Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [64]

6.1. San Martín de Tours (+ 397)

El biógrafo de san Martín: Sulpicio Severo[1]

Para reconstruir la biografía de Sulpicio son fuentes de primera mano Genadio (+ 495/505) y varias cartas de Paulino de Nola (+ 431), quien fuera su amigo.

Sulpicio Severo nació en Aquitania hacia 360[2]; de su procedencia e importancia Genadio informa que «era un hombre distinguido por su nacimiento, por sus excelentes trabajos literarios, por su devoción a la pobreza y a la humildad, querido también por el santo hombre Martín, obispo de Tours, y por Paulino de Nola; escribió pequeños libros, que están lejos de ser despreciables»[3].

Su suegra Básula, miembro de una adinerada familia consular, según atestigua Paulino (ver Ep. 5,5), influyó no poco en la conversión de Sulpicio al ascetismo «martiniano», habiéndolo acercado al conocimiento del santo obispo, de quien luego Sulpicio se convertirá en el más celoso y genial propagandista, con la acción personal y sobre todo con su pluma afilada y sutil.

Después de su conversión a la vida monástica, inspirado en la personalidad del santo Martín, Sulpicio organizó una comunidad «martiniana» en su propiedad de Primuliacum (Prémillac, en Aquitania), localidad muy probablemente ubicada en el camino que unía Tolosa con Narbona, no muy lejos de esa vía, hacia el paso de Lauraguais. De la amistad que lo unía a Paulino de Nola da testimonio la correspondencia de este último, debiendo destacarse la larga Ep. 22 de Paulino, llena de poesía epigráfica y destinada a describir los edificios religiosos (baptisterio e iglesia) de Primuliacum.

Sulpicio Severo fue sin duda un representante típico de la aristocracia galo‑romana que, asistiendo a las escuelas de Burdeos, se formó con los profesores descritos por Ausonio (+ h. 395) en una serie de epigramas (libro V de sus poesías). Y más concretamente podemos considerarlo perteneciente a la minoría activa que en el Occidente latino de finales del siglo IV, se había convertido al evangelismo radical y exigente del ascetismo monástico, que cuestionaba fuertemente, por momentos hasta el anticlericalismo, a los obispos y al clero mundanos de la Iglesia galo‑romana, acusándolos de haberse instalado en el Imperio.

El éxito de las obras martinianas de Sulpicio contribuyó ciertamente a consolidar la fama religiosa de San Martín, del cual los ascetas de la Galia y de Italia harán, a partir de fines del siglo IV, su modelo y, en cierta medida, su estandarte.

Por las Epístolas 5,5 y 11,1 de Paulino de Nola sabemos que Sulpicio habría sido un abogado de talento oratorio notable. Ambos amigos se encontraron en el activo centro intelectual del sudoeste de la Galia que era la universidad de Burdeos. En su momento cada uno contrajo matrimonio; poseían fortunas considerables, particularmente Paulino (Sulpicio por su parte gozará del beneficio de la dote de su esposa).

El primero en recomendar a Sulpicio que dirigiese su atención hacia Martín parece haber sido Paulino. Movido por el ejemplo de desprendimiento de éste[4], Sulpicio emprendió una peregrinación hasta Tours, según leemos en la Vita Martini: «Hacía ya tiempo que habíamos oído hablar de la fe, de la vida y de la virtud de Martín, y deseábamos vivamente conocerlo, por lo cual emprendimos gustosos una peregrinación para verlo»[5].

Muerta su esposa, Sulpicio se orientó definitivamente hacia la decisión de desprenderse de sus bienes, para lo cual encontró una aliada comprensiva e incondicional en su suegra Básula que era una ferviente admiradora de Martín[6]. Aunque a ella le cupo una influencia fundamental en la conversión de Sulpicio, es posible que ya antes los cónyuges hubiesen optado por una vida de continencia matrimonial y pobreza (ver Paulino, Ep. 5,5). La muerte de la esposa no hizo más que confirmar y radicalizar en Sulpicio una opción anterior. Recibió el bautismo quizá hacia 389, y pronto haría su primer retiro en Elesum (Elsone, cerca de Tolosa).

