterizar la naturaleza de un texto. Por otra parte, la misma palabra regula a veces ha sido igualmente empleada para designar la autoridad viviente del abad, sin referencia a un texto escrito.

El Codex Regularum fue obra de Benito de Aniano (750-821), en él son recensionadas 26 reglas antiguas, a las que A. de Vogüé añadió otros seis textos: el Ordo monasterii de Agustín, la recensión breve de Pacomio, la regla masculina de Cesáreo, la regla de Eugipo, la recensión Π de la Regla de los Cuatro Padres y el fragmento Psallendo. En su obra sobre las fuentes de la Regla de san Benito, A. de Vogüé clasificó estas reglas en ocho generaciones de textos[5], que se engendraron unos a otros, por fenómenos de copia u osmosis. A partir de las cuatro reglas de la primera generación (Agustín, los Cuatro Padres, Basilio, Pacomio), a las que habría que agregar las Instituciones de Casiano que no son una regla en sentido estricto, se produjeron varios entrecruzamientos.

Sin embargo, estas reglas no son todas idénticas, sino que se diferencian en numerosos detalles. Mientras que las más antiguas son de dimensiones modestas, se hacen más extensas en el siglo VI, como la RM y la RB. Sus estructuras son también muy diversas y se hace imposible discernir un plan tipo. Con todo, en el siglo VI se advierte un esfuerzo de organización en la RM y la RB.

Las reglas se distinguen igualmente por su objeto. La mayor parte de ellas tienen un carácter normativo, pero en los manuscritos que las agrupan es posible distinguir dos tipos de reglas. Están, en efecto, según A. de Vogüé, las reglas que deben ser observadas concretamente y las que pueden ser consultadas; las destinadas a un solo monasterio y aquellas dirigidas a varios de ellos; las reglas fundadoras y las de aggiornamento. Algunas son la obra de un solo autor, mientras que otras tienen un carácter sinodal; unas están firmadas y otras son anónimas o fueron transmitidas bajo seudónimos. Hay asimismo reglas que son florilegios de textos antiguos y reglas originales. Algunas nos han llegado completas, otras de forma fragmentaria. Algunas nos han sido transmitidas bajo una sola forma, mientras que otras, como es el caso para la RM y la RB, en varias versiones.

Como lo ha notado P. Maraval[6], la RB extendió su influencia solo progresivamente a todos los países de Europa occidental. Gregorio el Grande la había impuesto a los monjes de Roma e Italia central, y los monjes que envió a Inglaterra la llevaron consigo. En cambio, se impondrá tardíamente en España y en Galia. Y habrá que aguardar al siglo VIII para tener los primeros comentarios de la RB.

Como lo ha puesto de relieve A. de Vogüé, las reglas antiguas abundan en referencias a la vida cotidiana, tanto personal como social. Nos informan sobre las relaciones con la sociedad, tanto civil como religiosa. Las cuestiones de la propiedad, el hecho de poseer esclavos, los conflictos con el entorno, la manera de tratar a los pobres son otros tantos temas abordados. El reclutamiento y las normas de admisión y de formación son detallados. Las necesidades materiales y la organización económica son descriptas. Desde el punto de vista de la vida interna de las comunidades, se constata el lugar del trabajo manual, y las clases de trabajos efectuados. También nos informan sobre la vestimenta, la alimentación, las condiciones de alojamiento, la higiene, los horarios de la jornada, la historia del culto, los rituales y los penitenciales. El lugar asignado a la formación, con el acceso a la cultura, es asimismo remarcable. El modelo social propuesto no se puede separar completamente de las obligaciones sociales de la época, en particular de todo lo que se refiere a las categorías sociales y al derecho de propiedad personal y colectiva en relación con la legislación romana o bárbara. Pero no por eso hay que olvidar las referencias al marco propiamente religioso. Por ejemplo, el modo de designación y la investidura del superior, la función de la regla, los consejos, los oficiales suponen un modelo jerárquico particular.

 


[1] Reproducimos parcialmente el artículo del P. Guillaume Jedrzejczak, ocso, Introducción a la Regla de san Benito, publicado en Cuadernos Monásticos n. 205 (2018), pp. 129 ss.

[2] J. BIARNE, Moines et rigoristes en Occident, capítulo 6, en Histoire du Christianisme, T. 2, editado por J.-M. MAYEUR, Ch. & L. PIETRI, A. VAUCHEZ, M. VENARD, Desclée 1995, pp. 747-768.

[3] J.-L. MOLINIER, Solitude et communion, fuite du monde et vie communautaire, 2 vols., Cerf 2014.

[4] A. DE VOGÜÉ, Les règles monastiques anciennes (400-700), Typologie des sources du M-A occidental, fascículo 46, Brepols 1985, 62 páginas.

[5] 1/ alrededor de 400: el Ordo Monasterii (Agustín, hacia 395), y Praeceptum (Agustín); la Regla de Basilio (397); la Regla de Pacomio (404); la Regla de los Cuatro Padres (Lérins, 400-410). 2/ hacia 425: Segunda regla de los Padres (Lérins, 427). 3/ alrededor de 500: Regla de Macario (Lérins, hacia 490), recensión breve de las reglas pacomianas (Italia). 4/ entre 515 y 542: Regla Oriental (Lérins, extractos de Pacomio, 515-520), Regla de Cesáreo para las vírgenes (512-534), Regla de Cesáreo para los monjes (534-542), Regla del Maestro (no lejos de Roma, antes de 530), Regla de Eugipo (Nápoles, 530-535), Tercera regla de los Padres (Clermont, 535), recensión Π de los Cuatro Padres (Italia del sur, 535-540). 5/ entre 530 et 560: Regla de san Benito (Montecasino), Regla de Aureliano para los monjes et regla de Aureliano para las vírgenes (Arles, 547-551). 6/ después de 550: Regula Tarnantensis (sur de la Galia), Regla de Ferréol (Uzès, 553-573), Regla de Pablo y Esteban (Italia central). 7/ entre 600 et 625: Regla de Columbano para los monjes (Luxeuil y Bobbio), primera parte de la Regula Coenobialis de Columbano (únicamente disciplinar, antes de 615), Regla de Isidoro (Sevilla, 615-618). 8/ mitad y fines del siglo VIIº: en España, Regla de Fructuoso (Braga, hacia 640), Regula communis (atribuida a Fructuoso de Braga, 665-680), Regla de Casiano (entorno de Fructuoso, a partir de los libros 1-4 de las Instituciones), Regula consensoria (España). En medio iro-franco: Regla de Walberto (para las monjas de Faremoutiers, 629-670), la Regula cuiusdam Patris (este de Francia), el fragmento Psallendo (norte de Francia), segunda parte de la Regula coenobialis de Columbano y los añadidos al texto largo.

[6] P. MARAVAL, Le christianisme de Constantin à la conquête arabe, capítulos 4 & 5, Un nouveau mode de vie: le monachisme, PUF 1997, pp. 249-296.