Inicio » Content » INTRODUCCIÓN A LA LECTURA DE LOS TEXTOS DEL MONACATO CRISTIANO PRIMITIVO (siglos IV-VI) [77]

6.3. Los Padres del Jura

Vida de los Padres del Jura[1]

Prólogo

1. El amigo bueno y extraño del Evangelio (cf. Lc 11,5-9), al indicar, aunque en lenguaje misterioso, que su piedad no debe ser negada a los hombres, enseña que al que pide a media noche los panes de la Trinidad, si los pide pertinazmente, no se le deben negar esos panes y consiente, rotos los lazos de su obstinación, que se abra, a través de la puerta de su misericordia, ese misterio profundo e insondable. Esto, si bien tiene su principal aplicación, como acabo de decir, en el misterio sagrado, inefable y divino, tiene también aplicación rentable en nuestras sucias pequeñeces, incluso tomado al pie de la letra.

Por ello ustedes, mis piadosos hermanos Juan y Armentario[2], que cariñosamente apremian ambos con fuerza a este su amigo, si tardo en abrirles el claustro de mi boca y de mi corazón, proclaman que estoy marcado con un nuevo tipo de avaricia pertinaz, y que no pueden comer conmigo el alimento, porque así lo dijo el Apóstol (cf. 1 Co 5,11).

2. En consecuencia, superando la vergüenza de mi ignorancia, les regalaré en un triple relato, como símbolo de los panes citados, la vida de tres Abades del Jura, a saber, la de los padres Román, Lupicino y Eugendo. Y es que la forma de vida de ustedes es la vida contemplativa de aquellos: en efecto, el primero de ustedes siguiendo al antiguo Juan, se recuesta y participa de la tumba de san Mauricio, el guía de la legión de mártires de Tebas, como aquel ilustre apóstol y confidente místico de Cristo se recostó sobre el costado salutífero del Autor (cf. Jn 13,23; 21,20); el otro, a la manera de la paloma del arca flotante, mientras está encerrado allí en el monasterio, es más, en el claustro de una celda individual, desprecia los torbellinos del mundo, a pesar de ser golpeado por ellos. Uno y otro, sin embargo, son incapaces en absoluto de entregarse con seguridad a esos ejercicios contemplativos sin un alimento espiritual.

3. Así pues, aunque su Acuano[3] no, tanto por su primitivo significado etimológico en la lengua de los galos, como por su actual función de sostenedor de una Iglesia[4], en el auténtico sentido simbólico de Pedro (cf. Mt 16,18), es claramente reconocible como una piedra, sin embargo, habita su calidad que, entre las selvas de pinos y de abetos de los montes del Jura, esa misma piedra se encuentra en campos de selva con el significado simbólico que dio a estas palabras el salmista (cf. Sal 131 [132],6), ya que esa piedra ahora, quitándole ya el significado simbólico, está siendo pisada por otros santos monjes con la estabilidad propia de quienes siguen los pasos de otros.

Y, aunque la escasez de mi palabra no enturbia la amplitud de las virtudes, yo les pido sin embargo que me concedan la confianza de su caridad, de forma que, si bien es cierto que las vidas gloriosas y dignas de venerables abades no pueden ser quizás contadas, como ellas se merecen, por un inexperto, sin embargo, no puedan, puesto que esas vidas brillan mucho por sí mismas, ser ensuciadas con la torpeza de mi boca.

(I.1.) Vida del abad san Román

[Retiro de Román]

4. Así pues, voy a procurar recoger fielmente en el nombre de Cristo los hechos, vida y regla de los citados venerables padres del Jura, de acuerdo con lo que yo mismo vi allí o con lo que he oído de los ancianos. Y, en primer lugar, propondré, como modelo a invitar para la vida religiosa de ustedes y para el ejército de monjes, la vida de San Román, porta estandarte auténtico de la milicia del Señor. Pues bien, de este Román que recibió, el primero de los tres y desde el primer momento, se sabe, que nacido de buena familia -al menos eso se deduce de los descendientes de la misma-, era oriundo de la Galia de los Sequanos[5].

5. Antes de él, ningún otro monje en esta provincia llevó, en profesión religiosa, vida monástica, ni en solitario, ni en observancia compartida.

En efecto, siendo ciertamente no muy instruido en un primer momento en letras, pero sí sobresaliendo, lo cual es mucho más importante, por el don de la sinceridad y por la virtud de la caridad, de manera que no se dejó llevar ni de la lascivia de los muchachos en la niñez, ni de los placeres mundanos o del lazo conyugal en el vigor de la juventud, a los treinta y cinco años de edad, atraído por las soledades del desierto, dejando a su madre, a su hermana y a su hermano, entró en la selva del Jura cercanas a su casa.