Viudo Sulpicio, a la vez que fue alejándose de su propio padre, creció en la relación con su suegra, quien, dándose cuenta del talento literario de su hijo político, lo animó a escribir la vida del famoso obispo Martín, poniendo a su disposición un equipo de esclavos taquígrafos que le ayudasen en la tarea.

Podemos ubicar la conversión de Sulpicio Severo al ascetismo[7] entre los años 393 y 397. También durante este período realizó varios viajes a Tours y a otros lugares que habían sido escenario de los milagros de San Martín. Instado por Desiderio y particularmente por Básula, Sulpicio escribió en este tiempo la Vita Martini, su primera obra dedicada a la «nueva vida» que había abrazado. Esta Vita, redactada por un recién convertido a la vida monástica, es la obra ingeniosa de un abogado, hombre de letras, que busca así un medio para manifestar el ardor e incluso hasta una cierta intransigencia de su reciente conversión.

El retiro de Sulpicio a Primuliacum puede situarse entre 394 y 399, siendo probable que éste fuera el lugar de composición de la Vita Martini, luego de haber renunciado a la herencia paterna y haberse desprendido de los bienes provenientes de la dote de su esposa. Paulino de Nola en su Ep. 5,19 del año 396, saluda a Sulpicio y a su suegra Básula, quienes ya estaban viviendo juntos en la misma propiedad. Pocos años después (en 403) les enviará una reliquia de la Santa Cruz que él mismo había recibido por medio de Melania la Anciana (ver Ep. 31,3).

La publicación de los Diálogos entre los años 403 y 404 (siete años después de la Vita Martini) nos muestra a Sulpicio ya definitivamente instalado en Primuliacum. Hasta allí lo habían acompañado sus sirvientes, algunos de los cuales se convirtieron en sus discípulos, y también convivían en ese curioso cenobio varios pueri familiares junto con los taquígrafos especializados.

La vida de la comunidad «martiniana» de Primuliacum no era demasiado severa. Su clausura no era estricta, las relaciones con el exterior eran abundantes, se toleraban algunas mundanidades, y no parece que existiera una regla de vida, ni un horario regular ni vida litúrgica en común. Estamos, pues, ante una forma de vida «semieremítica» semejante a la practicada en Marmoutier[8].

La comunidad de Sulpicio, de la cual era el dominus que hacía las veces de abad para todos, estaba unida por el lazo común del culto a la memoria de Martín y una veneración sincera por sus discípulos más directos. En Primuliacum estaban depositados los restos del presbítero Claro, fiel discípulo de Martín, del cual Sulpicio había obtenido la custodia de su cuerpo. Igualmente, una efigie de Martín (junto a otra de Paulino) estaba colocada en el baptisterio, situado entre las dos basílicas. Sulpicio, que vivía solo en su celda, recibía en ella las visitas periódicas de los monjes que habitaban en su entorno.

Estos detalles explican que la producción literaria de Sulpicio estuviera encaminada fundamentalmente a la defensa y divulgación de la santidad del obispo de Tours. La Vita Martini, de hecho, obtuvo una rápida difusión gracias al fuerte apoyo de Paulino de Nola, que la hizo llegar a manos de Melania la Anciana (+ h. 410) y otros amigos de su autor. Fue muy bien recibida en los ambientes ascéticos de Occidente que, a diferencia de lo sucedido en Oriente, estaban lejos de ser mayoritariamente de corte popular.

No tenemos noticias sobre Sulpicio posteriores al 404; probablemente la última carta que Paulino le dirigió pertenezca a esta fecha. En 406 la Galia sufrió la invasión bárbara que la asoló a todo lo largo de su territorio. Primuliacum seguramente fue devastado[9], e idéntica suerte corrieron Marmoutier, Ligugé y otros centros de vida cristiana. No se sabe si Sulpicio sobrevivió a la tragedia de la invasión.

Según Genadio, habría terminado su vida como sacerdote, aunque sus contemporáneos lo presentan como seglar; contaminado por la herejía pelagiana, habría pasado los últimos años de su vejez reducido al silencio[10], consagrado a la penitencia para expiar el apoyo dado a los priscilianistas[11]. Esta última noticia, imposible de controlar, es puesta en duda por los historiadores y parece legendaria[12].

Probablemente falleció entre 420 y 425.

 

Obras (PL 20)

Lo esencial de la obra literaria de Sulpicio Severo consiste en un tríptico dedicado a Martín, abundantemente copiado y difundido en la Edad Media, bajo la denominación (no muy antigua) de Martinellus (el pequeño Martín). Esa trilogía comprende la Vita Martini (escrita entre 394 y 397, terminada antes de la muerte de Martín); tres Epístolas dedicadas a completar la Vita Martini, por lo que deben considerarse un apéndice de ésta (fueron compuestas entre los años 397 y 398); dos (o tres) libros de Diálogos (Dialogorum libri), escritos hacia 404, que se presentan a modo de dossier anexo a la Vita Martini

A estas tres obras deben sumarse las Crónicas en dos libros (Chronicorum libri II), terminadas probablemente en 403.

La lengua y el estilo de Sulpicio son de corte clásico, siendo notable la imitación de Salustio y Tácito en el recurso a la elipsis y la concisión. Suele inclinarse más a las citas literarias y bíblicas que a la retórica ampulosa. Sin duda, Sulpicio poseía dotes de brillante narrador, que sabía combinar con habilidad elementos como los detalles, la viveza y el humor, sin desdeñar las faltas de sintaxis intencionadas para acentuar el color local de los episodios. De hecho, la Vita y los Dialogi fueron dos éxitos literarios, buena prueba de la calidad de Sulpicio como escritor genuino y literato refinado, condescendiente con los gustos del público.

 

A. Vida de San Martín (Vita Martini Turonensis [=VM])

En el Occidente latino, es una obra «máxima» en el doble aspecto de la calidad literaria y de la biografía ascética. Constituye un manifiesto brillante del más antiguo monacato latino a través de los hechos y las gestas de un monje obispo, taumaturgo y evangelizador, maestro espiritual y confesor de la fe.

El texto latino de la Vita Martini ha sido editado por C. Halm en CSEL 1 (1866), pp. 107‑137, y más recientemente por J. Fontaine en SCh 133 (1967). Existe trad. castellana de C. Codoñer en Sulpicio Severo. Obras completas, Madrid, Ed. Tecnos, 1987, pp. 137‑171 (Clásicos del Pensamiento, 33).

 

B. Diálogos (Dialogorum libri II)

Los Diálogos pretenden demostrar que Martín iguala, si no supera, a los más prestigiosos ascetas de Egipto; revelan un fuerte influjo ciceroniano. Transcriben la conversación de dos días entre Postumiano, que acaba de regresar de Oriente y dialoga con dos amigos suyos sobre los monjes orientales (libro primero); hace lo mismo con  Galo, que procede de la región del  Loira, para contar nuevos hechos maravillosos de Martín (libro segundo). La influencia literaria de la vida de los Padres del desierto (particularmente Antonio) es notable. Los monjes origenistas y el mismo Jerónimo son usados como paradigma para vilipendiar la actitud autoritaria y antimonástica de un cierto clero enemigo del héroe Martín.

El texto latino ha sido editado por C. Halm en CSEL 1 (1866), pp. 152‑216. Hay trad. castellana de C. Codoñer, op. cit., pp. 191‑261.