 

[El lugar del retiro]

6. Recorriendo rincón por rincón estas selvas apropiadas y aptas para la profesión monástica, encontró al fin en un extremo, en los valles rodeados de montaña, un lugar propicio para el cultivo; es un lugar que, allí es donde termina la naturaleza escarpada de los tres picos que están a uno y otro lado[6], se extiende poco a poco en forma de llanura. Se extiende poco a poco en forma de llanura. Puesto que en aquel lugar confluyen las corrientes de dos ríos, después, al sitio donde se unen las dos corrientes, el pueblo le dio el nombre de Condalisco[7].

7. Y cuando el nuevo huésped del lugar buscaba el sitio oportuno para hacer la casa, encontró, en la parte oriental, al pie del monte rocoso, un tupido abeto, con sus ramas erguidas en forma de círculos; este abeto, extendido en abierta cabellera, de la misma forma que la palmera le dio cobijo en otro tiempo a Pablo[8], se lo da ahora al discípulo. Alrededor de la copa de este árbol una fuente con agua corriente ofrecía unos muy frescos afluentes de agua; todavía hoy desde esa fuente se suministra, a través de canales de madera que llevan al monasterio, agua corriente, que es una especie de prenda que Román dejó a sus prendas[9].

8. Pues bien, según ya dijimos, el citado árbol, como si realmente aumentara su fronda para que el monje la disfrutara, le proporcionaba un continuo techo verde que le protegía del calor de los veranos y del frío de los inviernos. Había además otros arbustos silvestres, que les suministraban pequeños frutos, ácidos quizás para los exquisitos, pero dulces para él, que no tenía pretensiones. El propio lugar que seguía tras la confluencia de los ríos, en el momento en el que el santo llegó allí, estaba no poco lejos de zonas habitadas, ya que eran muy pocos los que allí se asentaban: y es que los cultivos lejanos que abundaban en la llanura habían impedido que los hombres se acercaron a él a causa de que en medio todo era selva.

9. Por otro lado, si alguien, con temeraria audacia, se atrevía a atajar el camino atravesando por la propia selva intransitable para dirigirse hacia el territorio de Equestre[10], apenas podía, incluso siendo fuerte y marchando sin carga, hacer ese camino en un día largo de verano a causa de la espesura del bosque Y de la acumulación de ramas caídas, teniendo además que atravesar escarpados picos donde habitan los ciervos y ásperos valles donde lo hacen los gamos. Y es que el trecho de esta sierra por su parte derecha y, sin duda, por la izquierda, marchando en concreto desde la orilla del Rin, o sea desde donde sopla el aquilón[11] hasta el territorio de la aldea de Nimes, es un trecho en el que nadie puede penetrar por su longitud y por la dificultad de la inaccesibilidad del lugar.

 


[1] Vita vel Regula Sanctorum Patrum Romani, Lupicini et Eugendi Monasteriorum Iurensim Abbatum (= VPJ), edición crítica y traducción de Eustaquio Sánchez Lalor; Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2014, pp. 2 ss. (Col. Nueva Roma. Bibliotheca Graeca et Latina Aevi Posterioris, 40). Reproduzco, con algunas variantes, esta versión y sus notas más importantes. Cf. Vie des Pères du Jura. Introduction, texte critique, lexique, traduction et notes para François Martine, Paris, Eds. du Cerf, 1968 (Sources Chrétiennes 142), citado en adelante SCh 142.

[2] Monjes del Monasterio de Acauno, actual Saint-Moritz. Es posible que Juan fuera custodio de la tumba de san Mauricio; en tanto que Armentario habría sido un recluso viviendo en el recinto del Monasterio (cf. SCh 142, pp. 238-239, nota 3 y 5)

[3] Montaña en que se situaba el Monasterio en que habían profesado los destinatarios de la obra: Juan y Armentario. La raíz ac en muchas lenguas indoeuropeas tiene el sentido de roca, cima o algo similar.

[4] Ecclesia habitualmente no designa en la VPJ un edificio, sino las Iglesia locales episcopales y también monásticas (SCh 142, p. 240, nota 2).

[5] La Franche-Comté.

[6] Serían el Bayard, la montaña de Avignon y el macizo de Chabot.

[7] Este topónimo hace referencia a las características físicas del lugar. Condate, en celta, significa confluyente.

[8] Se trata de san Pablo, primer ermitaño, según san Jerónimo, Vida de Pablo, 5.1: “… Pablo descubrió una montaña rocosa, en cuya base había una gran cueva cerrada con una piedra. La corrió y, como los hombres tienen una natural curiosidad por conocer las cosas ocultas, encontró en el interior un amplio vestíbulo, abierto hacia el cielo, y una vieja palmera con muchas ramas entrecruzadas, que señalaban una fuente cristalina. Su torrente apenas salido de la vertiente, después de un breve recorrido, era absorbido nuevamente por la tierra que lo producía”.

[9] El anónimo Autor de las Vidas utiliza aquí un juego de palabras, muy típico del latín de la época: el agua corriente es una “prenda”, un regalo, que Román dejó a los monjes, que son sus “prendas”.

[10] La capital del territorio Equestre era Noviodunum, hoy Nion, a orillas del lago Leman.

[11] Desde el norte.