 

C. Epístolas (Epistulae III)

Las Epístolas auténticas que se conservan completan la Vita Martini, de la que en cierto modo forman parte. Las tres están dirigidas al círculo de fervorosos convertidos procedentes de la aristocracia y adheridos al ideal ascético, admiradores de Martín y relacionados con Desiderio (el destinatario de la Vita Martini). Son cartas personales para ser difundidas como epístolas abiertas; y en ellas se hace una exhortación que puede ser beneficiosa para todo lector que quiera abrazar la vida ascética siguiendo el ejemplo del obispo y monje Martín.

La primera epístola (dirigida al presbítero Eusebio) es una apología, de tono polémico, que también incluye una narración o relato. La segunda (dirigida al diácono Aurelio), la más cuidada de las tres en su composición y estilo, es una epístola consolatoria y un panegírico; puede considerársela como oración fúnebre por Martín y carta de canonización (es el centro del gran apéndice a la Vita Martini). La tercera (dirigida a Básula), más desarrollada y desenvuelta en su estructuración, está destinada a satisfacer la curiosidad de la admiradora del santo varón; contiene una descripción de la muerte y de las exequias del santo obispo.

El texto latino de las Epístolas ha dido editado por C. Halm en CSEL 1 (1866), pp. 138‑151, y por J. Fontaine en SCh 133 (1967), pp. 316‑344. Existen traducciones castellanas de C. Codoñer, ob. cit., pp. 175‑188; y de P. Saenz, en op. cit., pp. 25‑35.

 

D. Las «Crónicas» (Chronicorum libri II)

Obra de objetivo ambicioso que pretende ser una historia sagrada que abarca desde la creación del mundo hasta el consulado de Estilicón (¿año 404?), y ofrece un marco de carácter universal a su exaltación del ascetismo «martiniano», pero desde una perspectiva galo‑romana (el segundo libro, por ejemplo, está destinado a la cuestión de las herejías arriana y priscilianista en la Galia).

La historia de Cristo y los Apóstoles es omitida, debido a que su grandeza se opone a un resumen digno. En algunos lugares la obra presenta dependencias de la Crónica de Eusebio de Cesarea (+ h. 339-340), de Tácito, y algunas noticias suministradas por Paulino de Nola. Intenta poseer cierto carácter crítico e histórico.

El texto latino publicado por C. Halm puede verse en CSEL 1 (1866), pp. 1‑105. Hay trad. castellana de C. Codoñer, op. cit., pp. 3‑133.

 


[1] Dizionario Patristico e di Antichità Cristiane, Casale Monferrato-Genova, 2,3333‑3336 (J. FONTAINE) [trad. castellana: Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana, Salamanca, 1991-1992]; CARMEN CODOÑER, Sulpicio Severo. Obras completas, Madrid, 1987, pp. IX-LVI (Clásicos del Pensamiento, 33); J. FONTAINE, Purété et mélange: Le racisme spirituel de Sulpice Sévère en Mémorial D. J. Gribomont (1920-1986), Roma, 1988, pp. 233‑251 (Studia Ephemeridis "Augustinianum", 27); J. FONTAINE, Introducción a la Vita Martini en Sources Chrétiennes (= SCh) 133 (1967), pp. 17‑58; CLARE STANCLIFFE, St. Martin and his Hagiographer. History and Miracles in Sulpicius Severus, Oxford, 1983, pp. 2-107 (Oxford Historical Monographs).

[2] C. CODOÑER, op. cit., p. X, propone como año de nacimiento en torno a 363, y remite a la Ep. 5,5 de Paulino.

[3] De viris illustribus 19; ed. C. A. Bernoulli, Frankfurt, 1968 (reimp. de la ed. de Freiburg i. B. und Leipzig, 1895), p. 69. Genadio escribió esta obra hacia 470.

[4] «Hay que recordar que Paulino, en un primer momento, junto a su mujer Terasia, se retira a la zona Noreste de Hispania para pasar posteriormente, en una renuncia total, a Nola donde se entrega por completo al culto de Félix de Nola siendo elegido después obispo. El paralelismo con Sulpicio, aunque no es total, es asombroso»; C. Codoñer, op. cit., p. XI.

[5] 25,1.

[6] La influencia recíproca entre Sulpicio y su suegra está atestiguada en las Eps. 5 y 31 de Paulino, y sobre todo destaca en la Ep. 3 de Sulpicio dirigida a su suegra.

[7] Algunos textos del monacato emplean el término «conversión», para indicar la entrada en la vida monástica.

[8] C. CODOÑER, op. cit., p. XIII, afirma al respecto: «El ambiente de Primuliacum es un ambiente culto, donde a unas apariencias externas en el vestir y comer se superponen reuniones en las que se discute refinadamente sobre cuestiones del momento, se cuenta con la paciencia de copistas encargados de transcribir las obras de Sulpicio; un lugar, en fin, donde los servidores se transforman en discípulos. Todo ello se filtra, como una sensación, en la lectura de los Diálogos y en parte también transpira en las cartas de Sulpicio Severo».

[9] JERÓNIMO, Ep. 123,15: «... las provincias de Aquitania y de los nueve pueblos, la lugdunense y la narbonense, fuera de unas pocas ciudades, han quedado asoladas»; trad. de Daniel Ruiz Bueno (con texto latino) en Cartas de San Jerónimo, t. II, Madrid, 1962, p. 572-573 (BAC 220). La carta, dirigida a Geruquia, fue escrita en el año 409.

[10] «Engañado en su ancianidad por los pelagianos, y reconociendo la falta en la que había caído por hablar mucho, Severo guardó silencio por el resto de sus días...»; De viris illustribus, 19; ed. cit., p. 69.

[11] Corriente rigorista-ascética extendida en España en el siglo V, y que se enfrentó a la Iglesia oficial; doctrinalmente mezclaba elementos del gnosticismo y del maniqueísmo. Fue iniciada por Prisciliano de Ávila (+ 385/386) y condenada por el concilio de Zaragoza celebrado en el año 380. La historia de Prisciliano y el contenido de su doctrina ha podido reconstruirse, en su parte externa, gracias a las noticias suministradas por Sulpicio Severo en su Crónica (II,46-51); en su parte doctrinal por las obras atribuidas a Prisciliano, descubiertas en 1885 (CSEL 18 [1885]). Para mayores detalles véase el excelente artículo de H. CHADWICK en Dictionaire de Spiritualité, Paris, t. XII, 2ª parte, 1986, cols. 2353-2369 (bib.), y las noticias que ofrecemos al referirnos a «España» y a Prisciliano en la «Lista complementaria de personas y obras de España».

[12] «Es claro que Prisciliano, tanto como Martín de Tours, y en consecuencia Sulpicio Severo, pertenecen a la tendencia que dentro de la historia de la Iglesia puede considerarse rigorista-ascética, que ve con malos ojos la participación de las autoridades eclesiásticas en cuestiones de tipo material; que también Martín de Tours ha sido mal visto por otros obispos del momento a consecuencia de su inflexibilidad de criterios. El punto en que Prisciliano se aleja de la ortodoxia es resultado de una extralimitación en los presupuestos de que parte la oposición a la corriente oficial de la Iglesia. No es raro, pues, encontrar coincidencias entre ambos personajes, lo cual no implica participación en puntos concretos doctrinales. La enorme repercusión que después de la muerte de Prisciliano tuvo su doctrina en la zona Noroeste de Hispania, supone el arraigo de aspiraciones de limpieza y exigencia en las masas populares frente a la Iglesia estatuida, aspiraciones que Sulpicio Severo expone explícitamente en muchos pasajes de sus obras y a las que no priva de valor el apasionamiento con que son enunciadas»; C. CODOÑER, op. cit., pp. XXI-XXII.